03 de junio de 2014
03.06.2014

A Coruña acogió uno de los gestos más audaces del Rey

Don Juan Carlos presidió en 1976 en María Pita el consejo de ministros que amnistió a los presos políticos de Franco, la medida más difícil con la posterior legalización del PCE para dar credibilidad a la Transición

03.06.2014 | 01:29

El primer acto político que simbolizó la ruptura del rey Juan Carlos de Borbón con un Francisco Franco que le había nombrado en 1969 su sucesor en la Jefatura del Estado, se escenificó en A Coruña en el verano de 1976, unos meses después de la muerte del dictador. Don Juan Carlos había sido coronado el 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de Franco, pero su aceptación por el espectro político antifranquista aún estaba en el aire. Fundamentalmente por dos razones: porque los presos políticos seguían aún en las cárceles y porque su padre, don Juan, conde de Barcelona y jefe de la Casa Real Española, que se había opuesto a Franco, no había abdicado aún a favor de su hijo Juan Carlos. Lo que no ocurriría hasta mayo de 1977, un mes antes de las primeras elecciones democráticas.

1976 fue un año vertiginoso en el que se sentaron a uña de caballo los cimientos para la transición democrática en España. Una de las medidas entonces más polémicas pero que resultaría finalmente decisiva para la consolidación democrática fue el nombramiento de Adolfo Suárez, un político aperturista reciclado del propio Régimen, como presidente del Gobierno el 3 de julio de ese año. Apenas 27 días después, Adolfo Suárez celebraba su primer Consejo de Ministros, presidido por el Rey, en el salón dorado del palacio municipal de María Pita. No fue una reunión ministerial cualquiera. La vetusta sede del Ayuntamiento coruñés acogió una decisión histórica, la aprobación de la amnistía que sacaba a la calle a los centenares de presos políticos del franquismo que permanecían en las cárceles españolas, que haría ganar credibilidad al proceso democratizador iniciado en España.

El decreto rubricado el 30 de julio de 1976 en el salón dorado del Ayuntamiento coruñés dejaba en libertad a los últimos quinientos presos políticos y desbloqueó el proceso democrático, al convencer a buena parte de los líderes opositores de que la reforma del franquismo desde dentro iba en serio.

Nunca hubo una explicación clara de por qué se eligió A Coruña para una decisión gubernamental de tanto calado. Quizás pesara la inercia histórica de que A Coruña fuese durante décadas la capital política veraniega por las vacaciones de Franco en Meirás, que atraía cada agosto a un desfile de ministros y altos cargos. José Manuel Liaño Flores, entonces alcalde de la ciudad coruñesa, ha comentado que la razón pudo ser sencillamente que "el Rey se encontraba esos días de recorrido por Galicia". Don Juan Carlos inauguró por aquellas fechas la avenida del Ejército y la Escuela de Arquitectura en A Coruña en olor de multitud.

De ese decreto histórico queda una placa conmemorativa en el palacio municipal de María Pita, así como la firma de Suárez y todos sus ministros en el libro de oro del Ayuntamiento coruñés. Entre los ministros asistentes al consejo figuraban nombres que capitalizarían en 1977 el posterior éxito electoral de UCD, como Rodolfo Martín Villa, Leopoldo Calvo Sotelo, Fernando Abril Martorell o Marcelino Oreja.

El entonces ministro de Justicia, Landelino Lavilla, declararía al término del consejo en María Pita que la amnistía aprobada estaba encaminada demostraba "una efectiva voluntad de concordia encaminada a lograr un sistema político estable para todos los españoles".

La medida aprobada por el Rey en A Coruña tuvo un enorme eco favorable internacional, aunque provocó también reacciones adversas en sectores políticos afines al Régimen anterior y en ámbitos militares. Fue sin duda una de las medidas más audaces y delicadas de la transición democrática, junto con la legalización del Partido Comunista. Este cónclave ministerial celebrado en el verano de 1976 en A Coruña sería por otra parte el comienzo de una estrecha y fructífera relación entre dos hombres que protagonizarían en esos años iniciáticos y difíciles el arduo viaje de la dictadura a la democracia en España. Esa química comenzaría a desvanecerse en los años 80, para acabar en un agrio distanciamiento. Curiosamente, la muerte de Suárez y la abdicación del Rey, la pareja que trajo la democracia, se ha producido en el mismo año.

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