24 de agosto de 2014
24.08.2014

El expolio histórico de Meirás

24.08.2014 | 01:29
Tarjeta de visita de Emilia Pardo Bazán, en su despacho del pazo de Meirás.

"Junio de 1938. Un coche negro avanza por el camino que lleva al pazo de Meirás. Dos de sus ocupantes son militares de uniforme: un cabo y un capitán. Detrás va la Señora (Carmen Polo, esposa de Franco), que pronto será la dueña y ha querido hacer una visita privada a su nueva posesión lejos del protocolo. Junto a ella, un clérigo con las manos cruzadas...".

Con este aire de suspense novelístico arranca la última biografía de la coruñesa Emilia Pardo Bazán (La luz en la batalla, Editorial Lumen, 680 páginas) publicada por la investigadora Eva Acosta, que la crítica nacional ha saludado como la obra definitiva sobre una de las figuras más importantes del XIX y principios del XX español.

Acosta decidió comenzar su exhaustivo estudio sobre Pardo Bazán -al que dedicó diez años de investigación- con un revelador capítulo sobre el Pazo de Meirás sin sospechar que la publicación de la obra, en 2007, coincidiría con una gran polémica mediática y política sobre la titularidad de la histórica propiedad.

"Hace años -continúa el texto sobre la irrupción de la mujer de Franco al pazo en 1938- Carmen Polo había leído en una revista que la Pardo Bazán tenía su estudio en la torre de levante del pazo de Meirás, la más alta, desde cuyas ventanas admiraba el paisaje de las Mariñas. Allá se dirige ahora con su escolta mientras establece en ojeadas certeras el inventario de cuanto encuentra a su paso. (...) La Señora (Carmen Polo) abre uno por uno los cajones: más papeles. Manuscritos, apuntes, todos atados con cinta azul. Apenas ojeados los títulos los deja otra vez en su sitio. Cartas, muchas cartas, remitidas algunas por gente que la Señora no conoce, otras por nombres como Benito Pérez Galdós, Marcelino Menéndez Pelayo, José Lázaro Galdiano, Francisco Giner de los Ríos, Vicente Blasco Ibáñez, Leopoldo Alas,... Paquetes de hojas tituladas Diario, Diario de viaje... Sin alterar el rostro comienza a leer; seleccionar una frase aquí, otra allá, con la misma atención calculadora que antes dirigió a los muebles. (...) De pronto restalla como un latigazo la voz seca de la Señora, que se ha levantado, un poco pálida y, poniéndose los guantes, camina ya hacia la puerta:

-García, quema los papeles que hay en los cajones. Todos".

Eva Acosta recrea en este revelador pasaje el "auto de fe" ejecutado por la mujer de Franco con la memoria de Emilia Pardo Bazán, con el que fue destruida de paso buena parte de la intrahistoria del siglo XIX y parte del XX de nuestro país, celosamente guardada en el pazo coruñés.

La investigación de Acosta se basa fundamentalmente en una conversación desvelada en 1988 -tres años antes de su muerte- por Ricardo Gullón (gran especialista en Galdós, académico y premio Príncipe de Asturias), que habría sido informado de lo sucedido en el pazo en 1938 por el mismísimo capitán que acompañaba a Carmen Polo durante la quema de los documentos.

"No sé si alguien logrará alguna vez documentar la destrucción de este emblemático archivo. Lo que sí es cierto es que Ricardo Gullón lo dejó por escrito en 1988, con lo cual, palabra de Dios. Él lo expresaba exactamente con la frase 'auto de fe'. Es estremecedor", afirma Eva Acosta. "La publicación de la biografía coincidió con todo el lío de la propiedad del pazo, qué casualidad. Me parecía una escena significativa del destino final de la familia de Emilia Pardo Bazán", añade la historiadora.

Eva Acosta investigó también en la Academia Galega. "Allí falta justo la franja digamos de documentación personal, todo el epistolario. Hay documentos sobre administración del pazo y cosas de ese estilo, incluso documentos de Cavalcanti y cartas familiares de José Quiroga, el marido, pero justamente lo que debería ser el gran archivo de Emilia Pardo Bazán está ausente", señala.

El texto sobre el expolio llevado a cabo en el pazo en junio de 1938 da a entender que Carmen Polo se comportó como dueña del pazo meses antes de que le fuera donado, en diciembre de ese mismo año.

"Hay un acuerdo previo a la parafernalia de la entrega -afirma Eva Acosta-. Había interés por congraciarse con el ganador, dado que Coruña tuvo un gran énfasis republicano. A lo mejor para evitarse represalias posteriores. Meses antes de que aquello estuviera oficialmente entregado a Franco, Carmen Polo estuvo en Meirás con su hermana y su niña. Aparte, el pazo había tenido otro posible fin, porque Blanca, la hija mayor de doña Emilia, pretendía dejárselo a los jesuitas. Posiblemente ya había una idea del círculo de Franco de que querían quedarse con el pazo".

La biógrafa de Pardo Bazán opina que los Franco perdieron la oportunidad de congraciarse con A Coruña devolviendo el pazo de Meirás, que es usado últimamente como escaparate de exclusivas a la prensa rosa.

"Habida cuenta de las circunstancias en las que la familia Franco adquirió el pazo de Meirás, quedaría muy elegante por su parte tener un rasgo olímpico de decir, ahora soy yo quien da el paso y lo cedo airosamente a la ciudad de A Coruña".

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