08 de enero de 2017
08.01.2017

El Ártabro HC, un nacimiento difícil

Superados los primeros obstáculos, que no fueron pocos, las ártabras mostraron una afición irreprimible al hockey hierba y al cabo de dos meses de entrenamiento parecía que llevaban un año practicando

08.01.2017 | 01:42
Una partida de hockey hierba en A Coruña, en los años de la República.

"Bastantes años antes de fundarse el Ártabro Hockey Club había yo concebido la idea de introducir en La Coruña la práctica del hockey, singularmente el femenino. Me parecía que, mientras en todos los países y hasta en las grandes ciudades españolas la mujer se incorporaba con entusiasmo a la gran corriente deportiva moderna, en La Coruña el sexo bello permanecía prácticamente alejado de los deportes, ya que su intervención en el tenis era muy reducida. Se me ocurría que el hockey era el deporte ideal para crear mujeres sanas y fuertes y el más apropiado para excitar su entusiasmo... y su vanidad, que con todo hay que contar. Pero ni me tomé siquiera la relativa molestia de proponerlo particular o públicamente. Seguro que fracasaría".

En cierto modo, no se equivocaba el periodista José Luis Bugallal Marchesi, que vio cómo las viguesas tomaban la delantera. En noviembre de 1932, leyendo la prensa de Vigo, se enteró de que las muchachas de Vigo, "habían decidido consagrar al hockey sus ratos de ocio" y ya habían tenido los primeros entrenamientos en Balaídos.

"La ocasión era única", y Bugallal la aprovechó para desde su sección deportiva de El Ideal Gallego, brindar el ejemplo de las viguesas. Insistió días después en vano. Pero recibió una carta de un tal D. Wynne, un alto empleado del Banco Anglo Sudamericano que había sido jugador de hockey y se ofrecía a formar a las chicas en este deporte de forma desinteresada. Mala suerte, no había "materia prima".

Al año siguiente, en abril de 1933, se disputaba en Vigo un partido de fútbol entre España y Portugal. Ya que estaba allí, Bugallal (Marathón) decidió entrevistarse con María Antonia Sanjurjo, presidenta del Atlántida Hockey Club. El Ideal Gallego se hizo eco de la conversación, que "tuvo ¡al fin! la virtud de excitar la curiosidad de algunas muchachas coruñesas".

Ahora había que convencer a las chicas. Arcadio Vilela, "propulsor decidido de cualquier manifestación deportiva", se encargó del reclutamiento. "Y justo es decir que lo logró con el más inesperado éxito", relata Bugallal en el Historial del Ártabro Hockey Club, un cuaderno manuscrito que guarda el Archivo Municipal y constituye el único testimonio sobre el origen del hockey femenino en A Coruña.

El 11 de abril fue la primera reunión. Fueron unas treinta chicas, y se nombró una comisión organizadora, formada por Carmen Torrado, María de la Paz Aranaz, Luisa Puentes, Mr. Wynne, Rafael del Río, Vilela y Bugallal, a los que se unieron José María Caruncho Angueira y Luiz Fernández Obanza.

La primera idea fue constituir el equipo de hockey como una sección autónoma del Sporting Club y en una reunión, muy concurrida, se decidió llamar al equipo Ártabro HC, a propuesta de Caruncho; se aprobó el proyecto de reglamento y se nombró a la junta directiva: Rafael del Río Díaz (presidente), Carmen Torrado (vicepresidenta), Bugallal (secretario), Mari Paz Aranaz (tesorera) y Luisa Puentes Bujados, Caruncho y Obanza, vocales.

Ahora vendría la tarea más ingrata, buscar socios: "¡El trabajo que costó encontrar a un centenar escaso de personas dispuestas a cotizar dos pesetas mensuales! ¿Y la labor de buscar un terreno para construir el campo de deportes del club?". No quedó ni un metro por escrutar pero o los precios eran desorbitados o no había forma de poner de acuerdo a los propietarios.

Total, que tanta dilación derivó en pesimismo, acabó por desmotivar a unos y otros y cundió la duda del éxito del club coruñés, con la consiguiente baja de socios. Hasta que llegó el otoño y se consideró que había que empezar a entrenar donde fuera y como fuera.

El Sporting no dio el apoyo prometido y el 3 de octubre de 1933, el Ártabro HC se desligó del club. Las chicas se resistían y "hubo que llevarlas a la fuerza" a los primeros entrenamientos en la plaza de Toros. Se incorporó al club el educador físico Joaquín Vierna, quien "se encargó de proporcionar elasticidad, soltura y fortaleza a las futuras jugadoras", que "no tardarían ni un mes en adquirir la ligereza y el estilo de las verdaderas deportistas", y Mr. Wynne las aleccionó en el manejo del stick. El estilo y la experiencia de Maruca Allones en Inglaterra hizo el resto: Las jugadoras mostraron "una afición irreprimible al hockey". Estaban obsesionadas.

"Los progresos que las ártabras hacían con el stick y la bola eran asombrosos. Al cabo de dos meses de entrenamiento dijérase que llevaban un año practicando". En su primer partido formal, el 29 de abril de 1934, goleaban a las pontevedresas por 2-0 en el Progreso.

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