15 de octubre de 2017
15.10.2017

Reconocidas y olvidadas

Grandes mujeres de otro tiempo, hoy ignoradas, gozaron del aprecio de la Real Academia Galega, aunque la primera numeraria no ocupó un sillón en la institución hasta 1985

15.10.2017 | 02:04
Gala Murguía

Cuántos saben quien es Clara Corral Aller, Emilia Calé o Francisca Herrera. La entrada de mujeres en la Real Academia Galega ha sido tan costosa como en otras academias y aunque no tuvo reparos en admitir el valor de figuras como Emilia Pardo Bazán o Sofía Casanova, la primera mujer en tener acceso a la institución como miembro de número fue la escritora Francisca Herrera Garrido. Aunque nombrada en 1945, ni siquiera le dio tiempo a tomar posesión de su sillón. La archivera Olga Gallego Domínguez, la primera mujer académica, tardó otros cuarenta años en entrar en la RAG. De cerca de un millar de nombres que componen la historia de la institución, poco más de medio centenar son de mujer. Tal desproporción a duras penas se reduce. Se fueron nombrando nuevas académicas, sí, pero representan media docena entre los 30 miembros que componen actualmente el plenario.

A Emilia Pardo Bazán se le negó por tres veces la entrada en la Academia Española pero la gallega no podía rechazarla. Por mucho que el presidente, Manuel Murguía, la detestara, la RAG la tuvo que admitirla no sólo por sus méritos literarios, si no también por haber sido impulsora y presidenta de la sociedad Folklore Gallego (1881), germen de la Academia, aunque bien es cierto que la hizo miembro de honor, y no numeraria.

La autora de Los pazos de Ulloa y La Tribuna fue designada en 1906 junto a otra mujer insigne, su amiga la escritora y periodista Sofía Casanova. Con el paso de los años hubo otras incorporaciones femeninas pero lo fueron a título honorífico, en agradecimiento al importante patrimonio que legaron a la RAG.

Es el caso de la pintora María del Adalid (1920), que donó el archivo de su padre, el músico Marcial del Adalid, o de Manuela Esteban Collantes y Blanca Quiroga y Pardo Bazán, cuñada e hija de doña Emilia, quienes, sin hijos y viudas, dieron en 1956 su casa de Tabernas número 11 de A Coruña para que a su muerte, fuese sede de la Real Academia Galega y que una parte del inmueble se dedicase a museo y biblioteca de la escritora.

O el caso de Gala Murguía, hija de Manuel Murguía y de Rosalía Castro, que en el mismo año entregó a la RAG el legado de sus padres, puesto que era la única depositaria de la rica herencia, ya que todos sus hermanos habían muerto sin descendencia.

La categoría de académicas correspondientes la abrió en 1906 la escritora Filomena Dato, perteneciente a la primera generación de mujeres feministas, y la compositora y pianista Eugenia Osterberger. Era una manera de reconocer su valía en tiempos de misoginia, cuando las academias tenían vetada a la mujer

En 1853, el escritor José Zorrilla había sentenciado: La mujer que escribe es "un error de la naturaleza" y Juan Valera dijo que lo peor sería "la turba de candidatos que nos saldrían luego. Tendríamos a Carolina Coronado, a la Baronesa de Wilson, a Dª Pilar Sinués y a Dª Robustiana Armiño. Y a poco que abriésemos la mano, la Academia se convertiría en aquelarre".

Sin embargo, pronto se añadieron a la nómina de correspondientes de la RAG figuras como la mentada Sofía Casanova, Pura González Varela, pianista y mujer de Manuel Lugrís Freire, así como las poetisas Clara y Rita Corral Aller y Emilia Calé, además de la novelista Fanny Garrido (solía firmar como Eulalia de Liáns), esposa de Marcial del Adalid, y de la que se cumple este años el centenario de su muerte.

Habría que esperar hasta 1945 para que la RAG eligiera a la primera académica de número, es decir, con voz y voto para participar en las decisiones y trabajos de la institución, la escritora Francisca Herrera Garrido. Un mes después de su elección, envió su discurso de ingreso sobre Rosalía de Castro y los poetas de raza al presidente de la Academia, pero hasta cuatro años después no envió el suyo quien tenía que responderle (Couceiro Freijomil). Unos días antes de recibirlo, Herrera falleció sin llegar a tomar posesión de su sillón de académica.

Cuatro décadas después, en 1985, una experta en archivos e investigación histórica, Olga Gallego Domínguez, directora del Archivo Histórico Provincial de Ourense, se convirtió en la primera mujer que accedió como numeraria a esta institución.

A partir del acceso de la poeta Luz Pozo Garza, en 1996 -con anterioridad había sido nombrada miembros correspondiente- empezó a verse como normal la presencia femenina en la casa de la calle Tabernas. Xohana Torres (2001), poeta, narradora y dramaturga; Rosario Álvarez Blanco (2003), filóloga y directora del Instituto da Lingua Galega; Margarita Ledo (2009), periodista, escritora y cineasta; Fina Casadelrey (2013), escritora y autora de cuentos infantiles y libros de gastronomía, y Marilar Aleixandre, una bióloga también entregada a la literatura infantil y juvenil, además de Chus Pato, considerada una de las poetas en lengua gallega más heterodoxas, y la última en llegar a la institución, este año de 2017, en el que falleció Xohana Torres .

Así que hoy la presencia femenina en la RAG se reduce a media docena de académicas de los treinta que integran el plenario.

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