INCIDENTES EN LA ZONA DE COPAS
El giro vandálico de la `movida´ de Carral
Ana Blasco
Ana Blasco.CarralLa población de Carral, que no alcanza los 6.000 habitantes, ve duplicado su número los domingos tras convertirse en parada dentro de la ruta de marcha por las afueras de la ciudad de A Coruña. Miles de jóvenes acuden al reclamo de unos horarios discotequeros pensados para adolescentes. Con esos antecedentes, la movida carralesa se ha puesto de actualidad este año por cuatro graves incidentes: una pelea a navajazos, un ataque de encapuchados con bates de béisbol a un local, el atropello de un niño y el incendio intencionado de un coche delante de un pub.La pionera en la movida de Carral fue la discoteca Party, que abrió en 1989. "Al principio no había ningún problema porque todo era gente local; la cosa se complicó cuando llegaron las multitudes de fuera", explica Peter Brea Rodríguez, dueño de la taberna Lume e Ferro que vivió la movida carralesa desde sus inicios como dj y relaciones públicas de diferentes locales.Hoy, los vecinos aseguran que esa afluencia de jóvenes ha disminuido y que sólo se alcanzan esas cifras en fechas muy señaladas: Carnaval, San Juan, Semana Santa y verano, además de los domingos seguidos de un lunes festivo, como el de ayer. "Todavía acuden al colegio, por lo que aprovechan los días que no tienen clase y los principios de mes, cuando hay más alegría en los bolsillos", cuenta José Luis Fernández Mouriño, alcalde del municipio. Además, todos apuntan a un cambio de tendencias ya que empieza a llevarse la vidilla nocturna también los viernes. "Es un ambiente totalmente diferente, de gente más adulta", comenta el regidor. El dueño de Party explica que los viernes "la discoteca se abre como club con música más tranquila y selectiva", y no se registra "ningún problema porque hay menos clientes y el trato es de tú a tú". Clara Longueira, vecina de Carral, cree que gracias a esto la gente y, consecuentemente, los problemas se reparten más.Pocos fueron los incidentes que saltaron a los medios de comunicación durante estos quince años de apogeo. "Se registraban las clásicas peleas entre jóvenes porque uno le guiñaba el ojo a la novia de otro y así; situaciones desagradables, pero sin mayor trascendencia y que suceden en todas las zonas de marcha", comenta el alcalde, que sólo nombra como incidente grave un enfrentamiento entre los vigilantes de un local y una pandilla en 2000. Peter Brea, sin embargo, recuerda alguna más: una chica que falleció en un accidente de moto por el caos de tráfico que se crea en la zona del Panteón; la movilización de todo el pueblo en las fiestas del Socorro para ayudar a tres jóvenes que estaban tirados en un portal tras ingerir alcohol y cocaína de baja calidad (consiguieron salvar a dos de ellos); y un chico que necesitó más de cuarenta puntos tras abrirse la cabeza, desde la frente hasta la nuca, al golpearse contra un peldaño. Todos los vecinos coinciden en afirmar que los incidentes sufridos en el municipio en el mes de febrero son "hechos puntuales" que podían pasar en cualquier sitio con un gran ambiente de fiesta y muchos son los que comparan la situación con las continuas peleas que se viven en la zona coruñesa del Orzán. Además, apuntan que los cuatro casos no están relacionados. "Lo del navajazo fue algo entre dos conocidos de fuera del pueblo", señala Fernández Mouriño; "el ataque de encapuchados con bates de béisbol a un local ni siquiera fue el día de movida, sino un jueves", apunta el dueño de la discoteca Party; "el atropello del niño pudo ocurrir en cualquier otra zona donde la gente bebe y coge el coche", opina Clara Longueira, vecina de Carral; y el vehículo al que prendieron fuego se rumorea que fue un ajuste entre vecinos.El vandalismo, sin embargo, no es algo puntual para algunos comerciantes. Mónica, dueña de la zapatería Calzados Norte, asegura que "Carral siempre ha sufrido las gamberradas de los chavales que vienen a salir, parece que está de moda". En menos de un año, a Mónica le han roto tres veces el escaparate de su establecimiento. "Inauguré un viernes y el lunes ya tenía el cristal roto", lamenta, y añade que se trata de "hacer mal porque sí". Muy cerca de esta tienda, a Concha Buxán le rompieron el cristal de su casa dos veces. "Mi hermana llamó la atención a unos chicos que se estaban peleando, bien entrada la madrugada, y ellos se vengaron lanzando un piedra contra la ventana de la habitación de mi padre", relata la vecina de Carral. La vez siguiente, lo que tiraron fue una botella. Afortunadamente, una gruesa cortina paró los objetos lanzados que no alcanzaron la cama.Carral es un pueblo sin flores en las fachadas de los locales o en los primeros pisos. A Clara Longueira le desaparecieron las macetas que había colocado a la entrada de su establecimiento y decidió no volver a ponerlas. Concha Buxán tuvo que retirar las suyas y ponerle verjas a las ventanas para que no se sentaran allí a hacer botellón.El dueño del Bar Betanceiro describe como acaba su establecimiento los días de mayor afluencia de gente, en los que el local se llena de clientes no habituales que destrozan papeleras y jaboneras, rallan sillas y mesas, y roban vasos.El mobiliario urbano es otro de los objetivos preferidos por los jóvenes ebrios. "La verdad es que estos carnavales se pasaron un poco", reconoce Fernández Mouriño. Las señales, las cabinas y las marquesinas son las más afectadas, y los coches que duermen esos días en la calle corren el riesgo de amanecer rayados. "Tenemos una partida de 6.000 euros para estos gastos que, por ahora, los ha cubierto; esperemos que este año también llegue", desea el alcalde."Si me preguntas en líneas generales si quiero la movida, te diré que sí porque el ambiente es sano. La mayoría son buenos chicos y, para la gente que hay, no hay tantos destrozos", defiende el alcalde. El dueño del Bar Betanceiro también opina que "el tanto por ciento de la gente que hace daño es mínimo".Los bares, pubs y discotecas son un sector importante para la economía local. "Hay mucha tradición de bares por ser una localidad donde confluyen varias carreteras: Carral camino de carros", cuenta Peter Brea, de la taberna Lume e Ferro. De esta actividad viven varias familias: los propietarios de los locales alquilados, los regentes de los pubs y bares, los supermercados que les suministran, los taxis... "Hay tabernas que se han reconvertido para cubrir la demanda de los adolescentes con hamburguesas o el típico vino con miel", explica el regidor. Pocos vecinos se quejan por el ruido de las discotecas o pubs. El problema es el alboroto que generan los jóvenes por las calles y los vehículos con sus derrapes. "Los coches van como locos y tienes el corazón en un puño", lamenta Concha Buxán. "Estamos siendo muy estrictos con las licencias de los pubs -defiende José Luis Fernández Mouriño- se exige doble puerta e una insonorización total".La falta de vigilancia en el municipio es el principal problema que apuntan las partes implicadas. El Concello dispone del servicio de tan sólo dos agentes de la Policía Local, que, los días de marcha, no dan abasto con los incidentes normales de los habitantes y los provocados por los foráneos. De los siete agentes de la Guardia Civil destinados al cuartel de Carral, sólo cuatro están en activo. "Los locales se empezaron a poner las pilas desde el momento que empezó a acudir la gente masivamente; sin embargo, los servicios municipales no se adecuaron a la situación", explica Peter Brea. "Como esos días no se ve ningún coche de la policía o de la Guardia Civil, los chavales hacen lo que quieren y utilizan el pueblo como un circuito de carreras", apunta. El propietario de Party comparte esa opinión: "Dos coches de las autoridades acompañan a las comitivas fúnebres y para las 2.000 personas que se concentran los domingos en la calle de los pubs no hay ninguno". Carlos Hernández, uno de los doce taxistas con licencia en el municipio, a pesar del beneficio que le reportaría, prefiere no trabajar esos días por la inseguridad que se vive. "Los chavales están muy agresivos, se abalanzan y se pelean entre ellos en la parada", indica el taxista, que añade que esto se solucionaría con vigilancia."El servicio de taxis no funciona bien y no existen buses nocturnos, lo que provoca altercados mientras los chicos esperan y que muchos conduzcan borrachos", comenta Peter Brea, que apunta a la falta de transporte como otro de los problemas. "Luego, los que tiene que coger el bus para ir a trabajar no tienen plaza", cuenta. Además, añade que el servicio de ambulancia también es deficiente ya que, sin base en Carral, el vehículo tarda como mínimo 16 minutos en llegar."Los chicos de ahora no tienen respeto, pero eso no es para quedarse de brazos cruzados. Hemos tenido mala suerte, pero estas cosas pueden suceder y hay que estar preparados", considera el dueño de Lume e Ferro.
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