Las plazas de la Ciudad Vieja pueden guardarse muy mucho a partir de ahora de conservar su imagen "recoleta y evocadora", por riesgo a ser objeto de una sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG). Bajo este argumento el máximo órgano jurídico de la comunidad rechazó la elevación de altura en la plaza de las Bárbaras de un inmueble perteneciente a las monjas clarisas. Y bajo el mismo argumento también podría obligar a vecinos, Ayuntamiento y empresas a mejorar el aspecto de algunas de las plazas emblemáticas del casco histórico.

"Recoleta y evocadora" es la descripción utilizada por el Alto Tribunal para referirse a la plaza de las Bárbaras y de una sentada estirarle también las orejas a las clarisas por una irregularidad urbanística. Aumentar la altura a un edificio de su propiedad rompe la armonía de la plazuela; igualmente lo hace el tronco de un árbol serrado hace tiempo para evitar que se desplomara sobre el suelo por el efecto de las termitas en su interior. Ahí permanece, a la puerta del convento de clausura, junto a varios castaños jóvenes y un roble, cuando menos, centenario. Conjunto, el de la arboleda con los edificios y el convento, que bajo la lupa del TSXG supone una razón más para ilegalizar la construcción de una buhardilla en el edificio propiedad de la orden religiosa.

Este mismo rigor aplicado por los jueces en un caso de carácter urbanístico es el que exigen los vecinos de la Ciudad Vieja a los organismos para evitar que el aspecto de las plazas del casco histórico continúe deteriorándose. Pese a que la obra de carácter irregular en las Bárbaras se ejecutó en 1999, pesa sobre ella una orden de derribo correspondiente al año 2006 que todavía no ha sido cumplida por la dilatación en el tiempo de los recursos. Esto es precisamente lo que rechazan los vecinos: que algunos de los problemas de las plazas caigan en saco roto y se conviertan en cotidianos.

Lo más inmediato, sostiene la presidenta de la asociación de vecinos, Rosa Quiroga, consiste en devolver a la plaza de Azcárraga el aspecto que presentaba antes de figurar en el mapa del botellón juvenil como lugar de mayor importancia. "Se gastaron un pastón en ajardinar la plaza -recuerda- y no le han tocado desde que se marchó el botellón. Así sigue". "Así" quiere decir sin buena parte de las plantas colocadas por el Ayuntamiento y con el mobiliario urbano visiblemente deteriorado. Nadie, por ejemplo, ha sustituido las dos bolas de piedra que flanqueaban las escaleras de acceso superiores desde que se restringió la organización del botellón mediante las zonas de especial protección, hace ya más de un año desde entonces. Nadie, tampoco, ha repintado los bancos de la plaza. Ni nadie ha recuperado las cadenas de los bolardos que impiden que los coches accedan a la plaza desde la calle Damas.

El estado en el que se encuentra la otrora plaza más importante de la ciudad -era en tiempos lo que hoy María Pita por la presencia de la Casa Consistorial frente a ella-, es, sin embargo, bueno por la limpieza general de todo el entorno, como los propios vecinos reconocen y que hacen extensivo al conjunto del casco histórico. En el aspecto de la plaza de Azcárraga colabora no obstante el hecho de que no existe en las cercanías ningún edificio con esas características que a juicio del Tribunal Superior arruina la imagen "recoleta y evocadora".

Sí los hay, en cambio, al lado de la plaza de Santo Domingo. En especial uno en estado semi ruinoso justo en el margen de la plazoleta existente frente a la iglesia y el colegio de los dominicos que permanece deshabitado y con las ventanas tapiadas. Desentona con la fachada barroca del templo; menos lo hace con una farola que hace tiempo que perdió la lámpara y con los bancos colocados alrededor de la fuente, también decorados con pintadas por los vándalos.

La armonización de la vivienda en ruinas con el entorno de Santo Domingo serviría también a los jueces para un párrafo de la sentencia con la que censuraron la actuación en el inmueble perteneciente a las clarisas. Si en el escrito judicial el TSXG subraya que el "único modo posible de armonizar el conjunto" pasa por el derribo de la buhardilla, también añade que los cables colocados estropean el aspecto de la plaza. Y esto no es un problema exclusivo de las Bárbaras.

Allí existen cables desconectados procedentes de los edificios, colgando de las ramas de los árboles, igual que en otros puntos del casco histórico. "Los tendidos eléctricos siguen descolgados y a descubierto", lamenta Rosa Quiroga. Pero representa uno más de los males de la Ciudad Vieja. El principal, según los vecinos, el de los últimos años: la peatonalización. La asociación de vecinos indica que en relación a este asunto todo han sido "promesas", sin que se hayan llegado a alcanzar realidades. La consecuencia: plazas deterioradas como consecuencia de los coches a los que no se les restringe el acceso, ni siquiera el aparcamiento.

La plaza de la Constitución, frente al edificio de Capitanía General, es un ejemplo de la presencia de los automóviles en el casco urbano. El enlosado, en determinadas zonas, ya se encuentra deteriorado e incluso se ha levantado por los vehículos que estacionan sobre él. Nada que ver, sin embargo, con lo que se experimenta en la plaza del general Cánovas Lacruz, paradigma de esta problemática. El lugar, del que apenas se sospecha ya que es una plaza, se ha convertido en un aparcamiento de facto, donde se acumulan durante todo el día vehículos particulares y de reparto.