24 de mayo de 2010
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Un poco más cerca de Japón

Cientos de jóvenes visitan el recinto ferial para participar en una convención sobre el manga

24.05.2010 | 17:50
Un momento de la celebración de Expotaku, ayer, en el recinto ferial. / fran martínez

Tienen una pasión en común con nombre de país: Japón. Cientos de jóvenes se reunieron ayer en Expocoruña para participar en una convención sobre el manga y el anime. Desfilaron, improvisaron disfraces y hasta cantaron las canciones de los dibujos animados

Les gusta Japón, los dibujos de los ojos enormes y las ropas de colores, así que, ayer, en Expocoruña se reunieron para sacar de las páginas de los cómics los personajes que más les gustan y para convertirse, durante unas horas, en ellos.
Expotaku fue un homenaje a los personajes nacidos en Japón en el que centenares de jóvenes aficionados a sus historias se reunieron para compartir sus conocimientos de los secretos que esconden los cómics en sus páginas, de cómo han conseguido crear, de la nada, un atuendo similar al que utilizan en sus viñetas sus personajes preferidos y cómo, en ocasiones, han tenido que esperar meses y meses a que llegase una peluca desde Japón.
Cantaron las canciones de los dibujos animados, compitieron en un trivial que sólo tenía tarjetas de preguntas relacionadas con el mundo del manga y del anime y tuvieron un espacio para aprender a customizar sus propias prendas para acercarlas a la estética que lucen los protagonistas de los más variados universos manga.
Faldas de tablas, ojos maquillados hasta el extremo para hacerlos mucho más grandes, coletas altas, juegos de cartas, caras de niños buenos y tatuajes temporales hechos con henna para rendir tributo a los dibujos que, desde siempre, les han acompañado, bien a través de los libros, de la pequeña pantalla o llegados desde Japón en tiempo real gracias a internet.
Algunos se reconocen como frikis, no les importa que les tilden de ello; tienen curiosidad por conocer más del mundo japonés, de todo lo que se hace en esa parte del mundo e investigan sobre ello; algunas veces lo hacen para entender su filosofía de vida, otras, simplemente, les llevan a rescatar del baúl de los recuerdos a personajes que, de pequeños, les hacían felices, como Doraemon, aquel gato azul que, del bolsillo que llevaba en la barriga conseguía sacar los más variopintos artilugios; a otros les llega con ponerse unas orejas postizas o con rescatar, de entre las viñetas de los cómics o las escenas del anime, la esencia de la cultura japonesa, esa que tanto les atrae.

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