01 de febrero de 2011
01.02.2011
Infraviviendas en A Coruña

El Concello contabiliza 168 familias en los cuatro poblados chabolistas de la ciudad

Las chabolas de Penamoa, O Portiño y A Pasaxe y una parte de As Rañas carecen de las "mínimas condiciones de habitabilidad". Todas presentan humedades, grietas y problemas de ventilación

01.02.2011 | 03:03

El último informe municipal sobre la situación de los asentamientos chabolistas que subsisten en la ciudad es demoledor. Advierte de las malas condiciones en las que vive la mayoría de las 168 familias que tiene censadas. Según se desprende de los datos que maneja el Ayuntamiento, la situación es más complicada en Penamoa y A Pasaxe que en As Rañas y O Portiño. En los dos primeros, las relaciones sociales ya son tensas dentro del propio poblado y se han quedado aislados del resto de barrios de A Coruña

El Concello contabiliza 168 familias chabolistas dentro de los límites del municipio, repartidas en cuatro asentamientos: 67 en O Portiño; 57 en A Pasaxe; 25 en Penamoa y 19 en As Rañas. La mayoría de las viviendas -salvo una parte en el último poblado- se ha convertido en realidad en infraviviendas: "Presentan problemas de humedad, grietas, falta de ventilación y carecen de las condiciones mínimas de habitabilidad".

La situación es todavía peor en Penamoa y A Pasaxe: carecen de redes de eliminación de residuos y, salvo algunas chabolas de Penamoa, tampoco tienen suministro de agua y de luz. Para subsistir, en los cuatro poblados se perciben ayudas de las administraciones. En su plan de 201l para que los chabolistas accedan a una vivienda digna, el Ayuntamiento describe cómo se encuentran los asentamientos.

. Penamoa. Es el poblado chabolista más conocido de la ciudad y el que más problemas ha acarreado al Concello. La construcción de la tercera ronda, cuyo trazado dividió en dos el asentamiento, obligó a buscar soluciones a las familias que residen en Penamoa desde hace alrededor de 24 años. La mayoría llegó a la zona procedente de A Cubela, de donde se tuvieron que marchar con la urbanización del entorno de la estación de buses.

El asentamiento ocupa 30.000 metros cuadrados, es decir, tres hectáreas, lo equivalente a tres campos de fútbol. Según los datos del Ayuntamiento, en la actualidad habitan en Penamoa 25 familias "pendientes de realojo" -el censo municipal llegó a contabilizar 99-. La Concejalía de Servicios Sociales diseñó un programa de reintegración social de los habitantes del poblado, pero su plan se ha ralentizado más de lo previsto, sobre todo con los últimos chabolistas, pues se han negado a abandonar la zona y, al final, el Concello ha recurrido a los tribunales para recuperar los terrenos y conseguir que las familias se marchen de Penamoa.

El proyecto de Servicios Sociales también se vio empañado por las críticas desde Arteixo y Culleredo, que denunciaron que el Concello de A Coruña envió a sus municipios parte de los chabolistas de Penamoa; y por las protestas vecinales de barrios como Eirís y Novo Mesoiro, que aseguraron que el Ayuntamiento pretendía hacer realojos encubiertos en sus barrios.

La falta de integración es un hecho que el propio Ayuntamiento admite, pues en su informe advierte de que los problemas de convivencia ya empiezan dentro del poblado: "Las relaciones sociales internas y externas están muy deterioradas, y es conocido el alto grado de rechazo y conflictividad social entre las familias y la ciudadanía".

El Gobierno local destaca las malas condiciones en las que residen los chabolistas, un problema que, según admiten desde María Pita, se extiende hasta los asentamientos de A Pasaxe, de As Rañas y de O Portiño. "Todas estas viviendas presentan problemas de humedad, grietas, falta de ventilación y (salvo en una parte de As Rañas) carecen de las condiciones mínimas de habitabilidad", se destaca en el informe municipal.

El poblado de Penamoa no cuenta con servicios mínimos, como las redes de eliminación de aguas fecales y residuales y algunas ni siquiera tienen abastecimiento de energía eléctrica y de agua. No obstante, el Ayuntamiento distingue dos tipos de chabolas.

Por un lado, el Concello habla de "viviendas municipales", de bloque y ladrillo, con una superficie mínima -diez metros cuadrados de media-, y que han sufrido un "rápido proceso de degradación" que las ha convertido en infraviviendas. Por el otro, destaca que existe un grupo de chabolas que los propios residentes construyeron en las inmediaciones de los depósitos de agua con madera y uralita o con bloque y ladrillo, pero que su nivel de deterioro es "muy elevado".

En la actualidad, los chabolistas que permanecen en el poblado conviven desde junio del año pasado con las uralitas de las infraviviendas derribadas por el Ejecutivo coruñés. Siete meses después, todavía no se han retirado estas uralitas, que requieren un tratamiento específico porque contienen amianto.

Llama la atención que el Concello evita en su expediente mencionar el problema de venta de drogas que afecta al poblado. Se limita a decir que las "principales ocupaciones" de las familias son la recogida y venta de chatarra y la venta ambulante. Servicios Sociales sólo hace referencia en una ocasión al tema de las drogas: "Hay un alto porcentaje de población con problemas de salud, debido a las condiciones higiénico-sanitarias; algunas personas además presentan problemas de consumo de droga".

. A Pasaxe. Son 57 familias divididas en tres grupos, según consta en el expediente municipal: "un grupo de origen portugués", "payos" y "un colectivo gitano". En marzo de 2009, cuando el alcalde, Javier Losada, pospuso el realojo de este poblado, al menos, hasta 2010, el área de Servicios Sociales tenía censadas 53 familias, cuatro menos que ahora. Al igual que en Penamoa, las relaciones dentro del poblado no son buenas y tampoco existen "representantes con un nivel de liderazgo significativo".

El Ayuntamiento ya trató sin éxito la reubicación de los chabolistas que se encontraban junto al puente de A Pasaxe, en la antigua conservera Celta. La demolición del inmueble sólo sirvió para que la mayoría de chabolistas percibiese una ayuda municipal y, a los pocos días, se trasladase al solar contiguo. Servicios Sociales destaca que se encuentran en un "espacio aislado" del resto de la ciudad.

El estado del asentamiento es preocupante, de acuerdo a la descripción recogida en el informe: "Chabolas adosadas a los muros de las ruinas de las naves (la mayoría se sitúa junto a la nave de La Toja, declarada en ruinas por la Concejalía de Urbanismo) y galpones de madera completan los espacios de alojamiento con camiones y remolques que utilizan para dormir".

El Concello advierte de que las chabolas carecen de agua, luz y red de saneamiento y que existe un "alto nivel de hacinamiento" y un "bajo nivel de higiene". En resumen, que el asentamiento de A Pasaxe presenta las características más habituales de la "marginalidad". Según el estudio, viven de la venta ambulante y del marisqueo. De hecho, la Cofradía de Pescadores ha denunciado en multitud de ocasiones que el problema del furtivismo en la ría nace en el poblado y, durante la etapa del bipartito en la Xunta, la entonces Consellería de Pesca advirtió de que los furtivos habían aumentado porque chabolistas de Penamoa se trasladaron a la zona de A Pasaxe, un extremo que negaron desde María Pita.

. As Rañas. Es el poblado más pequeño: 19 familias censadas, aunque el Ayuntamiento matiza que quedan trece pendientes de acceder a una vivienda con las condiciones "adecuadas" para su realojo. Al margen de las ayudas de las administraciones que percibe la mayoría de los chabolistas de A Coruña, viven de la recogida y venta de chatarra y de la venta ambulante.

El asentamiento de As Rañas presenta, según Servicios Sociales, unas características muy diferentes a los de Penamoa y A Pasaxe. El terreno pertenece a las familias; y las relaciones, tanto entre ellos como con los vecinos del entorno, son "buenas". Aunque cuenta con una red de eliminación de residuos, de suministro de agua y de luz, los problemas de humedades, grietas y ventilación también existen.

En líneas generales, en el poblado, dos décadas después de su nacimiento, se pueden ver construcciones de bloque y ladrillo, pero que han sufrido un "rápido proceso de degradación". El Concello presentó en 2007 un proyecto para la reforma del asentamiento de As Rañas, diseñado por el arquitecto Santiago Cirugeda -quien también participó en el plan de reinserción social de Penamoa con unos módulos de convivencia que apenas se utilizaron-.

El plazo de ejecución del proyecto de As Rañas era de 18 meses y con una inversión municipal de 300.000 euros. Sin embargo, la remodelación del poblado quedó sin terminar. "No se llevó a cabo ningún tipo de capacitación laboral, ni existió participación de las familias a través de la autoconstrucción de las viviendas, que era uno de los objetivos principales expuestos por el Concello. No se realizó ninguna actividad asociada a la inserción laboral", denunció en diciembre el colectivo Arquitectos Sin Fronteras.

. O Portiño. Es el lugar donde viven más familias (67), posiblemente el más antiguo (alrededor de 30 años), pero se repiten los problemas de habitabilidad. El Gobierno local diferencia entre un bloque de pisos con doce viviendas, construidas por Cáritas y con bajo, primero y segundo, y una superficie de entre 30 y 35 metros cuadrados; y un grupo de chabolas -viviendas municipales adosadas-, de madera de reciente construcción. El informe municipal subraya que, además de una red de eliminación de residuos, de agua y de luz, existen otros servicios, como "una tienda de ultramarinos" y "un bar".

A la venta ambulante, la chatarra y las ayudas públicas, en el caso de O Portiño se suma también el trabajo por cuenta ajena. Como en As Rañas, la convivencia dentro y fuera del asentamiento es excelente. El Ayuntamiento incluso destaca el grado de consolidación del poblado: "Conviven sin grandes conflictos y sin graves problemas de delincuencia, definiéndose ellos mismos como barrio. Tienen constituida una asociación de vecinos (en referencia a la entidad vecinal Campanario, presidida por Ramón Pérez Basich)". La asociación pidió que no se realojasen en O Portiño a chabolistas procedentes de Penamoa con el fin de evitar que se rompa la convivencia pacífica que existe dentro del barrio.

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