Hubo un tiempo, cada vez más lejano, en el que la música era un objeto físico y analógico, y no un archivo informático. La exposición Paleophonía, inaugurada ayer en la casa de la cultura Salvador de Madariaga, ofrece un recorrido por todas las formas de grabación y reproducción de sonidos utilizadas desde finales del siglo XIX hasta la irrupción del disco compacto, a mediados de la década de los 80 de la pasada centuria.

Por las vitrinas de la instalación, que se podrá visitar hasta el 29 de enero, desfilan desde cilindros de cera hasta cartuchos magnetofónicos de ocho pistas pasando por discos de pizarra de 78 revoluciones por minuto, con sus correspondientes reproductores. El montaje fue inaugurado por la concejal de Cultura, Ana Fernández, y el director de la Agencia Galega das Industrias Culturais (Agadic), Juan Carlos Fernández Fasero: "Las piezas pertenecen al importante musicólogo Luis Delgado y a un coleccionista privado de Ourense. La idea de Paleophonía es cubrir desde el tubo de cera hasta el fin del vinilo".

"El título de la instalación hace pensar en la prehistoria, aunque es algo que tiene solo 100 años. Es tremendamente reciente y anticuado a la vez, aunque aquí se pueden ver los i Pods de hace 70 años", concluyó entre risas el directivo, en referencia a los pequeños dispositivos portátiles que ocupan una parte de la exposición.

Estas curiosas piezas, de reducido tamaño y que se transportaban plegadas en manejables cajas, optimizaban el espacio de forma que la bocina de amplificación se acoplaba directamente a la aguja, o, en el caso de un Miliphone de 1924, utilizaba la propia superficie del disco como plano reflectante. Anteriores, de principios del XX, son los lectores de cilindros de cera, como el Pathe modelo O, de 1902.

Aunque la memoria colectiva quedará convenientemente saciada con un precioso Primaphone, fabricado en la India en 1913 y que corresponde con la imagen de un perfecto gramófono, con su enorme bocina, su caja de madera decorada con motivos vegetales y su motor suizo, que proporcionaba a esta máquina una calidad de sonido que aún asombra un siglo después de su fabricación.

Otros avances fueron el gramófono eléctrico Utah, de 1945, que desechó el uso de la manivela, y el radio-tocadiscos francés Imperator, de 1958, que ya cambiaba la pizarra por el vinilo. El tránsito de Bing Crosby a los Beatles se refleja en la sección de Paleophonía que muestra desde discos de diferente diámetro y material a las agujas que hacían posible la lectura de sus surcos, entre ellas una fabricada de bambú.