La falta de trabajo y de apoyo familiar unida a la dificultad de entablar relaciones sociales es la causa que con más frecuencia provoca que una persona duerma en la calle. Es lo que relata el equipo de educadores, psicólogos y trabajadores sociales que atiende a diario en la institución benéfica Padre Rubinos a personas sin hogar. El equipo técnico defiende la labor de la entidad y subraya que la integración de estos vecinos es un proceso "muy complejo".

"No entiendo por qué ahora se creó tanto alarmismo porque yo llevo dos años trabajando aquí y se murieron tres personas y no vino nadie a preguntar. Suelen ser personas que tienen la salud muy deteriorada", destaca la directora del albergue, Clara Gallego, al tiempo que señala que Padre Rubinos trabaja desde hace 94 años "día a día y con esfuerzo" para lograr la integración de la gente sin hogar.

Todos los profesionales de la entidad benéfica recalcan que el proceso para salir de la calle es "muy largo" y sostienen que es necesario que se trabaje con ellos desde la calle. "Estamos trabajando en ello las entidades benéficas, el Ayuntamiento, la Xunta y organismos privados. Es muy difícil estar en la calle y venir a un albergue, donde hay normas. Es complicadísimo coger a personas que llevan años en la calle y traerlas aquí. Hay que animarlas en la calle y hacer que adquieran voluntad para venir", indica Jorge San Pedro, educador del centro, quien insiste en que es necesario "generar motivación".

"Las personas que viven en la calle han pasado por un proceso largo de aislamiento de todo su entorno. Esto les impide acceder a los servicios. Están en el fondo de un pozo, y muchos de ellos con consumidores activos de droga y alcohol. Casi siempre han intentado salir muchas veces de ahí y han fracasado", asegura San Pedro, quien destaca que las personas que duermen en las vías públicas han sufrido un "proceso de exclusión social", que a menudo se desencadena por un desengaño amoroso, la pérdida de un trabajo o la muerte de un ser querido. "Son personas que tienen un alto grado de vulnerabilidad y carecen de vínculos", afirma el educador, que también señala que A Coruña tiene recursos para atender a los necesitados. "Hay muchos comedores, muchas duchas, muchos roperos, que hacen que a la ciudad vengan más personas sin hogar, incluso extranjeros", destaca.

Las instalaciones de Padre Rubinos ofrecen un servicio "de baja exigencia" con el programa Calor y Café, que tiene 29 plazas y una ocupación diaria de entre el 80 y 100%. Los usuarios pueden acceder a una de las salas del edificio entre las 23.00 y las 08.00 horas. Allí les ofrecen comida y mantas y pueden dormir en sofás individuales reclinables. "Hay personas que no quieren adherirse al siguiente nivel, al de la residencia, por diversos motivos. Algunos no quieren ducharse o renunciar a sus adicciones", asegura San Pedro. El 40% de las personas que duermen en la calle, según los técnicos de Padre Rubinos, consume alcohol, y el 15%, drogas. "Muchos tienen problemas mentales derivados de esas adicciones", afirman los expertos.

El portavoz municipal, Julio Flores, aseguró ayer que el Ayuntamiento está "ultimando" el desarrollo de un programa llamado Creando hogar que se centra en "convencer a los sin techo de que asuman la ayuda de las entidades sociales". La Junta de Gobierno local aprobó ayer la tramitación anticipada del expediente de contratación de la gestión del servicio público de acogimiento de personas sin hogar que, en la actualidad, presta Padre Rubinos. Será una adjudicación a diez años y con una aportación anual de 250.000 euros.

En la junta, el Concello dio su visto bueno también a ceder a Servicios Sociales nueve viviendas para atender a personas en riesgo de exclusión social y dos viviendas a Igualdad, que se habían transferido ya en 2010. Otro de los acuerdos de la junta fue el de adjudicar la contratación del servicio de comida a domicilio, que elaborará más de 7.000 menús mensuales. Flores destacó que el Concello está elaborando un censo de las personas sin hogar.