La Audiencia Provincial ha condenado a dos años de prisión al coruñés que ganó 240.000 euros en el concurso televisivo Pasapalabra por haber estafado 96.600 euros a tres personas. El tribunal considera probado que las víctimas del delito habían firmado contratos con una empresa de inversiones cuya titularidad correspondía al acusado, que les había prometido que, en el plazo de un año, les reintegraría la misma cantidad aportada más un 5% de intereses mensuales.

El ahora condenado, según consta en el relato de hechos probados de la sentencia, engañó a los clientes de su empresa al asegurarles que todas sus inversiones estaban garantizadas por un seguro que, en realidad, no protegía dichas inversiones ni total ni parcialmente. "Creyeron que cualquier disposición de dinero carecía de riesgo", explican los magistrados que impusieron la condena.

El tribunal ha tomado la decisión de condenar al acusado a pesar de que este había manifestado en el juicio que su intención como responsable de la empresa no había sido en ningún momento la de apropiarse del dinero de sus clientes de forma ilícita y que, si no había devuelto las cantidades aportadas con los intereses prometidos, era, única y exclusivamente, por la quiebra de la compañía.

Tampoco están de acuerdo los magistrados con el testimonio prestado por el acusado en la Audiencia Provincial en lo referente al conocimiento de los inversores acerca de los riesgos, pues, mientras el exconcursante de Pasapalabra aseguró que los que perdieron su dinero sabían que la inversión era "de alto riesgo", en la sentencia consta que, si las víctimas aportaron dinero, fue porque pensaban que la recuperación del mismo estaba garantizada.

El tribunal considera que el acusado utilizó un "ardid con traje contractual y apoyo ficticio en póliza de seguros" para engañar a unas víctimas que aportaron su dinero debido a que creyeron el discurso del procesado y, por tanto, en "la cobertura de garantía de que las inversiones no comportaban riesgo".

Los magistrados basan parte de sus conclusiones en el testimonio prestado por las víctimas, que aseguraron que en ningún momento habrían invertido su dinero de no haber estado convencidos de que lo recuperarían.

La sentencia, en el apartado en el que se justifica la condena impuesta, recoge que no hay rastro alguno de las supuestas inversiones a las que supuestamente había dedicado el acusado el dinero aportado por sus clientes, algo que también ha encaminado al tribunal a dictar una sentencia condenatoria. "No consta el destino ni el soporte de las aportaciones", comentan los magistrados, que explican que es imposible que, como afirmó el acusado, una simple bajada de la bolsa hubiera ocasionado la quiebra de la empresa y fuera, por tanto, la causa de que los clientes se quedaran sin su dinero.

El condenado, que tiene más causas abiertas, ya que es sospechoso de haber estafado un millón de euros a unas noventa personas, deberá abonar a sus víctimas la cantidad defraudada.