31 de mayo de 2012
31.05.2012
la ciudad que viví (blog http://blogs.epi.es/laciudadquevivi)

Días de juegos en la Estación del Norte

Los chavales de mi barrio aprovechábamos la explanada existente junto a la antigua terminal del ferrocarril para jugar a todo lo que nos viniera en gana

01.04.2012 | 05:43

Cuando nos apetecía, nos íbamos andando hasta la Granja Agrícola, donde había un cañaveral en el que cogíamos cañas para pescar en el muelle, en el que había mucha gente cogiendo jurelos y sardas, aunque los 'niños bien' y los mayores que tenían cañas con carretes podían pescar fanecas

Nací y me crié en la calle Cronista Pacheco, junto a la antigua muralla de la Fábrica de Cerillas, donde vivía mi familia, formada por mis padres, Eladio y Carmen, y mis hermanos Jaime y Carmen. Mi padre fue muy conocido en toda la ciudad por haber sido comisario superior de policía, cargo en el que se jubiló, mientras que mi madre siempre se dedicó al cuidado de sus hijos y a las labores de la casa.

Mi primer colegio fue el del Ángel, en la plaza de Lugo, donde estudié hasta cuarto de bachiller, curso en el que pasé a la academia Barrera, donde hice quinto, para luego hacer sexto y la reválida en el Instituto Masculino. Mis primeros amigos, que lo han sido siempre, fueron Gonzalo Neira, José Manuel Parapar, Manolo Rebolledo, Corcoba, Suárez Losada, Armando Navarro, Fernando Barros, Eliseo Mosteiro y Paco Valeiro.

Nuestros juegos transcurrieron en Cuatro Caminos, la calle Vizcaya, la Estación del Norte, San Cristóbal, Ángel Senra, la Granja Agrícola e incluso hasta en Juana de vega. En la estación jugábamos al fútbol con Paco Vázquez, que vivía en la casa situada junto al bar Norte, una sidrería muy conocida en el barrio. Allí también vivía Javier Rey, hijo de un conocido armador coruñés. La estación, que tenía una gran explanada, nos permitía a toda la chavalada jugar sin ningún problema a todo lo que nos viniera en gana, tanto a la pelota como a imitar a Tarzán atando una cuerda vieja a las ramas de los muchos eucaliptos que había allí y que llegaban hasta la fábrica de coches de bebés que estaba casi pegada al garaje del antiguo Parque Móvil de Carreteras, muy cerca del cine Monelos.

Donde hoy están ubicados los nuevos juzgados, había una gran finca rodeada de un muro alto al que trepábamos para entrar y llevarnos alguna fruta, mazorcas o patatas que después asábamos en una pequeña hoguera que hacíamos en los alrededores. Cuando nos apetecía, nos íbamos andando hasta la Granja Agrícola, donde había un cañaveral en el que cogíamos cañas para pescar en el muelle, donde en aquellos años había mucha gente pescando jurelos y sardas, aunque los niños bien y los mayores que tenían cañas con carretes podían coger fanecas.

También recuerdo los buenos momentos que pasábamos recorriendo la calle Real paseando de arriba a abajo para ver a las chavalas y que ellas nos vieran a nosotros, así como jugando en la Bolera Americana y en la sala de máquinas El Cerebro. En la época del instituto comencé a jugar al voleibol, deporte en el que tuve como entrenador a Pepe López, conocido como Pepe Volea. Poco después pasé a los equipos de la OJE y de la Academia Galicia, lo que me dio la oportunidad de salir por primera vez de la ciudad y conocer otras, ya que quedamos campeones de la zona norte en la temporada 62-63. También jugué al baloncesto en el club Santa Lucía, en cuya pista al aire libre también se jugaba al hockey y se disputaban combates de boxeo. Recuerdo que un día que estaba probando unos guantes de broma con unos amigos, llegó en aquel momento el boxeador José Grandío, quien me invitó a practicar unos minutos con él.

Mi afición por el deporte continuó con el kárate, que practiqué seis años en el Liceo La Paz con los maestros japoneses Takayuki Hori y Kimura. Tras hacer la mili en Aviación en Madrid, me puse a trabajar en la tienda de fotografía de mis hermanos, Foto Gago, situada en Cuatro Caminos y que con Foto Torres era la única de este sector que había en la zona y en la que permanecí durante 42 años hasta mi jubilación.

Me casé con Dolores Touriño, a quien conocí jugando al baloncesto en el Santa Lucía, ya que ella jugaba en el equipo de la Sección Femenina y luego en el Tabacalera, en el que tuvo como entrenador a Fernando Trigo y quedó campeona de España. Tenemos una hija llamada Silvia que nos dio dos nietos, Pablo y Emma. En la actualidad mi mujer y yo jugamos en pareja al bádminton en el Club del Mar y hemos participado en el Campeonato del Mundo de Veteranos, celebrado en Vancouver, en Canadá.

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