11 de febrero de 2015
11.02.2015

El Lugrís que no llegó a aparecer

El restaurante A Mundiña buscó sin resultados una tercera obra del pintor surrealista coruñés en su local de la calle de la Estrella, aprovechando una reforma en el establecimiento

11.02.2015 | 10:47
El Lugrís que no llegó a aparecer

Las penurias económicas que pasó durante su vida el pintor coruñés Urbano Lugrís le llevaron a pagar con sus creaciones los productos o servicios que precisaba. Por eso, en diferentes locales de la ciudad existen obras del artista que reflejan las dificultades que soportó para mantener su carrera. El propietario del restaurante A Mundiña, situado en el número 10 de la calle de la Estrella, que cuenta con dos de estas piezas de Lugrís, no consiguió en las últimas semanas localizar una tercera cuya existencia se sospechaba.

"Cuando hicimos la primera reforma del local, el hijo de Lugrís nos dijo que le parecía que en esa misma pared podía haber más", explica el responsable del establecimiento, Rafael Varela, acerca de esta iniciativa, que se llevó a cabo con motivo de las nuevas obras que se realizaron en el restaurante. Pero finalmente, tras el vaciado de las paredes de la antigua pensión O León, la ansiada pintura del artista surrealista no llegó a aparecer, con el consiguiente desencanto para quienes esperaban contemplar otra de sus peculiares creaciones.

En O León, Lugrís dejó su huella con un mural que representa a un barco con forma de ballena que fue descubierto al derribar una pared. Cuando en el año 2008 el restaurante A Mundiña se instaló en este mismo local, llevó a cabo una reforma que permitió descubrir una segunda obra de Lugrís en la estancia destinada a instalar el cuarto de baño. Esta pieza es aún más curiosa que la anterior, puesto que representa dos relojes sobre los que se hallan las cabezas de un personaje del que se asegura que es el propietario de la pensión. Los relojes llevan además una leyenda a sus pies en la que se puede leer: "Unha cunca de viño e faise o camiño". Tanto este mural como el anterior fueron protegidos de forma adecuada por Varela, quien además tuvo que restaurar el segundo.

El descendiente del artista creyó recordar en 2008 que su padre había pintado otra obra en esa misma zona del local, aunque el antiguo propietario no lo tenía claro. Esas dudas animaron ahora a Rafael Varela a iniciar una búsqueda del tercer mural para incrementar el patrimonio artístico del restaurante, pero la demolición de los antiguos muros no consiguió el resultado apetecido.

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