El Carnaval va llegando a su fin y, para despedirlo, se llenaron ayer la calle de la Torre, el Campo de Marte, la plaza de España y todos los bares cercanos, porque el Entroido se vive, sobre todo, de puertas para fuera. Durante la mañana de ayer, algunos todavía con el sueño atrasado, rindieron homenaje a los grandes nombres del Entroido coruñés, primero, a Nito, después a Canzobre, más tarde a César Sanjosé y, por último, llevaron flores a Juan Iglesias Mato Palau.

Monte Alto no se arredró ayer ni por las lluvias ni por el viento que azotó por la mañana y no fueron pocos los que, a la hora del vermú, se engalanaron de mafiosas, de sevillanas y curas, para bajar a la calle y darle un poco de contenido al día festivo al más puro estilo coruñés, con ese toque de ironía que forma parte ya de su ADN. Después, pasadas las 17.00 horas, empezó el concurso de infantil de disfraces, en el que triunfaron los egipcios, los Lacasitos, una enfermera y una niña disfrazada de cómic.

La fiesta choqueira se trasladó al Campo de Marte, donde el presentador Ramiro Neira tuvo que lidiar con una "Familia electroelectrónica", donde había auriculares y "un enchufe macho" y "una enchufe hembra", también con una Torre de Hércules elaborada íntegramente con papel reciclado, titulado Deixa voar a túa imaxinación, y con varios Pikachus, que se pasearon por el escenario y hasta con un joven que se disfrazó de usuaria de la página de compraventa de ropa Chicfy, cuyo lema es Claro que sí, guapi, algo que repitió, con sus pechos postizos y su corta falda, desde el escenario y, desde abajo, un joven observaba el concurso vestido igual que el choqueiro que Alberto Guitián disfrazó de papa para uno de los carteles del Entroido, con su nariz roja y su vestido blanco. En la cola estaba también un transformer hecho con latas de refresco, y una joven con una traje confeccionado con globos. El reciclaje fue uno de los grandes protagonistas del Entroido, una mujer lucía un disfraz hecho con cáscaras de pistachos y un grupo de jóvenes se vistió de tribu utilizando pasta de comer, un disfraz que les valió el primer premio de grupos y una choqueira de 87 años se convirtió en taller de costura pegándose tijeras, hilos y botones al cuerpo. También ella triunfó.

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El Entroido choqueiro de la calle de la Torre

Pero los disfraces fueron más allá del concurso, por una calle de la Torre atestada de familias y pandillas, se podía una casa palleiro, un traje hecho íntegramente con paja y con unos agujeritos para poder ver y respirar sin dificultad, también, a dos personas que echaban la partida en medio de la calle, en una mesa con mantel y dinero de mentira. Había padres disfrazados de sevillanas con niñas vestidas de vaqueras y armadas hasta los dientes, también ratitas presumidas, caperucitas rojas y hasta personajes de la película de Píxar, Del revés, con las caras azules, de la tristeza. No faltaron las comparsas, que animaron con su música, ni los clásicos del Entroido, como el choqueiro Álvaro Segade, Alvarito, que ayer escogió un traje de sevillana para pasear por la Torre o el ya archiconocido disfraz de retrato de Francisco Vázquez. Para hoy ya solo queda llorar, guardar las pelucas en el armario y esperar a que regrese el Carnaval.