28 de abril de 2017
28.04.2017

A Coruña ¿la ciudad en la que nadie es extranjero?

A Coruña presume de que los nuevos vecinos serán recibidos con los brazos abiertos... Eso sí, nada dice ese reclamo de los que se cambien de barrio o dejen de vivir en chabolas o sin techo para hacerlo en comunidad

28.04.2017 | 01:43
Escombros y chabolas en A Pasaxe.

A Coruña presume de que en sus dominios nadie es extranjero, de que vengan de donde vengan los nuevos vecinos serán recibidos con los brazos abiertos y que, irremediablemente, querrán quedarse. Eso sí, nada dice este reclamo de los que se cambian de un barrio a otro, de los que pueden dejar de residir en infraviviendas o sin techo a hacerlo en un bloque de pisos, en comunidad. Tras la oposición mostrada por los vecinos de Eirís a que el proyecto de Sor Eusebia, Mi Casita, se instale en su parque y que el Gobierno local acceda a estudiar "sus razones", el alcalde, Xulio Ferreiro, recordó ayer que A Coruña "es una ciudad solidaria y comprometida con los vecinos y vecinas que peor lo pasan" y auguró que "así seguirá siendo".

Lo decía, además, porque a partir del 4 de mayo empezarán las obras de derribo de lo que queda en pie de la antigua fábrica de La Toja, en el asentamiento chabolista de A Pasaxe, y los habitantes de las infraviviendas afectadas serán realojados en la ciudad.

El Gobierno local puso en marcha un plan de acceso al hábitat digno por el que las familias residentes en los asentamientos chabolistas de la ciudad, no solo los de A Pasaxe, sino también los de As Rañas y O Portiño, puedan pasar a residir en viviendas normalizadas, de modo que, siguiendo itinerarios personalizados adaptados a cada una de sus situaciones, puedan dejar atrás la vida que han llevado hasta ahora, en caravanas o en casas construidas con restos de chapas y bloques.

El Gobierno local rehúye de ofrecer datos concretos de cuántas familias se han trasladado ya del barrio de A Pasaxe y en qué lugares se han instalado los beneficiarios de este programa de integración para evitar que a estos nuevos vecinos se les señale con el dedo por su origen.

"Ya se completaron realojos en distintos puntos de la ciudad, se está haciendo un seguimiento individualizado y también se está hablando con los vecinos y vecinas y no tienen ningún problema con estas personas", explicó el alcalde, que incidió en que los pisos en los que se han instalado proceden de "convenios con entidades para la erradicación de asentamientos precarios que el Concello tiene desde hace muchos años" y que, años atrás, se utilizaron para darle una alternativa habitacional a los chabolistas de Penamoa, a los que la construcción de la tercera ronda desplazó del poblado.

Pero ¿por qué se acomete ahora el desmantelamiento del asentamiento chabolista de A Pasaxe después de más de treinta años? Por una parte, el Concello cuenta con un plan de erradicación de las infraviviendas de la ciudad redactado por Arquitectura Sen Fronteiras, que cuenta con más de una década de experiencia en estos poblados. Por otra parte, el realojo de las familias que viven cerca de la nave de La Toja permite a la inmobiliaria propietaria de los terrenos, Altramud, del empresario Juan Carlos Rodríguez Cebrián, cumplir la sentencia del Superior de junio de 2015, que obligaba a la firma a demoler la estructura y al Ayuntamiento a realojar a los chabolistas durante el tiempo que durasen las obras.

El plan de erradicación de las infraviviendas, sin embargo, no contempla una solución temporal sino que tiene como objetivo que las familias que participen consigan no volver a sus orígenes. El primer paso es que los beneficiarios de este plan se adhieran de manera voluntaria, a partir de ahí, los técnicos se marcan entre una semana y tres meses para diseñar un itinerario individualizado que los miembros de la familia tendrán que cumplir. El tiempo que dure la transición entre las chabolas y los pisos normalizados lo marcarán los participantes en el programa, ya que no todos parten del mismo punto.

El Concello facilitará a los beneficiarios de estas ayudas una vivienda de alquiler social durante un máximo de cinco años, aunque los chabolistas tendrán que pagar una parte y asistir a los cursos que los técnicos municipales establezcan en sus itinerarios de integración.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
esquelasfunerarias.es