10 de agosto de 2017
10.08.2017

La crónica de una muerte anunciada

10.08.2017 | 00:48

En la situación de letargo vacacional que me encuentro, me ha sacudido, aunque no sorprendido, una noticia de actualidad cual es la situación del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de La Coruña al no disponer de juez sustituto para desempeñar tales funciones durante el período vacacional del juez titular. En realidad, y de una perspectiva más general y acertada, lo que acontece no es sino una muestra más de la estrategia que desde hace aproximadamente diez años se viene aplicando al cuerpo de jueces sustitutos y magistrados suplentes. La restricción en los nombramientos de estos últimos viene de lejos, si bien ahora llama la atención porque además de agudizarse, afecta a órganos judiciales cuyo cometido esta teñido de una enorme sensibilidad social.

Trataré de sintetizar la historia de los llamamientos de jueces sustitutos. Los jueces sustitutos, desde siempre, venían a ocupar el lugar de los jueces titulares cuando éstos, por razones varias, no desempeñaban su cometido (vacaciones, enfermedad, permisos?). Ello se hacía con normalidad y sin sobresalto alguno, si bien llegado un momento se inició un camino tendente a suprimir, sino eliminar, su presencia. A ello coadyuvaron dos circunstancias, por una parte, el recelo y por qué no decirlo, la soberbia de una parte de la carrera judicial que miraba por encima del hombro a los jueces sustitutos y que bajo la excusa de la tan nombrada "justicia de calidad" abominaba de ellos; y en segundo lugar, y como el zorro que acecha la presa, los gobiernos de turno, de distinto sino, aprovecharon la ocasión para restringir a niveles nunca conocidos la partida presupuestaria destinada a los jueces sustitutos.

Los jueces titulares, con una ingenuidad casi infantil, creyeron que la limitación o supresión de los jueces sustitutos llevaría consigo un incremento de los titulares, y que además estaban en condiciones de poder prescindir de los mismos sin menoscabo alguno. Y esto fue un craso error. En primer lugar, el ejecutivo reformó la Ley Orgánica del Poder Judicial (en el año 2012) estableciendo un requisito para el llamamiento de jueces sustitutos que no existía con anterioridad, a saber, que sólo podría realizarse el mismo cuando hubiera disponibilidad presupuestaria; y en segundo término, año tras año ha reducido la partida económica de jueces sustitutos hasta tal límite que en los primeros meses del año, por muy restrictivo que se fuese en los llamamientos, aquélla estaba agotada. Reparemos en que, por ejemplo en Galicia, no se puede llamar ya a jueces sustitutos hasta el comienzo del año 2018. Esta fue la estrategia, burda pero efectiva, que nos ha llevado al momento que vivimos.

Los jueces titulares se equivocaron de plano cuando abandonaron a los jueces sustitutos, porque estos les prestaban una ayuda inestimable, como el tiempo se ha encargado de demostrar. Además, y como efecto de aquella política injusta se ha despedido de facto y sin indemnización alguna a un nutrido cuerpo de jueces sustitutos que vinieron prestando, en condiciones de verdadero sacrificio, un encomiable servicio a la administración durante muchos años, condenándoles a una situación de precariedad, así como a sus familias, y todo ello, sin rubor ni atisbo de mala conciencia de los protagonistas de tal desaguisado. Algún día los tribunales europeos tendrán que emitir decisión al respecto.

Por otro lado, aquel objetivo de cicatería presupuestaria no se ha detenido en los jueces sustitutos, como era de prever, sino que la convocatoria de plazas para oposiciones a la carrera judicial es mínima, y en fin, los propios jueces titulares de las nuevas promociones están sufriendo en sus propias carnes la interinidad de sus destinos y la movilidad geográfica y funcional hasta extremos nunca antes conocidos. Pero tampoco se ha parado ahí la escalada del ejecutivo, los propios jueces titulares ya asentados ven en la actualidad como son adscritos de manera forzosa al refuerzo de otros órganos, con asombro e indignación del cuerpo judicial que no ha sabido o no ha querido poner veto a las maniobras antedichas.

Para finalizar, permítanme que eche mano del poema del teólogo alemán Martin Niemöller (que erróneamente se suele atribuir a Bertol Brecht) cuando escribía: "Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie más que pudiera protestar".

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