03 de diciembre de 2017
03.12.2017
Crítica

Y además se llama Crunia

03.12.2017 | 00:47

El año 2015, cinco jóvenes estudiantes del Conservatorio Superior coruñés que tocan instrumentos de madera y metal, decidieron integrar un quinteto clásico de viento para interpretar un repertorio siempre interesante aunque relativamente reducido. Han alcanzado un notable grado de compenetración y madurez interpretativa. Y además han tenido el acierto de autodenominarse Conjunto Coruña (Ensemble Crunia). Enhorabuena y que sigan los éxitos porque el concierto que han ofrecido en la más que centenaria Sociedad Filarmónica coruñesa (y en el marco incomparable del más que bicentenario teatro Rosalía) ha constituido un brillante éxito. Los jóvenes abordaron un programa difícil; sobre todo, la transcripción para quinteto de viento de David Walter (excelente, por cierto) del soberbio cuarteto Americano, de Dvorak, que los muchachos ofrecieron en una versión impecable y de bella sonoridad. Idéntico calificativo merecen las encantadoras piezas de Ibert (cuánto le debe Poulenc a este compositor nueve años mayor que él y tan poco frecuentado) y las cinco de Hindemith que, por cierto, muestra aquí una capacidad para hacer música amable y distendida muy poco habitual en un músico tan técnico y severo. Cerró el concierto Vent de folie, del compositor contemporáneo Didier Favre (1961). Los aplausos y las exclamaciones de entusiasmo fueron correspondidos con un curioso tango, llamado El porsche negro, perteneciente a la suite Belle époque in Sudamérica, del brasileiro Julio Medaglia, cuya afinidad con el conocidísimo tango La cumparsita, de Gerardo Matos, resulta evidente.

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