07 de julio de 2018
07.07.2018
Examen a la nueva movilidad en el casco histórico

Una Ciudad Vieja peatonal para todos los gustos

La retirada de coches suscita opiniones diversas entre vecinos y comerciantes; desde la satisfacción hasta el temor a quedar aislados

07.07.2018 | 01:20
Obras y vehículos estacionados en la calle Maestranza, calles del interior de la muralla sin coches y hosteleros y residentes de la Ciudad Vieja.

Trece días después de la peatonalización, hay disparidad de opiniones sobre esta medida. Algunos vecinos aplauden una demanda "de hace mucho tiempo" mientras que hosteleros y comerciantes temen un "aislamiento" y solicitan "más actividades para atraer gente" a esta zona de la ciudad

Trece días después de la peatonalización, los coches ya no forman parte del paisaje de la Ciudad Vieja. Los niños aprovechan las vacaciones y juegan en la plaza de Azcárraga sin temor a que el balón se escape por otras calles. Hay vecinos que aplauden esta medida, una demanda de "hace mucho tiempo", según un residente, pero algunos hosteleros temen quedarse "aislados" al no poder acceder los coches al casco histórico. "Ahora tienen que organizar actividades para atraer gente", apunta la propietaria de La jarra melada.

Los paseos por la zona vieja han cambiado. Ahora el peatón es el protagonista. Los turistas se fotografían por las calles adoquinadas, descubriendo los secretos de esta zona de la ciudad. Apenas reparan en que no se oyen motores ni que no es necesario mirar a un lado y otro para poder avanzar sin peligro. Sí son conscientes del cambio los vecinos y comerciantes. "Estamos muy contentos. Hace mucho que queríamos esta peatonalización", expone Félix, un vecino de la calle Tabernas.

Los residentes de la zona tienen 15 minutos para circular por el interior de la muralla. Para algunos, se trata de un tiempo "más que suficiente", como califica una vecina. "Llega de sobra para dejar la compra en casa, por ejemplo", comenta. Félix opina lo mismo, aunque apunta que la peatonalización puede suponer "un trastorno" para los conductores.

Para estacionar, vecinos y comerciantes cuentan con plazas reservadas ubicadas en Maestranza, Campo da Estrada y Oceanográfico. "Tienen que vigilarlo porque mucha gente viene de fuera o, simplemente, no es residente y aparca en esos sitios", comenta un vecino, que cree que la "señalización tiene que mejorar".

El control sobre el acceso de los vehículos al interior de la muralla recae en la Policía Local. Una patrulla del 092 vigila los coches estacionados por la Ciudad Vieja y los agentes revisan si cuentan con tarjeta de residente. El Concello no ha informado todavía si ya se ha comenzado a multar a los conductores no autorizados. El alcalde, Xulio Ferreiro, apuntó la semana pasada que la peatonalización se encuentra en un "periodo de adaptación" por lo que las sanciones se retrasarían hasta que la situación se normalizase.

Incluso hay quien todavía no se ha enterado de la prohibición de la entrada de coches en la Ciudad Vieja. Una vecina de Coristanco, que acompañó ayer a un vecino al hospital Abente y Lago, confiesa que "no sabía nada de la peatonalización". "Vengo aquí de vez en cuando así que no sabía nada, ni me fije en las señales", reconoce. Parada en doble fila en la calle Maestranza, asegura que "a veces resulta imposible aparcar" en esta zona de la ciudad, por lo que considera que con las nuevas restricciones "será peor". "Ya antes había pocos sitios y tenía que dar vueltas hasta encontrar un lugar donde parar", añade. Una situación que viven diariamente los pacientes del Abente y Lago. "Los que vienen al hospital aparcan en plazas de residentes. No puede ser", protesta un vecino. También los taxistas tienen que adaptarse a la peatonalización. "Antes podíamos salir por Maestranza al Parrote pero ahora como es de sentido único nos obligan a dar toda la vuelta", lamenta un taxista, que cree que el Concello debería aportar "una alternativa".

Aunque algunos creen que una Ciudad Vieja peatonal es un paso adelante, otros opinan que esta medida va a provocar su "aislamiento". "Parece una zona abandonada, está siendo extraño porque hay muy poco movimiento", comenta una comerciante. Para evitar que el casco histórico caiga en el olvido, la propietaria de La jarra melada propone que "se organicen actividades para niños y mayores". "Es una forma de que la gente venga aquí", agrega. Además, considera que es importante que los emprendedores abran sus negocios en este barrio. "Parece que todo son locales familiares. Yo soy la tercera generación, por eso sigo aquí, pero no se ve que abran tiendas nuevas. Es una pena", revela la dueña de La jarra melada, que no está de acuerdo con la reordenación de las terrazas. "La hostelería es lo que nos queda para atraer gente, no pueden recortarnos espacio", dice. El Concello prevé reestructurar en septiembre los espacios que ocupan las mesas y sillas de los locales de la Ciudad Vieja desarrollando un modelo similar al de Pescadería, donde se instalaron chinchetas para delimitar las terrazas con el fin de garantizar el espacio para peatones y vehículos de emergencia. Una medida "justa", según la propietaria de El bajo de Amalia, ya que si se aplica en otras zonas de la ciudad, también tendrá que llevarse a cabo en una zona vieja que todavía se encuentra en proceso de cambio.

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