08 de julio de 2018
08.07.2018
La ciudad que viví

El deportista que da nombre a una carrera

Fui jugador de fútbol y llegué a militar en el Deportivo, después entrené a varios equipos, pero también fui campeón de 'cross' y corredor de maratones, por lo que una prueba popular en la Torre lleva mi nombre

08.07.2018 | 02:02

Nací en el valle de Barcia, en Carral, y mi familia la formaban mis padres, Antonio y María, y mis hermanos Amelia y Gerardo. Mi padre era albañil y mi madre se dedicó a las labores del hogar y a cuidar las pequeñas leiras que teníamos, en las que yo recogía la fruta y la verdura que luego mi madre vendía en las ferias de Carral y Ordes.

Ya desde pequeño tuve que trabajar, porque con cinco años antes de ir a clase tenía que ir a pasear un par de cerdos por los foxos de la carretera, siempre acompañado de un vecino que iba a cortar toxos por ese mismo lugar. También teníamos que ir todas las semanas con una burra hasta el molino y la panadería de Herves y a cortar la hierba para las vacas, mientras que en verano tenía que llevarlas a pasar al monte Xalo, donde muchas veces se me escaparon cuando los tábanos las picaban, por lo que tenía que correr detrás de ellas.

Esa etapa de mi vida fue muy dura, ya que solo podía jugar los días de fiesta e incluso antes de ir al colegio tenía que levantarme temprano para ir a tocar la campana de la iglesia, donde ayudaba al cura de mi parroquia, don Abelardo, como monaguillo, quien me pagaba dos o tres pesetas.

Mi vida cambió por completo a los nueve años cuando don Abelardo me llevó a estudiar al colegio Santa María del Mar, quien habló con el padre Marcial para que me cobraran como si fuera el tercer hijo que una familia tuviera en el centro y así pagar menos, aunque aun así fue un gran sacrificio para mi familia. A partir de ese momento, mi pandilla estuvo formada por Conchado, Ron, Cebrián, Mosquera, Edelmiro, Doldán, Tallón, Janeiro, Baltasar, Pedreira y Tejo.

Para ir al colegio tenía que coger en mi aldea un autobús que pasaba por delante de mi casa y que hacía una parada en el bar Jacinto, donde la mayoría de los viajeros, incluido el conductor, bajaba a tomar una copa de aguardiente. En Carral se subía una chica llamada Alicia que casi siempre se sentaba a mi lado y que iba al colegio de Eirís, mientras que yo bajaba en Palavea e iba corriendo hasta el colegio. Con el tiempo, nos hicimos novios y nos casamos, tras lo que tuvimos dos hijos, José y Pedro, que nos dieron dos nietos, Teo y Lara.

En el colegio fui un buen estudiante, pero destaqué en trabajos manuales y gimnasia. En fútbol teníamos como entrenador a Enrique Nieto, que años más tarde fue profesor del Colegio de Entrenadores, mientras que en gimnasia nos daba clase Miguel Biurrun, quien controlaba él solo todas las pruebas de atletismo del colegio, en el que se hicieron varios campeonatos de España, en uno de los cuales fui subcampeón en 3.000 metros lisos.

Llegué a ser campeón provincial y gallego de cross en los años setenta, con Enrique Graña de entrenador, aunque alternaba este deporte con el fútbol en el Deportivo Juvenil, por lo que en la temporada 73-74 fui nombrado mejor deportista juvenil en ambas especialidades, lo que fue un caso único en España. A partir de 1976 me dediqué solo al fútbol para jugar en el Fabril con José López como entrenador. Recuerdo que, en un partido contra el Hércules, a nuestro portero le rompieron la nariz, por lo que me pusieron a mí en su puesto hasta que se recuperó.

En 1978 fiché por el Deportivo con Luis Suárez de entrenador, aunque al poco tiempo de empezar la Liga en un partido contra el Racing de Ferrol choqué contra otro jugador y me rompí la tibia. Aproveché el tiempo de recuperación para casarme y luego volví al Deportivo con Pepe Martínez de entrenador. Al terminar la temporada comencé a trabajar en el Banco Popular, aunque este empleo me permitió seguir jugando al fútbol en el Bergantiños con mi amigo Lerio, con el que jugué la final de la Copa de La Coruña contra el Portazgo en 1982 en Riazor.

En 1987 empecé a correr maratones en Madrid, San Sebastián y Lisboa, en los que siempre quedé bien clasificado y en algunos campeón. En 1990 y 1991 gané la maratón Valle de Nalón, donde recibí un premio de 100.000 pesetas, y en 1992 fui elegido por el Ayuntamiento de Carral para portar la antorcha olímpica en el recorrido entre A Coruña y Santiago, lo que fue un honor para mí.

Desde 1987 hasta 2006 compaginé el trabajo en el banco con la labor de entrenador de fútbol en el Victoria y luego del Gaiteira. Luego lo hice en el Cee cuando estaba en puestos de descenso, aunque al final de temporada le sobraron puntos para salvarse, por lo que los directivos me ofrecieron quedarme cobrando el triple que en el banco, aunque lo rechacé. También entrené al Olímpico de Rutis y fui jugador y entrenador del Carral. Dejé de correr en 2007 por problemas de salud y desde 2013 hay una carrera popular en los alrededores de la Torre que lleva mi nombre, lo que agradezco tremendamente al Ayuntamiento y a la Federación de Atletismo.

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