12 de agosto de 2018
12.08.2018
Una red de bulos Las recomendaciones de la policía para combatirlos

Mentiras que nunca duermen

La Policía Nacional aconseja no compartir noticias ni avisos que no procedan de "fuentes oficiales directas" para no propagar el odio al diferente y para que no sembrar el miedo entre los demás

12.08.2018 | 01:11
Mentiras que nunca duermen

"Noticia falsa propalada con algún fin", así define la Real Academia Española la palabra bulo. Son esas informaciones que van de un sitio a otro, que se comparten y de las que se desconoce el origen si no se hace un trabajo previo de búsqueda. Almudena Díaz, de United Explanation, una plataforma online colaborativa de divulgación internacional, explica que, muchas veces, los bulos se crean y se comparten "por ideología", aunque, "en la mayoría de los casos", es por "desinformación, malinterpretación y desconocimiento".

Sea por lo que fuere, a diario, muchas personas comparten noticias falsas pensando que son reales. "Nos las creemos porque se alinean con lo que nosotros pensamos", dice Díaz. La portavoz municipal del PP, Rosa Gallego, ha compartido esta semana en su cuenta de Twitter una noticia satírica como si fuese cierta, la de que la ministra de Igualdad y vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, quería prohibir el queso de tetilla por considerarlo sexista. La noticia, que está redactada en tono irónico y que procede de una sección de noticias falsas, les pasó por cierta a todos aquellos que no leyeron más que el titular y a los que están dispuestos a creer que algo así puede suceder.

"Nosotros siempre decimos que solo hay que atender a fuentes oficiales directas porque hasta los propios bulos evolucionan, hay bulos que empiezan diciendo: 'Tengo un hermano que es policía y me ha dicho que...'. Eso no vale, hay que atender a la fuente oficial", explica Víctor Fernández del grupo de redes sociales de la Policía Nacional [ @policianacional, en Facebook y @policia, en Twitter], y alerta de que las cosas que no se crean no se deben compartir, aunque la sospecha sea solo de "un 1%".

@policia intenta desactivar los bulos y contrarrestar con información veraz todas esas mentiras que se difunden en la Red. "Hay uno que dice que, si te llaman a la puerta, tengas cuidado porque te echan colonia, te duermen y te roban. Nosotros no tenemos constancia de que ninguna banda actúe así. Hay otro, por ejemplo, que circula por redes y por WhatsApp, que dice que hay gente que regala llaveros con un chip incorporado, saben cuándo estás durmiendo y entran a robarte", describe Fernández. Es uno de tantos bulos que, a diario, leen en la Policía Nacional y que intentan combatir ofreciendo "información veraz en el momento". Para hacer algo más que compartir con sus seguidores que están intentando engañarlos, tendría que haber indicios de delito como, por ejemplo, "decir que hay una bomba" en algún lugar, y que se movilizasen los servicios de emergencia por ese motivo.

Pero ¿por qué siguen haciéndose virales estas mentiras, a pesar de que la Policía Nacional intente neutralizarlas una y otra vez? Fernández lo tiene claro: "Los ciudadanos, en general, y los internautas en particular, nos tomamos muy en serio todo lo que tiene que ver con la seguridad", comenta. Es por ello, por lo que todos los mensajes que empiezan con un: "Tengo un primo en la Policía Nacional o en el CNI y me ha dicho que..." acaban por ser compartidos. Estos mensajes, según Fernández, acaban siempre con una alerta de atentado o con un aviso para no asistir a algún acto. Desde la Policía Nacional, aseguran que hay una relación directa entre el aumento de los bulos y la de los dispositivos móviles. "A más usuarios, mayor capacidad de difusión", comenta Fernández, que intenta "minimizar" el número de víctimas de estas informaciones falsas.

Las hay de todo tipo, algunas responden a intereses políticos; otras, a dañar a colectivos o luchas concretas y, otras, sin embargo, no responden a nada más que a la "mezquindad" o a la "maldad" de las personas que las generan, según explica Natalia Monje, que cree que no todo está perdido y que los más jóvenes, como son nativos digitales, podrán aprender a diferenciar y a hacer una lectura crítica de lo que se encuentran por la Red, aunque haya algunos que tras asistir a talleres formativos sobre estos temas aseguren que no les importe haber sido engañados con un bulo.

"La noche de los incendios, el año pasado, empezaron a circular por la Red noticias falsas de que había explotado una gasolinera y de que el agua no era potable. Eso no se hace con ningún fin más que confundir y alertar", comenta Monje.

Dice Almudena Díaz que nadie está a salvo de los bulos y de las noticias falsas, aunque quienes más los sufren son "los colectivos más vulnerables, los marginalizados", también quien vive en un "contexto de crisis" es más propenso a creer medias verdades. "Se habla, por ejemplo, de que los inmigrantes tienen más ayudas escolares por ser inmigrantes cuando eso no es cierto, pero la gente se lo cree en un contexto en el que hay menos recursos y tiene que compartirlos con los que entienden que no los merecen porque son de fuera, porque no han nacido en su país", explica Díaz.

"Los bulos son ambiguos, hacen referencia a expertos, pero nunca ponen su nombre y no dicen en qué se basan, cuáles son las fuentes, para que triunfen, lo que hacen es mezclar información cierta con mentiras y, si hacen referencia a algo que te toca de cerca y que se alinea con lo que tú piensas, mejor. Por ejemplo, si en tu ciudad ha ocurrido algo y no hay todavía un culpable, sí que puede haber grupos que esparzan bulos intencionadamente para dañar a un colectivo", comenta Díaz, que cree que el mayor problema en estos casos, actualmente, es que "hay tanta información" y que se consume tan rápido, que no todo el mundo sabe cómo diferenciar la que es cierta de la que no lo es.

Porque los bulos afectan a todos, a la política, a la salud, a las personas que luchan por sus derechos y también, a la sexualidad. Rubén, del Sex Point del Comité Antisida Casco, apunta a que el no tener el valor de preguntar hace que muchas personas se crean cosas que no son ciertas. "Hay una falsa creencia, por ejemplo, de que las personas que se dedican a la prostitución son las que más riesgo tienen que contraer infecciones de transmisión sexual. No es cierto, su salud y su trabajo depende de que estén sanas, por eso vienen a recoger sus preservativos y se hacen pruebas", explica.

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