06 de septiembre de 2018
06.09.2018
La Opinión de A Coruña

El pirata sin pata de palo

El Palacio de la Ópera acoge los ensayos previos a la representación, este sábado, de 'Il Pirata', la obra de Bellini estrenada en 1827

06.09.2018 | 01:41
El pirata sin pata de palo

El pirata de Bellini no tiene ni pata de palo ni parche en un ojo. De rasgos orientales y nombre Gualtiero, es capaz de seducir, por segunda vez, a la bella Imogene, pese a estar esta casada con el duque de Caldora. Es la historia que narra Il Pirata y que ayer se ensayaba en el Palacio de la Ópera para que el sábado, a partir de las ocho de la tarde y organizada por la Asociación Amigos de la Ópera de A Coruña, se represente sin ningún fallo. En el que era uno de los últimos pases previos a la noche del estreno sí que se permitían algunas licencias, como que el director, Antonello Allemandi, hablara con los músicos pidiéndoles que tocaran pianissimo una parte de la pieza o que los músicos fueran en vaqueros y no con el habitual traje negro.

La jornada de ayer es una de las tantas que lleva el equipo preparando la representación del sábado, aunque, por la cercanía, de la fecha, con más nervios. Desde el pasado 25 de agosto se suceden los ensayos, y así se plasma en el calendario que cuelga cerca de la puerta de entrada de los camerinos. A pocos minutos de comenzar la función, reservada a unos pocos privilegiados, aún entran al palacio músicos con sus instrumentos a la espalda hablando en inglés. Dentro, los protagonistas descansan y acaban de prepararse en sus habitaciones, mientras que, en pasillos y frente al escenario, se congregan los miembros del coro y el ballet.

La danza tiene también su hueco en esta ópera estrenada en 1827. Germán, Fernando y Fran son tres de los soldados que participan en la primera escena en una lucha con piratas. Ensayan con sus lanzas las peleas y admiten que lo difícil es "no estorbar" ni hacer daño con sus armas a sus contrincantes encima del escenario. Para ellos, dicen, no es distinto interpretar con sus movimientos un ballet o participar una ópera, aunque sí que comentan que es "divertido" que algunas de las piezas de esta obra ya las habían bailado de manera aislada en otros espectáculos.

Se acercan unas cortesanas. Son integrantes del Coro Gaos, que explican la gran experiencia que tienen ya en óperas y lo "divertido" que es hacer su trabajo vocal a la vez que se meten en los personajes. Lo que diferencia esta representación de otras, apuntan, es que el coro tiene "mucha presencia". Y así se ve nada más apagarse las luces, sin timbres previos que avisen al público de que la función comienza.

Primero son los bailarines y poco después más de 30 cantantes del coro los que suben al escenario, que simula una escena marinera de la Sicilia del siglo XIII. Todos miran de reojo hacia abajo. En el foso, el director, de jersey de cuello alto negro, mueve en el aire su batuta y los integrantes de la Orquesta Sinfónica de Galicia hacen sonar a Vicenzo Bellini ante el aforo casi vacío.

El pirata evoca al "ángel celeste" que lo dejó prendado y se pregunta si lo habrá esperado en su ausencia por los mares del sur de Europa mientras ella disfruta en su palacio con su pequeño hijo. El coreano Josef Kang debuta en la ciudad con este papel de corsario, con espada adosada a su cintura, mientras que Saoia Hernández, que ya estuvo en la ciudad hace un año, emula a María Callas o Montserrat Caballé, que son referencia de la interpretación de Imogene.

Tarda bastante más en salir a escena el duque Ernesto, Juan Jesús Rodríguez, considerado uno de los máximos exponentes actuales del bel canto, y lo hace celebrando la victoria de la batalla frente a los malvados piratas. ¿Se descubrirá la historia de amor? ¿Qué hará Imogene? El sábado se desvelará y el público coruñés podrá comprobar que, en la historia de Bellini, los piratas no portan un loro al hombro ni llevan una calavera en el sombrero.

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