27 de enero de 2019
27.01.2019
La Opinión de A Coruña
LA CIUDAD QUE VIVÍ
La ciudad que viví

El joven cantante de la Orquesta X

Mi participación en un concurso musical hizo que me llamasen para cantar en una de las orquestas más famosas de la ciudad, con la que actué durante tres años en fiestas y en lugares como el Leirón del Casino

27.01.2019 | 00:47

Nací en la calle de la Torre, donde viví con mis padres, Juan y Dolores, y mis hermanos Juan, Lola y Arturo. A mi padre se le conocía por Juanón por lo grande y fuerte que era y tuvo que escapar de la ciudad al empezar la Guerra Civil cuando fueron a buscarle los falangistas, ya que era de izquierdas y muy amigo de los Hermanos de la Lejía. Según me contaron, huyó saltando por una ventana y mi madre no supo nada de él hasta que mucho tiempo después le envió una carta en la que le contó que estaba en el ejército franquista muy a su pesar, ya que era un republicano de pura cepa. Después de la guerra, un amigo capitán le metió a trabajar en la cocina del cuartel de Intendencia, donde estuvo hasta que se jubiló.

Mi único colegio fue el de Santo Tomás, donde estuve hasta los trece años, ya que a esa edad me tuve que poner a trabajar para ayudar en casa. Empecé en la farmacia de Dans Boado en la calle de la Torre durante tres años y luego me presenté a unas pruebas que hacía el profesor Brañas en su academia de la calle de la Tahona para participar en un festival que se hacía en el teatro Rosalía de Castro. Finalmente canté en el festival como parte de un trío americano y al salir con mis padres de la función, el director de la famosa Orquesta X me ofreció formar parte de ella, en la que estuve tres años hasta que fui a hacer la mili en Ferrol.

En la orquesta lo pasé muy bien, ya que con lo que me pagaban tenía para mis gastos y para ayudar a mis padres. Como en esos años era la orquesta que actuaba en el Leirón del Casino, canté para Franco y su familia cuando en verano visitaban la ciudad y era el marqués de Villaverde quien venía a pedir las canciones que les gustaban. Recuerdo que un día, como aún no tenía carné de identidad, la escolta de Franco que puso todas las trabas posibles para pasar y casi me lleva detenido por no tener documentación, por lo que solo me dejaron entrar cuando les avisaron de que era el cantante de la orquesta.

Con la orquesta actué también en fiestas de la ciudad y los alrededores, además de en la planta baja del Kiosco Alfonso, que en verano se convertía en una sala de espectáculos. Durante la mili me llamaron para cantar con la orquesta Bellas López, con la que actué durante los permisos, aunque dejé de cantar al terminar el servicio militar, ya que marché a Inglaterra para trabajar en un hospital como ayudante de enfermería y luego como camarero.

Al cabo de seis años decidí regresar y entré como ordenanza en el Banco Central, donde con el paso de los años fui ascendiendo hasta llegar a jubilarme como director de sucursal. Tras dejar de trabajar entré en la Tuna de Veteranos, en la que continúo, y también formo parte del grupo musical Cascarilla.

Me casé con Felisa Camiñas López, a quien conocí en el Kiosco Alfonso y con quien tengo cuatro hijas: Felisa, Eva, María José y Alba, quienes nos dieron siete nietos.

Entre mis amigos de la infancia destaco a Secundino, Manolo, Luis Suárez, Manuel Folgueiras, Manolete, Emilio Ponte, Jalisco, Julio, Cholas y Pacolas. Jugábamos en la calle, sobre todo a la pelota, que hacíamos nosotros mismos con trapos o papeles, y siempre procurando no romper las alpargatas que usábamos a diario, ya que tener zapatos era un lujo. Yo tuve la suerte de calzar en invierno zuecos de madera que me hacía mi abuelo José, que era el zapatero del hospicio.

Mi mayor ilusión era ir al cine, sobre todo al Hércules y al Monelos, en los que mi tío Segundo era el acomodador. Recuerdo que en las butacas de general de esas dos salas había pulgas, por lo que las desinsectaban con ZZ. Mi tío me contaba que dos mujeres muy famosas en aquellos años, La Corrosca y María Perriña, acudían casi todos los días al Hércules.

Como nos gustaba mucho jugar al fútbol, un día mi pandilla organizó un partido contra el equipo Perseverancia en el Campo da Rata, aunque ellos llegaron con botas, mientras que nosotros solo llevábamos alpargatas. Nos metieron doce goles, por lo que al día siguiente fui a inscribirme en ese equipo, en el que jugué hasta que empecé a cantar, ya que luego estuve en el de Acción Católica, donde tuve de compañero a Luis Suárez.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
esquelasfunerarias.es