27 de enero de 2019
27.01.2019
Demografía Los barrios tradicionales

La población de los núcleos históricos sube un 11% en 5 años y el centro pierde vecinos

Los barrios periféricos ganan más de 3.000 residentes desde 2013 mientras que el centro se deja un millar. En As Cernadas, Gramela o San José vive menos de una decena de personas

27.01.2019 | 00:47

Los núcleos históricos de la ciudad, que el Instituto Nacional de Estadística (INE) cuantifica en medio centenar, han ganado un 11,1% de población, 3.000 habitantes más, en los últimos cinco años. Entre 2013 y 2019 los barrios periféricos de la ciudad han sobrepasado la barrera de los 60.000 habitantes, de los casi 250.000 que tiene A Coruña según los últimos datos del organismo estatal. El centro, en cambio, sigue perdiendo población, con más de un millar en el último lustro, dejando en 213.081 su número de residentes. Pese a los nuevos vecinos registrados en los núcleos más tradicionales en el dato global, muchos sobreviven con un número muy escaso de vecino, como A Gramela, con solo dos, San José, con cinco, o As Cernadas, con ocho.

El crecimiento se detecta, mayoritariamente, en lugares cercanos a nuevos desarrollos urbanísticos o donde se siguen registrando edificaciones aisladas pero que acogen a varias familias. Así, San Pedro de Visma crece un 34% y roza los 2.000 habitantes; A Zapateira aumenta casi un 16% y casi alcanza los 2.500 vecinos y Mesoiro asciende casi un 10% y establece su población en 8.000 personas. Son estos los barrios más populosos, junto a Feáns, Palavea, Montserrat, Martinete o A Cabana, todos ellos sobrepasando el millar de residentes dentro de sus límites.

El colectivo Ergosfera, formado por un grupo de arquitectos que realizan investigaciones e intervenciones urbanas en la ciudad, diferencia dos tipos de situaciones en estos barrios alejados del centro. Por una parte están los que, dentro del plan general, están abocados a una transformación urbanística por lo que, denuncian, "llevan más de treinta años paralizados". Lugares como San Vicente de Elviña sufren graves carencias en infraestructuras y los vecinos no pueden realizar determinadas obras en sus viviendas o parcelas cercanas. "Carecen de legitimidad, solo están expectantes", reprocha el miembro del colectivo Iago Carro, que apostilla que estos vecinos "no pueden elaborar planes vitales a largo plazo". Esta falta de seguridad sobre su entorno provoca la pérdida de población, por emigración de las nuevas generaciones de las familias del lugar, y la ausencia de nuevos residentes. En el núcleo cercano a la Universidad de A Coruña la bajada de residentes es de casi un 7%.

Hay otros núcleos en los que el documento urbanístico municipal permite seguir construyendo, ampliando o derribando y también es posible que el Concello pueda realizar obras en los servicios comunes. Lugares como Bens o Nostián, que pierden población, en un 3,8 y en un 8,9% en el último lustro, podrían ver mejoradas sus condiciones de vida para atraer a mayor población que haga crecer su población -que ahora mismo está establecida en no más de 200 personas-, según Ergosfera. Carro apuesta por planes específicos como los diseñados por el Concello desde hace décadas para el casco antiguo. "Tendrían que estar adaptados a la realidad del tejido rural", explica. A través de ayudas a la rehabilitación específicas o con inversiones en servicios básicos, el Gobierno local podría revitalizar esos lugares. La movilidad es otro punto clave, apunta el arquitecto, en el que deben mejorar estas zonas alejadas del núcleo central de la ciudad. El transporte público debería impulsarse para que nuevos vecinos no tuvieran la dependencia del vehículo privado, según el arquitecto, y también destaca la falta de movilidad peatonal que sufren estos barrios. Primero, por la invasión sufrida por grandes infraestructuras, por ejemplo la Tercera Ronda, y, por otra, porque viales de gran tamaño suprimieron caminos tradicionales y ahora los vecinos deben trasladarse por los arcenes, con gran peligro para su seguridad. Ya se comienza a utilizar, apunta el experto, el término "carretera calle" y pone como ejemplo la carretera de Pocomaco, que destruyó vínculos entre barrios, como Feáns y Eirís, por citar un caso, y que se deberían recuperar. "Es inconcebible que los vecinos no tengan derecho a aceras cuando pagan sus impuestos como los que viven en el centro", denuncia Carro. "Hay un campo de mejora gigantesco", concluye.

Barrios como Bens, según sus propios vecinos, reciben habitualmente personas que se interesan por sus viviendas abandonadas. Probablemente, apunta el arquitecto, buscando "más contacto con la naturaleza" sin estar muy alejado del centro de la ciudad. Las ayudas específicas para recuperar casas en mal estado podría ser una de las claves para recuperar la vitalidad de estas zonas. El propio Gobierno local modificó la ordenanza de rehabilitación de edificios para ayudar a las casas en las que las obras la soporta una sola familia. Así, el Concello aumentó el tope de ayudas por considerar que estos inmuebles "sufren una presión urbanística constante".

La situación más favorable y que hace que los núcleos se expandan, aunque no sea con una tipología de vivienda acorde con el pasado, es la que representan núcleos como Someso o Casanova de Eirís, que crecen en un 55 y un 38% respectivamente. El primero, con el polígono aún sin desarrollar plenamente y, el segundo, con el parque ofimático a pocos metros, experimentan un aumento de sus residentes aunque su fisonomía cambie para parecerse más a los barrios mas céntricos. Otros muchos pequeños núcleos pierden población "poco a poco", explica Carro, por el fallecimiento de sus habitantes y la inexistencia de renovación generacional. "Es una tendencia en toda Galicia", lamenta. De entre los datos del INE son una veintena los núcleos que no llegan a los 200 habitantes. Vío, Casablanca o A Fontenova no llegan a treinta residentes y A Pasaxe, Peñarredonda o Cances sobrepasan por poco el centenar de vecinos. Las mayores caídas de empadronados se observan en Monte Mero, con la pérdida de 47 residentes hasta los 15 y, por tanto, un 75% de descenso o en A Gramela, que sobrevive con dos empadronados, de los seis que tenía en 2013 y con una bajada de un 66%.

Aunque con una cifra resultante de descenso entre 2013 y 2018, el número de habitantes global de la ciudad creció desde 2015 cada año, en pequeña medida, aunque no se ha recuperado la barrera de los 245.000 de hace un lustro.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
esquelasfunerarias.es