03 de febrero de 2019
03.02.2019
La Opinión de A Coruña

Desde el primer día hasta el retiro

Quería ser banquero y de joven estudió "algo de contabilidad", pero durante más de 45 años, desde que era menor de edad hasta su jubilación hace dos semanas, fue camarero

03.02.2019 | 01:04
Manuel Pombo, en el centro, con algunos de sus excompañeros detrás, en la cafetería de El Corte Inglés.

Quería ser banquero y de joven estudió "algo de contabilidad", pero durante más de 45 años, desde que era menor de edad hasta su jubilación hace dos semanas, fue camarero. Y tan feliz. Los últimos 32 años y cuatro meses de su vida laboral los pasó en la cafetería y el restaurante de El Corte Inglés. Abrió sus puertas por primera vez el centro comercial de A Cubela el 26 de septiembre de 1986 y allí estaba Manuel Pombo Seoane, con el uniforme impecable para atender la barra y las mesas.

"Dos días antes hubo una inauguración para el personal. Uno antes, para más de mil personas, instituciones y alta sociedad. Y el 26 de septiembre a las diez de la mañana las puertas estaban llenas de gente. No habían pasado ni cinco minutos y ya teníamos clientes en la cafetería", recuerda Pombo.

Hoy el veterano camarero, a los 61 años y desde la placidez pausada del retiro, echa la vista atrás para cubrir de rigor y nostalgia su dedicación. "No hay un libro mágico que diga cómo tiene que ser un camarero. Yo creo que uno bueno es aquel que es sencillo y discreto, con una sonrisa y unas palabras amables siempre listas para el cliente", recalca junto al que hasta hace unos días fue su jefe, Fidel, también en la empresa desde aquel lejano 1986. "Nunca me olvidaré de una cosa que me dijo uno de mis primeros jefes para saber tratar a los clientes: que es igual de importante el que paga solo un café como el que se gasta 10.000 pesetas en una comida".

Esa máxima la aplicó Manuel Pombo en las más de tres décadas que ha pasado en El Corte Inglés y ante infinidad de clientes y consumidores. Porque su cafetería, pese a estar oculta a la calle, hasta noviembre de 2004 en la séptima planta y desde entonces en el sótano, siempre ha sido para él "un café como los de toda la vida", de los que crean costumbre y fidelidad y lazos de unión entre los dos lados de la barra. "No crea que he echado de menos estar en plena calle. Hemos tenido clientes muy fieles, alguno de venir todas las mañanas, otros una vez o dos a la semana, o dos veces al mes. El 80% son conocidos, que vienen solos o con sus familias a comer, o que no faltan cuando están en la ciudad en verano", cuenta.

Todos los alcaldes de la ciudad -"menos el último"- han pedido algo que tomar a Manuel Pombo. Y empresarios conocidos de la ciudad, de los que prefiere no dar nombres y guardarse anécdotas. Sí recuerda "la encantadora" impresión que le causó las veces que lo atendió el humorista y presentador de televisión Rody Aragón. Y se queda con "la especie de desafío" que mantuvo con un cliente molesto por haber sido atendido después de otro que se sentó en la mesa de al lado más tarde, pero con el que enseguida limó asperezas.

Compañeros y compañeras de cocina y barra, sus jefes más inmediatos y responsables de departamentos de otras plantas saludaron esta semana a Pombo, el camarero, en la visita que les hizo. Tenía 15 años cuando comenzó a trabajar en la churrería Leo, en Riazor. Semanas, meses y años pasó después en un restaurante en Suiza, en el bar Capri, en el Gasthof de la Marina, en el Delfos, en el Oxford. Y en El Corte Inglés, más de la mitad de su vida.

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