09 de junio de 2019
09.06.2019
Relevo en María Pita

La niña que "no jugaba al bastón de mando"

"Al principio lo veía casi imposible, nunca había tenido cargo, no había sido concejala, ni había gestionado. Una quimera". "De joven participaba en política como quien toca la guitarra o juega a fútbol, era una afición"

08.06.2019 | 23:04
Inés Rey, en el paseo marítimo.

A la pequeña Inés Rey la criaron con tres periódicos diferentes encima de la mesa. "Mi padre nos pedía que leyésemos los tres todos los días para formar nuestra opinión, para crear nuestro espíritu crítico y para despertar nuestra inquietud", cuenta la futura alcaldesa, ante un café con leche, en una terraza en la que los vecinos se paran a saludarla y le dan la enhorabuena, porque están acostumbrados a verla por el barrio.

Ella es la cuarta de cinco hermanos "muy unidos"„tres del matrimonio anterior de su padre y dos del segundo„ y, en su casa, siempre se habló de política aunque ni sus padres ni sus hermanos militan en ningún partido.

Ella lo hizo enseguida, primero en las Juventudes Socialistas y, en cuanto cumplió los 18, se hizo con el carné del PSOE, con el de conducir y con el de donante de órganos. A pesar de esa inquietud temprana por las decisiones que afectan a lo común, nunca se había imaginado, ni siquiera en sus sueños más ambiciosos, en el puesto en el que se encontrará el próximo sábado, 15 de junio.

"De pequeña no jugaba al bastón de mando", dice entre risas Inés Rey, que está en el camino de ser la primera alcaldesa elegida democráticamente de A Coruña, ya que cuenta con el apoyo de los dos concejales del BNG, a la espera de que lo confirme su asamblea la próxima semana, y también con el de los seis Marea Atlántica, que se sumarán a los nueve en los que se tradujeron los votos socialistas del 26 de mayo.

Confiesa que no tiene escrito el discurso de investidura, ni siquiera una línea, porque no le gusta adelantarse a los hechos y es miércoles por la mañana y, a pesar de que el alcalde en funciones, Xulio Ferreiro, ya dijo el martes que "no habría sorpresas" en la investidura sigue sin creerse del todo que su próximo despacho esté en María Pita. Tan solo unos días después, llegó la confirmación de A Rede, el máximo órgano de decisión de la Marea, que acordó decir que sí a la candidata socialista, aunque sin que eso implique entregarle un cheque en blanco, la misma matización que días atrás había hecho el BNG. Incluso con estos datos sobre la mesa, ayer por la tarde, Rey volvía a apelar a la prudencia y a la calma, así que, del discurso, nada de nada.

Siempre tuvo el apoyo de su familia en las aventuras en las que se fue metiendo, primero, como miembro del sindicato Iesga, después, en el partido socialista; más tarde, cuando fue de número dos al Senado, como candidata en las primarias el año pasado y, finalmente, en esta carrera por llegar a la Alcaldía. Eso sí, en su casa le dijeron siempre que tenía que terminar sus estudios de Derecho y hacerse un hueco en la profesión antes de dar pasos más serios en el partido.

En aquellos años de Universidad, en los que fue alumna de Xulio Ferreiro y de Xosé Manuel Carril „candidato del BNG a la Alcaldía en 2015„, participaba en política "como quien va al fútbol, como quien tiene un equipo de fútbol o toca la guitarra", como una afición a la que le gustaba dedicar su tiempo libre y el no tan libre.

Para cuando Rey se afilió al PSOE corría el año 2000 y en el partido sonaban todavía los ecos de los mítines de Felipe González, Alfonso Guerra o Alfredo Pérez Rubalcaba. Poco después, empezaron a sonar nuevas voces, como la de Carme Chacón, el nombre que a Rey le viene a la cabeza si piensa en "un referente" porque tuvo "la suerte de conocerla", de compartir convicciones y de trabajar con ella.

No fue solo por su imagen pasando revista a las tropas, como ministra de Defensa en 2008, cuando estaba embarazada, sino porque fue entonces cuando se dio cuenta de que se hacían realidad algunas cosas que, "hasta la llegada del presidente [José Luis] Rodríguez Zapatero", no eran más que teorías y promesas que siempre quedaban para otro momento, como el matrimonio homosexual, la Ley de Memoria Histórica o los gobiernos paritarios.

Rey, que nunca ha sido "mitómana para nada", defiende que, cuando su aventura política se acabe, sea en cuatro años o dentro de muchos más, tendrá "un lugar al que volver", tal y como le habían pedido sus padres y como ella le dirá a sus dos hijos si llega el momento de tener esa conversación.

Si busca entre sus recuerdos, Rey, que se acuerda de casi todo, no encuentra el momento exacto en el que decidió pelear por estar en el número uno de la papeleta socialista a las municipales. Y no lo encuentra porque no fue un detonante concreto, sino un cúmulo de informaciones y opiniones que acabó en ese resultado.

"Fue fruto de una reflexión muy profunda, compañeros que te lo empiezan a sugerir... Al principio lo veía casi imposible, pensaba: yo, que no tengo cargo, que no he sido nada, que no he sido concejala, no he gestionado... Me parecía una quimera, pero empiezas a comentarlo con amigos de fuera del partido, que tienen una visión de la realidad menos contaminada... Hay días que te ves, que estás muy animada y, al siguiente, ya no lo ves... Es ciclotímico el proceso", describe.

Hace dos años, cuando en un pasillo de Palexco presentó a la entonces precandidata a la Secretaría General del PSOE Susana Díaz la idea de ser alcaldesa ni se le pasaba por la cabeza. "¡Qué va!". Para entonces, los socialistas estaban en plena pugna y la andaluza defendía la abstención del PSOE en el Congreso para dejar gobernar a Mariano Rajoy y al PP, como contrapunto al "no es no" de Pedro Sánchez.

El día en el que tomó la decisión supo que no había vuelta atrás y que era, como dice la canción now or never. Tenía claro que, si no se lanzaba aquel octubre de 2018 a las primarias, cuando el partido estaba pasando por unas horas más que bajas, no lo haría ya más en la vida, así que, rebuscó entre sus recuerdos para sacar las mañas de antaño en los mítines, que solo había desempolvado en aquel acto en Palexco, y en la elaboración de un discurso ganador. El que la llevó a imponerse en la segunda vuelta a José Manuel García, cuando ya habían caído Juan Ignacio Borrego y Rafael Arangüena.

"No soy ninguna inconsciente ni tomo decisiones precipitadas, le doy muchas vueltas a las cosas, pero, cuando tomo una decisión, sigo con ella hasta las últimas consecuencias", confiesa. Es por ello por lo que, antes de lanzarse, tenía, como siempre, "todos los posibles escenarios en la cabeza" para saber reaccionar.

De aquellas primarias recuerda que hubo quien se refería a ella como "mitinera", como si "eso fuese algo malo". A ella, que no le da vergüenza hablar en público, describe que, según va notando "el calor de la gente", se va creciendo, y admite que, a pesar de lo diferentes que eran las ideas de sus compañeros de primarias, no se presentó contra nadie, sino para "recuperar la ilusión" de los votantes.

Su modelo se enfrentó al de García, para entonces portavoz del PSOE en María Pita y con muy poco tiempo en el partido, ya que entró de la mano de Mar Barcón como independiente en las listas de 2015. "Si fuese por tiempo de militancia ganaba yo, no habría ni primera vuelta", bromea Rey, que le reconoce a su compañero la labor en el Concello y en el partido.

Eran entonces tiempos muy complicados en el PSOE, aunque no haya pasado ni un año. En las porras, los más optimistas les daban cuatro concejales, un suelo que no habían tocado nunca en una ciudad que coleccionaba mayorías absolutas con Francisco Vázquez, el puño y la rosa. Pero el escenario empezó a cambiar con la moción de censura que erigió a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno el 2 de junio de 2018 y, más tarde, con las elecciones generales, el pasado 28 de abril, en las que los socialistas consiguieron remontar gracias a su discurso del voto útil para frenar a la derecha y la ultraderecha.

"Yo sabía que iba a ganar, pero se quiso crear un mensaje de que no iba a ser capaz de hacerlo y, de repente, lo hice. Entonces, nos resituamos todos porque no había ganado la candidata del aparato ni la del no aparato. Intenté que hubiese el mayor consenso posible dentro del partido y que las primarias no pasasen factura interna, que no hubiese nada insalvable. Sabía que conmigo no bastaba, que sola no iba a poder encarar unas elecciones municipales. Necesitaba al partido, necesitaba a los 525 militantes, me hubiesen votado o no, recuerda, mientras fuma un cigarrillo. Entonces, les dijo a sus compañeros, no solo que precisaba su trabajo, sino también que podían "salir a la calle con la cabeza bien alta", aunque reconoce que esos siete meses que separaron su elección de las urnas fueron "muy difíciles".

Porque un partido con más de un siglo de historia aglutina muchas sensibilidades, en la configuración de la lista entraron nombres, como el de la secretaria general de la agrupación local, Eva Martínez Acón, que la candidata no había puesto. ¿Para qué sirve entonces ser cabeza de lista si no se puede elegir al equipo con el que, quizá en el futuro, le toque gobernar? Inés Rey defiende que, para integrar y evitar heridas, aunque cree que eso no menoscaba su autoridad, ya que se siente "legitimada" para la toma de decisiones.

La primera a la que se enfrentó tras ser elegida en primarias fue a la de decir que no a los presupuestos presentados por Marea Atlántica para 2019 „y que siguen sin estar aprobados medio año después„. Sabía que se podía equivocar, pero la tomó igual, asumiendo que esa decisión podría ser penalizada en las urnas por la paralización de los proyectos que contenía el documento. Nunca sabrá cuánto pesó, como tampoco, cuántos votos socialistas se introdujeron en la urna pensando más en Pedro Sánchez y sus ministros que en ella y sus concejales.

De la visita del presidente del Gobierno en funciones a una comida con los militantes en plena campaña, no desvela los entresijos como de qué hablaron tras los discursos, cuando la prensa tuvo que recoger sus bártulos y se quedaron en el salón del hotel Meliá María Pita solo los afiliados que habían pagado los 22 euros que costaba el plato. Para entonces, Sánchez prometió que las puertas del Gobierno en Madrid estarían abiertas para la ciudad si Rey era alcaldesa y también la aprobación de un estatuto de grandes consumidores de energía que todavía no ha salido adelante. Aquel 9 de marzo, los trabajadores de Alcoa le esperaban con pancartas, del otro lado del paseo marítimo.

No fue ese día cuando supo que ganaría „aunque finalmente la superó Beatriz Mato por 399 papeletas, una diferencia un poco más holgada que la que consiguió con la Marea en 2015, cuando el recuento se cerró con 28 votos más para el PP„ sino la misma noche electoral, cuando los resultados estaban todavía muy apretados. Lo supo cuando vio que Ciudadanos estaba lejísimos de conseguir su segundo escaño.

Ella, que no es de ponerse nerviosa, reconoce que lo pasó mal por las expectativas que se habían puesto en ella. "Yo la presión la gestiono bien, pero ver a todos aquellos militantes, que venían de estar doce horas en el colegio electoral, que volvían con toda la ilusión... Mis padres, que estaban allí... Tenía la presión de que no podía defraudarles y me podía más la presión colectiva que la personal", relata. Al subidón de llegar a ser segunda fuerza y recuperar un poco del espacio perdido en la última década, siguió la realidad de tener que enfrentarse a que sus números, en solitario, como los de las demás fuerzas, no daban.

"Bajón solo te da si te comparas con Vigo", bromea Rey, porque en una ciudad con los mismos 27 concejales a repartir, su compañero Abel Caballero consiguió veinte. Así que, fue una noche en la que sí hubo alegría, pero no "euforia desmedida" porque no procedía y porque las urnas les habían acompañado, aunque solo un poco.

Durante la campaña solo soñaba "despierta" con el bastón de mando, porque su ilusión era ganar, pero acababa "tan rendida" que no se acuerda de qué pasaba cuando apagaba la luz. Ahora, esa tensión le pasa factura en forma de contractura y, aunque le duele todavía, se para con quienes le piden algún cambio para su barrio o su vida. Un empresario, por ejemplo, le dice que confía en ella para "dejar de esperar" por la licencia de su negocio.

Reconoce que es de esas personas que seguía los plenos en streaming y que, muchas veces, sintió cómo le subían los colores con lo que oía. Se aleja del tono bronco y no quiere malas palabras en su presencia así que, aunque no sabe qué le deparará la próxima legislatura, su objetivo es que la confrontación se quede a un lado, que el clima en María Pita sea de construcción y de crecimiento.

Para ello, primero, tendrá que ser investida el próximo sábado y, aunque no lo haya escrito, sabe ya que quiere acordarse de María Pita y de los techos de cristal que se rompen a su paso y tiene claro que no dirá ni en ese discurso ni durante el mandato, nada con lo que no se sienta identificada. "Cuando hablo es porque pienso lo que digo, porque estoy convencida de ello. Nunca me han pedido que diga algo en lo que yo no creo, además, saben que me lo pueden pedir, pero que no lo van a conseguir. Soy tan transparente que se me notaría un montón", resume y cuenta que no se ha arrepentido nunca de haberse presentado a esas primarias y no se le pasa por la cabeza la posibilidad de que, desde dentro, torpedeen su mandato, aunque haga bromas con Juego de Tronos.

"Lo dije entonces y lo digo ahora, somos socialistas porque somos valientes", recuerda. No le gusta hablar de fracaso, pero para Rey, sería un mal balance que alguien piense que "no se ha gobernado para todos" tras cuatro años en María Pita. El tiempo dirá si ha conseguido todo lo que proponía y si ha cumplido las expectativas puestas en ella y en esta oportunidad.

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