21 de julio de 2019
21.07.2019
La ciudad que viví

El coruñés que diseñó el paseo marítimo

Al terminar los estudios de Ingeniería de Caminos me destinaron a Costas, donde trabajé en los paseos desde Orillamar a O Portiño, la ría de O Burgo y las playas de Santa Cristina y Riazor

20.07.2019 | 20:10

Nací en la plaza de Portugal, donde viví hasta los cinco años, edad a la que mi familia se trasladó a la avenida de Finisterre, frente a la Imprenta Roel, donde estuvimos un año, ya que luego nos fuimos a vivir a Muxía porque mi padre, Eduardo, quien era médico militar, dejó el Ejército para ejercer de forma privada en Muxía, donde había nacido.

Recuerdo que atendía a todos los necesitados y que él mismo les pagaba los medicamentos, por lo que durante los tres años que pasó allí fue muy valorado, hasta el punto de que cuando se jubiló, el Ayuntamiento le dedicó una calle en el paseo del Coido, que yo tuve la honra de diseñar como ingeniero, por lo nunca olvidaré el homenaje que le hicieron.

Mi padre fue después entrenador del Deportivo durante varios años y posteriormente la familia nos trasladamos a Costa Rica, donde mi padre fue médico y entrenador del Herediano, equipo de fútbol que ganó el campeonato nacional, por lo que luego fue seleccionador nacional. Siempre me llevaba con él a los partidos, por lo que en esos años pude conocer a futbolistas famosos como Pepe Garrincha, Di Stefano y Gento, además de otros muchos del Madrid y del Santos, ya que fueron a jugar a Costa Rica, por lo que lo pasaba fenomenal viendo aquellos partidos desde el mismo banquillo con mi padre.

Cuando yo tenía once años la familia regresó a esta ciudad y de nuevo fuimos a la avenida de Finisterre, donde vivía mi tío Luis. En los años siguientes nacieron el resto de mis diez hermanos, algunos de ellos en diferentes ciudades españolas, ya que mi padre entrenó en los años siguientes a diferentes equipos e incluso llegó a ser seleccionador nacional español.

Al volver aquí estudié en el colegio Dequidt y luego hice la carrera de Ingeniería de Caminos en Madrid, aunque en verano venía aquí para disfrutar de las vacaciones con amigos como Manolo Roldán, Luis Vendrelle, Manuel Míguez, Salvador y Álvaro García. Cuando hacíamos guateques, yo era el discjockey, ya que en mi casa había un tocadiscos y me lo llevaba para hacer estas fiestas. A veces íbamos a los bailes de Sada en el tranvía Siboney, con el que también íbamos a Cecebre, y en ocasiones hacíamos lo posible para el cobrador no nos viera y así ahorrarnos unas pesetas que nos venían muy bien para tomarnos unas tapas en una cafetería. Nuestro establecimiento preferido en el centro era el Compostela, donde nos tomábamos unas tapas de tortilla y choupa que acompañábamos con unos buenos vinos andaluces.

Con dieciocho años conocí a quien luego sería mi esposa, Rosa Veloso, que era conocida de mi hermana Rosa y que me gustaba tanto que cuando nos hicimos novios le prometí casarme con ella en cuanto terminara los estudios, lo que hicimos cuatro años más tarde en la iglesia de San Jorge, tras lo que tuvimos dos hijas, Rosa y Elvira.

Después de casarme aprobé las oposiciones para el Cuerpo de Ingenieros del Estado en el Ministerio de Obras Públicas y mi primer destino fue en mi propia ciudad en la Demarcación de Costas, donde proyecté los paseos marítimos desde Orillamar hasta O Portiño, el de la ría de O Burgo y las regeneraciones de las playas de Riazor y Santa Cristina, así como en la restauración de la Torre de Hércules. Guardo un gran recuerdo de esos años de mi vida profesional, que sirvieron para hacer una Coruña más bonita y moderna.

En la actualidad sigo ejerciendo como funcionario del Ministerio de Fomento, en el que dirijo la ampliación del puente de A Pasaxe, y formo parte de la Orden de Caballeros de María Pita. También me dedico a escribir poesía dentro de un grupo poético hispanoamericano, uno de cuyos miembros es Luis Antonio de Villena.

Testimonio recogido por Luis Longueira

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