11 de agosto de 2019
11.08.2019
Borja Quiza, barítono, el lunes 12 en María Pita con la Orquesta Gaos

"El cantante ha quedado relegado al último escalón de la pirámide de la lírica"

"Necesitaría diez vidas para hacer todo lo que querría hacer". "Odio encasillarme"

10.08.2019 | 21:17
El barítono Borja Quiza, en la Ciudad Vieja.

Fue viendo al bajo-barítono Carlos Chausson en la piel de Don Giovanni cuando Borja Quiza se dio cuenta de que su lugar estaba el escenario. "Fue un momento de iluminación. Dije: 'Yo quiero hacer lo que hace este hombre", recuerda el cantante coruñés, que forjó su voz desde niño en agrupaciones como el Coro de la Sinfónica de Galicia. A sus 37 años, el barítono se confiesa hoy en un momento "dulce", en el que comienzan a llegarle nuevos retos profesionales. El lunes a las 22.00 horas, regresará a casa para dar un recital junto a la Orquesta Gaos, dirigida por Fernando Briones y acompañado por la soprano Carmen Solís.

¿Cómo le trata la escena?

Estoy muy contento. Esta temporada he hecho tres roles principales, Los Pescadores de Perlas, La Calisto y El Barberillo de Lavapiés. Después de la crisis, que la notamos mucho en el mundo de la lírica, parece que vuelve todo a la normalidad. Y la voz evoluciona bien, uno va afrontando nuevos personajes con diferentes colores y madurez psicológica.

¿Qué rol le ha hecho madurar más como artista durante estos años?

[Silencio prolongado] Cada uno te aporta cosas diferentes, pero probablemente el Fígaro de El Barbero de Sevilla, que es el rol que más he cantado en mi carrera. Además, es un personaje con el que conecto especialmente. Siempre digo que Fígaro es muy parecido a Borja.

¿En qué coinciden?

En el carácter. Fígaro es muy enérgico, positivo y social... Y yo soy muy así. Es el rol que más puertas me ha abierto y que más satisfacciones me ha dado.

Gran parte de su trayectoria ha estado asociado a ese perfil de personaje cómico. ¿Llega un punto en el que es difícil salir de la zona de confort?

Sí que es cierto que siempre se ha destacado de mí la parte actoral, y fundamentalmente en roles cómicos. Pero ahora la voz me está llevando a roles más dramáticos, y me gusta esta transición que estoy haciendo. Aunque, cada vez que uno aborda un rol nuevo, tiene que afrontar lo que va a esperar el aficionado. Dónde está el listón, y si vas a estar a ese nivel...

¿El ojo público no descansa?

Es el problema de la lírica, el nivel de exigencia y de prejuicios. No somos mainstream, pero el de la ópera es un público exageradamente crítico. En otros géneros, se permite alguna imperfección. A nosotros nos está esperando todo el mundo con la escopeta a que fallemos una nota, porque va a ser lo que comentarán al día siguiente.

¿Cómo convive con algo así?

Nosotros somos conscientes, pero psicológicamente es duro. Mi trabajo conmigo mismo es intentar romper todo el rato con eso, porque al final un artista es alguien que no tiene que parecerse a nada, sino dar su interpretación personal de una pieza. Pero es difícil, porque gustar es lo que nos da contratos.

Usted los tiene cada vez más en ópera, frente a su repertorio de zarzuela. ¿Nota más prestigio cuando acomete un rol operístico?

Desgraciadamente sí, porque la gente la valora más. Esto es algo muy típico español, menospreciar todo lo que sea nuestro. Por el mero hecho de que la zarzuela es exclusivamente española, siempre va a valer menos que la ópera. Pero es ridículo. Hay zarzuelas y óperas buenas y malas, y una producción enorme...

No tanto en la lírica. Al menos en A Coruña parece que cojea...

Aquí ha habido una terrible confluencia de realidades en los últimos años que han afectado duramente a la lírica. Hay que partir de que es un espectáculo que no se paga con la taquilla, con lo cual tiene que estar subvencionado. Pero depende de qué partido político maneje cada una de las instituciones... Si capitalizamos en votos, que es lo que suelen pensar los políticos, la lírica no les compensa. Sin embargo, si luego hay que gastarse 3 millones de euros en un partido, no pasa nada.

¿Por eso fracasaron los intentos de crear una temporada lírica estable?

Hubo un intento, pero se canceló de una manera un tanto extraña. Y han ido reduciendo el dinero más cada año. A Coruña existe en el mapa internacional de la lírica, tenemos los mismos repartos que el Metropolitan de Nueva York. Pero la dirección artística aquí no quiere forzarse a hacer dos títulos que no tengan el nivel que ha tenido siempre, prefieren hacer uno solo.

Este año, será el Don Giovanni, que usted rodó con Carlos Saura. ¿Acabó siendo tan determinante para su carrera aquel trabajo como podría parecer?

Fue determinante para mí como artista. Lo que pasa es que fue una película un poco gafada en su estreno. Uno de los productores tenía un problema de embargos y no se pudo estrenar en España. Con lo cual, no pude disfrutar de la repercusión de la película, porque no la tuvo.

Supuso sumar el cine a sus lenguajes... ¿La adaptabilidad ha sido clave en su trayectoria?

Sí. A los puristas yo les rompo los esquemas, porque odio encasillarme. Pero es que siempre me han gustado muchas cosas.Tengo una angustia vital, porque necesitaría diez vidas para hacer todo lo que querría hacer. Estudié música, idiomas, danza, teatro... Y fue un momento de iluminación darme cuenta de que la lírica es un trabajo en el que confluye todo.

Subió a escena muy joven, ¿no hubo quien tratara de decidir su camino?

[Duda] A mí eso me pasa todos los días. Porque el cantante ha quedado relegado al último escalón de la pirámide de la lírica, cuando en el fondo es el que más sabe de lo que va a hacer. Por eso muchas veces te proponen locuras, porque se ha creado una especie de pleitesía, y uno a en ocasiones puede confundirse. Yo creo que el truco está en tener un criterio propio, para poder decir sí o no a las cosas. Al final, es muy fácil opinar del resultado, pero subirse a un escenario a hacer lo que hacemos es algo muy complejo.

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