29 de septiembre de 2019
29.09.2019
La ciudad que viví

La niña que vivía junto al río de Montes

La casa de mi familia estaba en Monelos, entonces una zona rural en la que las viviendas todavía no tenían agua corriente, por lo que los vecinos teníamos que cogerla de la fuente del barrio

28.09.2019 | 19:21

Nací en la calle Montes, en el barrio de Monelos, cuando en aquella época todos los alrededores estaban poblados de casas pequeñas en las que vivían personas que trabajaban el campo. Por mi casa pasaba el río de Montes, que tenía su fuente y lavadero, donde los vecinos iban a la lavar la ropa y a buscar agua para las casas, ya que todavía no había traída en el barrio.

Mi familia la formaban mis padres. Sara y Juan, y mis hermanos Ricardo, Rogelio y Dolores. Mi padre trabajó en la Estación del Norte descargando los vagones de vino, aceite y loza que llegaban allí, mientras que mi madre se dedicó a las labores de la casa. Mi primer colegio fue el don Ramón, en A Gaiteira, donde estuve cinco años, tras lo que pasé al de Santa Lucía, en la iglesia del mismo nombre, en el que estuve hasta los once años, edad en la que me puse a trabajar.

Mi primer empleo fue en la fábrica de jabones situada en lo que hoy es el instituto de A Sardiñeira, donde también había una fábrica de aceite y otra de conservas. Después de varios años allí pasé a la fábrica de caramelos de Morgade, en la Cuesta de la Unión, donde estuve tres años hasta que entré en La Artística, en Meicende, hasta que cerró. Entonces comencé a trabajar en la conservera Riazor, en O Montiño, que solo funcionaba en las temporadas en que había mucho pescado. Cuando me casé, pasé a trabajar como empacadora de pescado en el almacén de Pilarita en el muelle de A Palloza hasta que tuve mi primer hijo, ya que a partir de entonces me dediqué al cuidado de la familia.

Mis primeras amigas fueron todas de Monelos, O Montiño y O Castrillón, como Morocha, Mari Carmen, Elena, Olga, Isabel y María. En la casa de esta última solíamos jugar muchos días recortando mariquitas de papel y trajes con recortables.

Los domingos y festivos pasábamos el rato en la panadería de Albino, en O Montiño, quien siempre nos ponía música con la que nos poníamos a bailar. Una de nuestras diversiones era ir al cine, sobre todo a las salas Monelos y Hércules, en los que trabajaban mi madre y mi tía Maruja como limpiadoras, por lo que muchas veces pasaba gratis. En la edad del pavo íbamos en pandilla a bailes como los de Santa Lucía, La Granja y el Finisterre, mientras que en carnavales lo hacíamos al Saratoga, en Monelos. Cuando empecé a trabajar, en verano iba a El Seijal, ya que me gustaba mucho el baile.

También iba mucho al centro a visitar a mi abuela Dolores, que vivía en la Ciudad Vieja, para pasar varios días con ella y aprovecharme de que tenía agua corriente, ya que en la nuestra no había y teníamos que bañarnos en una tina, como la mayoría de nuestros vecinos. Me casé y el año pasado cumplimos las bodas de oro. Tengo cuatro hijos y ya tengo una nieta llamada Samara.

En verano nos gustaba ir a las fiestas de Monelos, A Gaiteira y Os Castros, que se celebraban al mismo tiempo, por lo que cada uno de los barrios competía porque fueran mejores que las de los otros. Cuando bajábamos a pasear por las calles del centro en pandilla, si no teníamos dinero nos dedicábamos a contar calvos por la calle, y si teníamos algunas monedas, parábamos en cafeterías como Otero, Victoria, Madrid o Pacovi.

Testimonio recogido por Luis Longueira

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