03 de octubre de 2019
03.10.2019
Julián Moreno

"En Totalán nos dimos cuenta de que todos nos podemos coordinar por un fin común"

"El coste de un detector de humo es bajo y nos puede salvar la vida" || "Con las redes sociales tenemos más facilidades para adquirir buenos hábitos, pero también malos"

02.10.2019 | 22:43
Julián Moreno, ayer, en el parque de Bomberos.

El jefe del operativo del rescate del pequeño Julen, Julián Moreno, participó ayer en las jornadas de apertura de la Semana de la Prevención de Incendios. Aboga por la coordinación y por avisar, ante cualquier urgencia, a los servicios de emergencia.

¿Cómo de importante es la coordinación entre equipos de rescate y emergencias para que las operaciones salgan bien?

Es fundamental, es uno de los pilares básicos del rescate, tanto con personal del equipo específico como de otros estamentos, Guardia Civil, Bomberos, Protección Civil, 112... Es fundamental.

¿Cómo consiguen que las familias se mantengan al margen de una situación límite como que hayan perdido a uno de sus miembros y no lo encuentren o que no sepan si está vivo?

Para eso tenemos que coordinarnos los servicios de emergencia con los psicólogos especialistas en este tipo de intervenciones. Acuden al lugar para tranquilizar en lo posible a los familiares que están viviendo una situación dramática.

¿Es importante que los familiares y los amigos o vecinos, en un caso de desaparición, por ejemplo, participen en las búsquedas?

Lo importante siempre es poner en antecedentes a los servicios de emergencias, ya que ellos tienen medios para localizar a la persona desaparecida lo más rápidamente posible, también tienen que poner todos los medios a su disposición para tranquilizar a los familiares.

Con un rescate tan complicado y del que se retransmitieron todos los pasos, como el del niño Julen, en el pozo de Totalán, ¿qué se aprende?

Nos dimos cuenta de la capacidad que tenemos todos los equipos de emergencias de coordinarnos cuando hay un fin común, en este caso, el rescate de Julen. No es fácil coordinar a las 300 personas que estábamos allí actuando pero, en todo momento, hubo una cordialidad máxima con todos los servicios de emergencias.

¿Cómo les afectó que fuese un caso tan mediático, que se desplazasen hasta allí los medios para contar el segundo a segundo de la operación?

Nosotros entendíamos que los medios tenían que hacer su trabajo pero también pedíamos que a nosotros se nos respetase el espacio para poder actuar lo mejor posible dadas las circunstancias. Salvo algún medio que marcaba la nota discordante, la mayoría se portó correctamente con nosotros.

Su presencia en la ciudad está enmarcada dentro de las actividades de la Semana de la Prevención de Incendios, ¿qué cosas se hacen en casa que nos pueden poner en peligro y qué podemos hacer para corregirlas?

Hay muchísimas, pero me centraré en dos: Cuando haya un incendio o un conato de incendio, lo importante es dar aviso rápidamente y cerrar todas las puertas que podamos, porque parece que no, pero eso facilita que el fuego no se extienda. Otra cosa es que pongamos detectores de humo. Hay que hacer una campaña para poner más detectores de humo porque, mientras estamos durmiendo, puede pasar algo y no nos damos cuenta y esto nos alerta. Es algo que recomiendo cada vez que puedo. El coste es muy bajito y los beneficios que tiene son muchísimos, nos puede salvar la vida.

En A Coruña, además de las emergencias por incendios, hay muchas intervenciones por el mar, ¿cree que la población es imprudente o simplemente ignora el peligro?

A ver, ¿quién no ha hecho nunca una imprudencia? Pero tenemos que ser conscientes de que hay ciertos riesgos que no debemos asumir, sobre todo, cuando somos adultos, ya que somos modelo para los menores que nos ven. Por nosotros mismos, por nuestra seguridad, no merece la pena que nos pongamos en peligro.

Actualmente, ¿están más concienciadas las nuevas generaciones de cómo actuar en un caso de emergencia que sus padres o sus abuelos?

Tenemos más medios que hace años, ahora con las redes sociales es muy fácil adquirir buenos hábitos, aunque también malos. Los centros educativos pueden hacer mucho para que los jóvenes tengan una percepción del riesgo.

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