20 de octubre de 2019
20.10.2019
Concha Sánchez Blanco

"Los padres no debemos ser 'managers' de nuestros hijos sin dejarles ser ellos mismos"

"El activismo infantil ha de ser parte de la vida de los escolares para que defiendan sus derechos" || "Las reparaciones tienen más relación con los daños, no los castigos"

19.10.2019 | 22:48
La profesora de la UDC Concha Sánchez Blanco.

La educación de nuestros hijos evoluciona al ritmo de casi todo cuanto sucede en el entorno. Las investigaciones en educación de Concha Sánchez Blanco, profesora de Didáctica de la Universidade, se centran en los cuidados a los menores, su integración en las aulas y en la sociedad y su desarrollo personal en contacto con sus familias y educadores. Tras participar en una jornada de divulgación científica de un ciclo de la institución académica, promulga el "activismo infantil". "A los niños no les podemos encerrar en un azucarero y resolver por ellos", defiende

¿En qué aspectos sobre la educación de los niños conviene investigar hoy en día?

El desafío se encuentra en generar una investigación capaz de desentrañar las situaciones de injusticia que los niños y niñas viven dentro y fuera de los escenarios escolares para arremeter contra ella, contribuyendo con el conocimiento que se genera a construir espacios educativos donde sus derechos no solo son reconocidos, sino que también facilitan que los menores construyan una conciencia alrededor de los mismos. El activismo infantil ha de formar parte de la vida de los escolares. No les podemos encerrar en un azucarero y resolver por ellos, ignorándolos. Han de comprometerse con la defensa de sus derechos. Niños y niñas del mundo lo han hecho y lo siguen y seguirán haciendo. Pensemos en Greta Thunberg que como niña denuncia cómo estamos arruinando un planeta en el que peligra el que puedan desarrollar su vida las nuevas generaciones.

Es un ejemplo visible. ¿Y sobreexplotado?

No podemos permitir que el mercado se adueñe de tales iniciativas infantiles y las transforme en mero espectáculo para adornar campañas políticas o vender los más variopintos productos y marcas. Debemos proteger las iniciativas de los niños y sus particulares percepciones y relatos del mundo desde las edades más tempranas

¿Qué entornos son adecuados para una educación acertada?

Me va a permitir romper una lanza a favor de los cuidados. A menudo se olvida que los cuidados corporales, como comer o dormir, la higiene o ir al baño, ocupan un lugar esencial. Cuidar del cuerpo de nuestros escolares resulta esencial pues todos sus aprendizajes están encarnados; es decir, son posibles gracias a una corporeidad que ha de ser motivo de preocupación para cualquier educador que se precie de ser tal. Una escuela que ofrece comida saludable a los escolares; que cuida de los aseos y respeta las necesidades infantiles o que considera la necesidad de niños de descansar, de moverse, es una escuela que respeta el cuerpo de nuestros niños y, con ello, ellos mismos aprenden a respetarse.

¿A qué norte debe apuntar esa educación?

A la lucha contra la injusticia y la búsqueda de la equidad. Ello significa actuar conforme al presupuesto de que todos los niños tienen los mismos derechos, cualesquiera que sean sus orígenes y/o sus características, y han de ser respetados. Cae dentro de la barbarie pensar y actuar conforme a la idea que los niños españoles tienen más derechos que aquellos que son hijos de emigrantes o de refugiados. La falta de inversión económica en la educación pública por parte de los gobiernos produce este tipo de ideas monstruosas que nos sitúan del lado del racismo.

¿A qué peligros se enfrenta la educación de nuestros hijos?

Lo que no puede ser es que la escuela se vea sometida a la innovación espectáculo como reclamo pedagógico de franquicias y demás negocios sobre educación. La escuela no está para producir espectáculo, ni para entretener, por más que haya centros escolares que alineados en el marketing de la educación se hallen empeñados en producirlos para publicitarse y convertirse en una especie de influencers para otros centros, que sometidos a la condición de followers, producen rentabilidad económica. Es entonces que la innovación deviene en marca, dejando de ser educativa porque su finalidad es la venta de un producto.

Diálogo, recomendación, consejo, imposición, ejemplo, castigo. ¿Debe y puede convivir todo ello en la educación?

Yo insistiría en las reparaciones, no en los castigos. Las reparaciones guardan estrecha relación con los daños causados, los castigos no. Los niños y niñas deben ser conscientes de que sus acciones tienen consecuencias de las cuales han de sentirse responsables. Por ejemplo, acompañar a beber agua a un pequeño que ha sido empujado en una pelea y que se halla muy nervioso; presenciar cómo se cura una herida que se ha causado en un enfrentamiento y participar llevando el algodón o las tiritas; limpiar la pared que se ha ensuciado con las patadas propinadas; arreglar el juguete que se ha tirado al suelo en un enfado.

¿Qué derechos de los niños necesitan mayor protección?

Todos son igualmente valiosos y en el futuro veremos emerger otros que ahora no están recogidos. Hemos de investigar y trabajar para que sean respetados en todos los ámbitos, desde la familia, a la escuela, la calle... En realidad, los derechos de la infancia es una construcción cultural, pero hoy por hoy es lo que tenemos para apoyarnos en la defensa de los niños y niñas del mundo. Proteger sus derechos implica proteger también los derechos de sus familias, de sus maestros y maestras, de sus educadores y educadoras.

¿Qué aspectos de los hijos descuidamos los padres como educadores que somos

Yo diría que hay un gran peligro cuando se secuestra su tiempo, obstaculizando su vida como niños que son. No podemos manipularles, instrumentalizarles para que rindan en todos los sentidos, entre ellos como consumidores. Pero ojo, también los podemos hipercontrolar, sin dejarles espacio alguno para hacer con su tiempo lo que deseen, incluso aburrirse. No podemos acabar convertidos en una especie de managers de nuestros hijos e hijas, de jefes, y correr con ellos de una actividad a otra pensando que estamos ganando un tiempo valiosísimo, procurándoles todo un sinfín de actividades, proyectando en ellos nuestros deseos no cumplidos, nuestras frustraciones, sin dejarles ser ellos mismos.

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