23 de octubre de 2019
23.10.2019

Un hombre agrede a una frutera de Marqués de Pontejos por vender peras de Lleida

El agresor entró en el almacén y le exigió que retirase de las estanterías la mercancía

23.10.2019 | 21:04
Un hombre agrede a una frutera de Marqués de Pontejos por vender peras de Lleida

Un hombre de unos setenta años, complexión fuerte, alto y de pelo blanco entró ayer en la frutería de Marqués de Pontejos para exigir a su dueña, Sandra Castro, que retirase de sus estanterías unas peras que tenía a la venta procedentes de Lleida.

"Yo estaba en el almacén, y ya me llamó la atención porque él entró y nadie lo hace y me dijo: '¿me vienes aquí afuera?' y yo pensé que tenía mucha prisa, ya salí, me puse el guante y me empezó a decir que tenía fruta de Cataluña y que la retirara. Él me mandaba retirar la fruta", relata Castro que, aún con una marca en la nariz, despachaba en la tienda. "Él me repitió que retirase la fruta y yo le dije que no me molestase y que me dejase vender fruta y, entonces, me hizo un corte de manga pegado a la cara", recuerda.

Fue entonces, cuando los hechos dejaron de ser una anécdota, una de tantas otras de las que recuerda haber vivido castro. "Yo me rebelé, salí del mostrador y fui hacia afuera, por lo que me pudiese pasar y volvió. Yo ahí ya no me acuerdo de qué me dijo, me volvió a hacer otro corte de manga en la cara y le dije que esto no iba a quedar así, que iba a llamar a la Policía y que le iba a sacar una foto por tratarme así", cuenta Castro, en su negocio de la calle Marqués de Pontejos.

Fue entonces cuando ambos salieron de la tienda, ella le sacó una foto y, en ese momento, él la golpeó, al menos, según recuerda, "dos veces en la cabeza", le quitó el móvil y la agarró del brazo muy fuerte. Castro lamenta que, a pesar de que gritó y de que pidió ayuda y que llamasen a la Policía, nadie salió a socorrerla, a pesar de que eran las 13.45 horas. Nadie acudió en su ayuda, hasta que llegó un chico que increpó al hombre y medió para que el agresor le devolviese el teléfono. Castro no conocía de nada ni al joven, al que le gustaría agradecer su acción, ni al agresor, aunque la peluquera le contó que le había cortado el pelo "un par de veces".

Castro está "con el susto en el cuerpo", ya que piensa que, en cualquier momento, el hombre puede volver a entrar en el negocio y agredirla.

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