crítica
Veinte horas magistrales
Julio Andrade Malde
Amigos de la Ópera ha tenido un enorme acierto al crear en A Coruña un curso de interpretación vocal. Jóvenes cantantes de diversos países han venido a nuestra ciudad para recibir las clases magistrales de tres grandes maestros italianos: el siempre recordado Alberto Zedda y dos sopranos extraordinarias: Renata Scotto y Mariella Devia. Este año, tras un riguroso proceso de selección que realizó la propia Devia, participaron en el curso ocho jóvenes intérpretes: cuatro gallegos (Helena Abad, María Lueiro, Patricia Rodríguez y Alberto Miguélez), dos valencianas (Tanya Durán y Laura Cruz), una dominicana (Natalie Peña-Comas) y una serbia (Lidija Jovanovic). En el concierto final participaron todos los alumnos, salvo la coruñesa, Helena Abad, aquejada de una indisposición. El curso se desarrolló entre los días 21 y 25 de Octubre a razón de cuatro horas diarias; es decir, un total de veinte horas. En un tiempo tan breve, Mariella Devia realizó una impresionante labor que cristalizó en un espléndido concierto final que transcurrió entre ovaciones y bravos de un público entusiasmado. La soprano Laura Cruz, soprano lírica con coloratura, posee un timbre incisivo, squillante, agudos espléndidos, muy bien apoyados, y facilidad para las ornamentaciones; cantó Idomeneo, de Mozart, y La fille du régiment, de Donizetti. También es una soprano lírica con coloratura Tanya Durán; su timbre es más aterciopelado, menos brillante pero más redondo; los agudos enmascarados son de una gran belleza; cantó arias de Las bodas de Fígaro, de Mozart, y de Lucia de Lammermoor, de Donizetti. Lidia Jovanovic posee el color de voz de una espléndida contralto, cuerda poco habitual y muy buscada; lució un soberbio registro grave y notable capacidad para la ornamentación vocal en Radamisto, de Haendel, y Evgueni Oneguin, de Chaikovsky. Alberto Miguélez, contratenor coruñés, realizó dos actuaciones memorables con Haendel: en Rinaldo mostró la calidad e igualdad de su centro, y en Orlando, un asombroso despliegue de coloratura. María Lueiro, también coruñesa, posee una encantadora voz de lírica; se decidió por Massenet y cantó deliciosamente Werther y Manon. A Patricia Rodríguez le va muy bien el repertorio lírico-dramático; estuvo espléndida en La Rondine, de Puccini; su voz y sus dotes interpretativas han experimentado un notable crecimiento. Natalie Peña-Comas es una lírica estricta, de voz bella, sin aristas; no es extraña su predilección por Puccini: La bohème y el dulce personaje de Liú, en Turandot. Al final del concierto todos los intervinientes junto con Mariella Devia recibieron un gran homenaje del público: muchos aplausos y exclamaciones de entusiasmo. Ludmila Orlova manifestó su versatilidad para abordar un variado repertorio y su ductilidad para acompañar a los cantantes.
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