09 de enero de 2020
09.01.2020

Un joven coruñés muere abatido por la policía filipina en una operación antidroga

Los servicios de seguridad afirman que era un traficante y disparó a los agentes || Sus allegados denuncian un "montaje" y exigen al Consulado español que se investigue

08.01.2020 | 22:05
Foto del local La Sala, uno de los que poseía Diego Bello.

La policía de Filipinas abatió ayer a un joven coruñés de 32 años, Diego Bello Lafuente, durante una operación contra los narcóticos en la isla de Siargao. De acuerdo con la policía, el joven era un "traficante de drogas de alto valor" al que se le encontraron encima diez gramos de cocaína y 30.000 pesos filipinos en billetes marcados, y disparó a los agentes cuando iba a ser detenido, por lo que la operación fue "en legítima defensa". Fuentes del entorno del fallecido afirman, por el contrario, que fue un "montaje" para justificar una ejecución realizada por "encargo", y que el muerto era un empresario de éxito sin conexión con el narcotráfico.

De acuerdo con la versión de las autoridades del país asiático, Diego Bello Lafuente fue abatido en una operación contra su domicilio en la que participaron varios cuerpos de seguridad. Según el capitán Vicente Panuelos, que dirigió la actuación, habrían observado al fallecido vendiendo droga: "Justo tras el intercambio de dinero y cocaína hemos detectado a hombres aproximándose a él y ha sacado su pistola del calibre 45 y ha empezado a dispararnos". Diego Bello fue acribillado. Al llegar al hospital, los médicos certificaron su muerte.

El coronel Adolph Almedra, director de la Policía en la provincia donde ocurrieron los hechos, afirmó que Bello estaba considerado como el "número uno" en el mundo de la droga en la región.

El ministerio de Exteriores de España ha rehusado realizar declaraciones acerca de este asunto, señalando que "el tema está sometido a investigación".

"ASESINATO" Y "MONTAJE POLICIAL"

Un amigo del fallecido que estuvo con él recientemente en Filipinas y que ha enviado un escrito al cónsul de España en Manila afirma que la muerte del coruñés Diego Bello Lafuente se realizó de forma "injusta' y señala que podría haber "seguido las órdenes de alguna persona con mucho poder a la que Diego y el éxito de sus negocios perjudicaban". El muerto, que se había asentado hace dos años en la isla de Siargao, gestionaba junto con socios locales un hostal, una tienda y marca de ropa y un local de comida española, entre otros proyectos, pero, afirma, no tenía relación con el negocio de la droga ni con las armas.

Aunque pide "cautela", este allegado, que prefiere mantener el anonimato, afirma que el móvil de la muerte habría sido eliminar a un competidor o hacerse con la propiedad de sus empresas, situadas en una zona de gran tráfico turístico y vinculada al mundo del surf, en el que Diego Bello tenía experiencia.

Según señala, a lo largo del día de su muerte el fallecido habría visto rondar a personas que le parecieron sospechosas. Decidió irse a su casa y los policías "le dispararon a la entrada" en un acto que califica de "asesinato" y "ejecución". En la petición enviada al cónsul general de España en Filipinas, pide a las autoridades españolas que, además de agilizar la repatriación del cuerpo, presionen para"esclarecer" la muerte.

Diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos han acusado a la policía filipina de falsificar pruebas para justificar ejecuciones en el marco de la guerra contra las drogas iniciadas hace tres años, que, según algunas estimaciones, ha causado unas 30.000 muertes, la mayoría a manos de la policía. El Estado filipino reconoce 6.600 víctimas.

En parecidos términos se expresa César Dans, amigo "de toda la vida" de Diego Bello y también dedicado al surf. Dans, que también visitó a su amigo en Filipinas hace unos meses y tiene conexiones con parte de sus contactos en el país asiático, afirma que la policía mató a su amigo y le "puso una pistola en la mano" . "Nunca en su vida tuvo contacto con las drogas", afirma Dans, que señala que sería absurdo que Bello se dedicase a traficar en Filipinas, donde las penas son muy duras.

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