21 de febrero de 2020
21.02.2020

Adiós al mejor tándem antidroga

El guía canino Dionisio y su perro detector de narcóticos 'Maxi', que en el último año ha descubierto 20 kilos de heroína y 31 positivos, se despiden de la Guardia Civil

20.02.2020 | 20:13
Adiós al mejor tándem antidroga

Hay amistades que son para toda la vida, y la de Maxi y Dionisio Ribadas, Dioni, es una de ellas. Sus caminos se encontraron a las puertas de la jubilación, cuando al guía de la unidad cinológica le quedaba un año y medio para entrar en la reserva, y Maxi, el perro antidrogas, estaba con una patita dentro del retiro. Desde entonces no se han separado ni un día. Ahora, enfrentan juntos el último mes de servicio. "Llevo toda la vida trabajando en la Guardia Civil, y me marcho con muchísima pena. Para mí es uno de los trabajos más bonitos del mundo, y lo que me ha pasado últimamente con Maxi ha sido un regalo", cuenta el guía.

Dioni llevaba casi dos décadas fuera de la unidad cinológica, pero regresó hace un año y medio, cuando solicitó una vacante en A Coruña. Fue entonces cuando conoció a Maxi, un perro de la Escuela del Pardo que ya tenía diez años y estaba a punto de jubilarse, ya que había mordido a su anterior guía. "Me puse a trabajar con él durante una semana, y enseguida vi que tenía muy buenas actitudes. Solicité que volviese a estar en activo conmigo, y me lo pusieron como perro oficial", recuerda.

Desde su encuentro, Maxi y Dioni no han parado de acumular éxitos. El último de ellos tuvo lugar este martes, cuando gracias al olfato del can la Guardia Civil logró detener a dos mujeres que trataban de introducir droga en la cárcel de Teixeiro. "Con este ya suma 31 positivos en un año y medio, y todavía le queda un mes y una semana de servicio, así que estoy seguro de que logrará sumar alguno más", afirma el agente, orgulloso.

Dioni dice que lo primero que le llamó la atención de su compañero fue su seguridad y su carácter, "muy cariñoso". "Es un perro muy seguro, que sabe trabajar muy bien con las sustancias discriminantes, como el pimentón o el café", explica el guía. Precisamente en bolsas de pimentón estaban ocultos los 20 kilogramos de heroína que Maxi detectó en la mediática operación Fireball-Kazino, en la que la Guardia Civil logró desmantelar a un importante grupo internacional de traficantes y detener a once personas entre Carballo y Madrid. "La gente intenta engañar a los perros con este tipo de sustancias para camuflar el olor de las drogas. Pero si un perro está bien entrenado, evidentemente, no funciona", explica el agente.

Y es que para los perros antidroga, ponerse a trabajar es sinónimo de jugar, y la característica principal que tienen que tener estos animales para desempeñar su labor dentro de los cuerpos de seguridad es el ser "muy juguetones": "La raza no es lo único que tenemos en cuenta. Se suelen utilizar pastores alemanes, como Maxi, pastores belgas, perros de aguas o labradores, porque son los que mejor responden al entrenamiento, pero en general lo importante es que tengan ese afán de cobranza".

Los adiestramientos varían en función de aquello a lo que van a dedicarse, aunque básicamente se apoyan en el juego, tanto si van a dedicarse a la detección de drogas, como a la de "explosivos, catástrofes naturales o búsqueda de personas": "Les damos un rodillo de tela, agradable a su mordedura, y lo asociamos al olor de los narcóticos. Cuando el perro localiza la droga, hay que darle el rodillo para que juegue, y una vez que se lo quitamos vuelve a buscar otra vez", describe el guía, que añade que, al contrario de lo que la gente suele pensar, lo que realmente demuestra la capacidad del perro es que sepa encontrar "pequeñas cantidades antes que un gran volumen de sustancia".

Pero al igual que no cualquier perro sirve para detectar drogas o explosivos, no todas las personas son válidas para ejercer de guías. "No es suficiente con que te gusten los perros. Cuando haces el curso para trabajar en esta especialidad se valora mucho tu carácter, porque los perros son animales jerárquicos, y notan cuando alguien está por debajo o tiene miedo. Si no tienes las cualidades, no puedes ser guía", comenta.

A lo largo de este año y medio, Maxi y Dioni se han hecho inseparables tanto en el trabajo como en el ámbito personal. Según cuenta el agente, la relación entre un perro policía y su guía es igual a la de cualquier persona con su mascota: "Cuando Maxi está trabajando no se le puede tocar porque tiene que estar concentrado. Pero fuera del trabajo es un perro muy cariñoso y noble al que le encanta jugar con los niños". El guardia civil comenzó su carrera en la unidad cinológica en los noventa, y durante once años fue guía de perros en Barcelona. Desde entonces, ha tenido seis compañeros caninos, y recuerda a cada uno de ellos con mucho cariño. "El primero fue Boris. Murió envenenado, y fue el primer perro que perdí. Fue muy doloroso porque para mí son algo más que mis compañeros", explica.

Ahora, a ambos les ha llegado el momento de jubilarse y, como no podía ser de otra manera, empezarán esta nueva etapa juntos. " Maxi se vendrá conmigo. Vivirá en mi casa, con una perrita pastor alemán y otra Yorkshire. Va a tener mucho espacio para correr, y ahora lo que le corresponde es esto, un poquito de disfrute", cuenta el guardia civil, que añade que, cuando un guía no puede hacerse cargo del perro tras su jubilación, este regresa a la Escuela del Pardo, el lugar en el que se crió. "Cuando terminan de trabajar, a los perros siempre se les va a cuidar bien, porque son nuestros compañeros. Si no pueden jubilarse junto a su guía regresan al Pardo, donde se les trata de maravilla: allí les dan cariño, los peinan, los bañan, los pasean, los alimentan bien... Sea como sea, ellos estarán cuidados hasta el último día de su vida, tal y como se merecen", concluye.

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