¿Cuál es la sintomatología depresiva que puede presentar una persona cuidadora no profesional?

Normalmente tristeza, evitabilidad, a uno le deja de apetecer hacer cosas, hay una pérdida de interés en sentir el placer o disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Desaparecen las ganas de hacer estas cosas pequeñas, como leer un libro, que son como vitamina emocional, que en el día a día nos retroalimentan emocionalmente. En los cuidadores es muy típico las alteraciones en el sueño, muy relacionadas con la situación de cuidado. Suele haber fatiga psicológica, pensamientos negativos, en relación a sí mismos y al futuro. Hay una desvalorización, una pérdida de autoestima, sentimiento de culpabilidad. Entramos desde el punto de vista emocional y psicológico en una dinámica negativa.

¿Qué dinámicas de autocuidado puede poner en marcha la persona cuidadora que no pueda acceder a atención psicológica?

Es importante hacer un pequeño esfuerzo en, aunque nos cueste, mantener esas pequeñas cosas del día a día que hacemos cuando estamos bien. Hay que mantenerse lo más activo posible, es importante mantener una interacción social lo más activa posible. La red de apoyo y la interacción social funciona como un factor protector en relación a la salud mental. Es importante dedicarse también un tiempo al autocuidado. A veces la persona está tan absorbida por el cuidado, que si se toma un poco de tiempo para cuidarse un poco, se siente culpable. Es importante la actividad física, ayuda especialmente a sentirse mejor. Son algunas de las cosas que ayudarían. Hacer un esfuerzo por buscar el lado positivo de las cosas, porque en estas situaciones se tiende al pensamiento negativo.

¿Es fácil dejarse arrastrar por el bucle?

Si te metes en ese círculo de pensar en negativo, tener emociones negativas, influye en que tengas cada vez menos ganas de hacer cosas. Se retroalimenta solo. Hay que cortocircuitar el bucle. Si uno se vuelve un poco más activo, potencia la emocionalidad positiva, nos metemos en otro bucle, pero positivo.