26 de marzo de 2020
26.03.2020
La Opinión de A Coruña
Repercusión municipal

Coronavirus en A Coruña | "No somos kamikazes, tampoco héroes"

La sanitaria al frente del albergue provisional para personas sin hogar de Riazor destaca la labor de médicos residentes y voluntarios, y dice que "cuando se oye una vez la tos del Covid-19, no se olvida"

25.03.2020 | 23:13
Sanitarios, en la puerta del albergue de Riazor, en su inauguración.

Belén Iglesias se niega a ser la protagonista de esta historia. A ella, el gerente del área sanitaria de A Coruña, Luis Verde, le encargó la puesta en marcha del albergue del pabellón de Riazor, que abrió sus puertas este fin de semana para dar un techo y asistencia sanitaria a unas treinta personas que no tienen hogar en la ciudad, pero que podría llegar a acoger a 75. "A los que hay que hacerles un homenaje es a los voluntarios, a los jóvenes", repite Iglesias, que asegura que, desde los Servicios Sociales del Concello, hasta la Policía Local y Protección Civil están "todos a una" para intentar frenar el avance del virus.

Se le viene a la cabeza el nombre de Adrián Rosendo Canedo, que es residente y que fue el primero que se brindó voluntario "sin saber ni a qué iba" cuando pidió ayuda para poner en marcha el albergue. Estuvo toda la tarde haciendo el triaje, viendo si alguna de las personas que había acudido al pabellón tenía síntomas de padecer coronavirus, después se fue a su centro de salud y, después, a hacer guardia de puerta.

Al equipo se sumó también la doctora Maite Vila, que es médica de la UVI móvil, "después de haber estado el día anterior 24 horas de guardia" se fue al pabellón. Y, como ellos, Raquel López Rodríguez, Carla Madarro Pena y Jesús Rosales Goas, que son los residentes que se presentaron voluntarios para esta experiencia en la que, cada pocas horas, se aprende un poco más de este recién nacido virus.

Cuenta Iglesias que, cada día, a las 10.30 horas, el personal de Cruz Roja hace un control de síntomas a los alojados en el pabellón, les toman la temperatura y también la tensión y ven si tienen tos. Después, los derivan al equipo médico para que los evalúen cuando van al pabellón, de tres a seis de la tarde. "Hacemos las mismas pruebas que en un centro de salud, pero en una vivienda adaptada, que es un albergue y a personas especialmente vulnerables y con la mayor dignidad posible", relata Iglesias. Comprueban también que no tengan otros síntomas, como pérdida del gusto o del olfato, que pueden ser indicios también de Covid-19 pero, sobre todo, los médicos se fijan en una cosa. "Esa tos, cuando la escuchas una vez, no se te olvida", reconoce Iglesias, que, antes de que el coronavirus hubiese llegado a A Coruña prestó ayuda telefónica a compañeros de Madrid, con los que compartió la grabación de esta tos seca, que les quita el aliento a los afectados y que, para ella, es muy característica, tanto, que la compartió en grupos con otros colegas para que pudiesen identificarla y para agudizar su "ojo clínico". Por ahora, ninguna de las personas alojadas en el pabellón ha mostrado síntomas, aunque eso no quiere decir que no pueda pasar en el futuro. Iglesias lo tiene claro, en caso de que pase, lo que tienen que procurar es "que sea, cuanto más tarde y cuantos menos, mejor, y que estén en las mejores condiciones para enfrentar la enfermedad, que estén bien alimentados, que hayan dormido y que estén bien cuidados".

Para aprender a cuidarse, la enfermera Carmen García, que es compañera de Iglesias en la Casa del Mar, les hizo también una demostración de cómo se tenían que lavar las manos. "Fue un momento precioso. Muchos de los residentes, seguramente sea la primera vez que hagan una actividad comunitaria voluntaria. Estamos muy acostumbrados a ver pacientes en hospitales y en nuestros centros de salud, pero no a salir fuera y hacerla con estas personas sin hogar va a aumentar su valor profesional, van a poder ver qué hay debajo de la piel del paciente, casi llegamos al alma, es la humanización de la Medicina. Es la sublimación del arte médico", resume Iglesias, que indica que no va con miedo a trabajar, pero sí "con mucha precaución".

"Las cajeras del supermercado han estado mucho más expuestas que nosotros en los primeros días de alarma y sin medios. Esta es nuestra profesión, tenemos que tener medios y cuidado, más importante que la mascarilla es la distancia. No somos kamikazes, pero tampoco hacemos nada heroico, los bomberos van a los incendios y los percebeiros al percebe, la cajera está con productos potencialmente contagiados todo el día, las profesionales de la limpieza o los que atienden a los pacientes en la UCI tienen mucho más riesgo que nosotros", explica Iglesias, que pone el foco también en las administrativas de la Casa del Mar. "Llevan dos semanas cambiando citas para hacerlas telefónicas. Han salvado muchas vidas", reconoce, porque evitar que los vecinos salgan de casa es una de las claves, junto con la higiene.

"Esto es como el Prestige, vimos todo negro y nunca pensamos que volveríamos a bañarnos ni a comer percebes y ya ves...".

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