18 de abril de 2020
18.04.2020
La Opinión de A Coruña

Coronavirus en A Coruña | Una enseñanza más difícil todavía

350 alumnos ciegos o con discapacidad visual se adaptan a clases telemáticas con la asistencia y los recursos de profesionales de la ONCE

17.04.2020 | 21:20
Iván Espárrago, siguiendo sus clases de Informática a través del ordenador.

La adaptación de la vida tal y como la conocíamos a la vía telemática no está siendo sencilla para nadie. Ahora que el ocio, las comunicaciones, el trabajo y los estudios dependen de ordenador y conexión a internet, todo el mundo debe lidiar con dificultades para las que nadie estaba preparado. Para los estudiantes universitarios, el futuro es incierto: se acercan las evaluaciones y nadie tiene todavía demasiado claro el sistema por medio del que va a resolverse el trámite. Los universitarios con ceguera o discapacidad visual severa se adaptan a lo que venga con los medios de los que disponen, sabiendo que pueden contar, si así lo precisan, con la ayuda de los más de 40 profesionales de la educación que conforman el equipo de ONCE-Galicia.

A veces es fácil, pero otras es inevitable que la cosa se complique. Así lo atestigua el joven estudiante de Informática Iván Espárrago, que realiza sus tareas desde casa no sin cierta saturación por el esfuerzo extra que conllevan las explicaciones telemáticas cuando se tiene discapacidad visual. "Si sumas el tema de no tener al profesor delante y no poder preguntar en todo momento, se complica bastante el seguir las clases. Las cosas se explican peor y más por encima", relata.

En ocasiones, la manera que hallan los docentes para solventar el problema de la presencialidad choca frontalmente con las necesidades de Iván. "A veces dicen: marco esto con una línea, y ¡vete tú a saber dónde han puesto la línea!", señala. La situación se complica para Iván si se tiene en cuenta que el primer año de informática es el más teórico, por lo que la solución más sencilla, solventar las evaluaciones por medio de trabajos, tampoco es una opción si se trata de asignaturas de matemáticas o electrónica.

Se sirve, para no perder el ritmo, de un editor matemático y un lector de pantalla que la ONCE pone a disposición de los alumnos que lo precisen, pero, aun así, las clases virtuales suponen para él un sobreesfuerzo que requiere voluntad y vocación. "A veces te saturas. Tienes que estar oyendo al profesor, al lector de pantalla, el software de conferencia... acabas con la cabeza como un bombo", añade. El proceso, no obstante, se eterniza, y el hecho de carecer de certezas con respecto a la forma en la que se desarrollará la finalización del curso no ayuda a la organización. "No sé si necesitaré más medios para hacer los exámenes virtuales. Cuando se sepa cómo van a realizarse, quizás necesite más ayuda", reflexiona.

Para Cristina Lago, estudiante de Educación Social, el proceso está siendo un poco más sencillo. Con la misma incógnita sobre cómo se desarrollarán las evaluaciones y a falta de dos asignaturas y el trabajo de fin de grado para terminar la carrera, la joven solventa la situación vía correo electrónico con el tutor de su proyecto final. "Mando todo a través del email y me lo corrige al momento, en ese sentido, no hay queja", revela.

Recursos limitados

El problema viene, como en el caso de la mayoría de estudiantes que se enfrenta a la misma situación, a lo limitado de los recursos bibliográficos disponibles en internet, que impide a la joven avanzar al ritmo deseable. "No puedes acceder a bibliotecas ni conseguir libros físicos, en internet no está toda la información, ahí sí que veo una deficiencia", expone. Tampoco lo tiene fácil a la hora de acceder a los apuntes que necesita para liquidar esas dos asignaturas. Si lo precisa, no obstante, sabe que no está sola: "En la ONCE van controlando cómo vamos, si necesitamos ayuda con algo, si cumplimos con las clases o si nos estancamos", revela.

Una asistencia que va desde proporcionar material adaptado a braille, mediar con los profesores de los centros hasta intervenir en las propias clases telemáticas, y que se extiende a todos los niveles de enseñanza: de infantil a estudios superiores. "Depende mucho de cada estudiante. Esta mañana [por la de ayer] hice una clase con la alumna y la profesora de Pedagogía Terapéutica (PT) utilizando el editor matemático", explica una de las docentes de la ONCE, Rosa Pérez. Mientras la alumna realizaba sus tareas, ambas profesionales supervisaban los ejercicios en la pantalla del ordenador.

Es solo un ejemplo de muchos. Los docentes de la ONCE son también los encargados de supervisar que el material que requieren los estudiantes sea accesible. Una transcripción que en ocasiones realizan ellos mismos, pero que normalmente derivan al centro de producción que la entidad posee en Madrid, que les envía el material adaptado por correo ordinario en un corto espacio de tiempo.

La formación telemática, como es de esperar, dificulta el proceso y, en ocasiones, ensancha ciertas brechas. "No es lo mismo entrar en el Google Classroom desde el móvil que desde el ordenador, con formación, o sin ella. Cada familia es diferente", explica otra de las docentes, Covadonga de la Fuente, que mantiene día a día una comunicación continua con usuarios y su entorno con el fin de discernir las diferentes necesidades. "Es difícil. El otro día estuve una mañana entera al teléfono con la madre de un niño pequeño con ceguera total para explicarle cómo adaptar el material, ayudamos como podemos telefónicamente", revela la profesora. "Estamos sobreviviendo a base de mucho trabajo", resume.

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