05 de mayo de 2020
05.05.2020
La Opinión de A Coruña

Cien años en fase cero

Manuel Sobrino Añón, vecino de la calle Orzán, cumple cien años sin la fiesta esperada, pero celebrando el paseo que pudo dar el sábado gracias al inicio de la desescalada

05.05.2020 | 01:06
Manuel Sobrino Añón sopla las velas por su cumpleaños, con su hija y su yerno.

Manuel Sobrino Añón cumplió 100 años ayer, el día que comenzaba la fase 0 de la desescalada. Su hija menor tenía preparada una fiesta multitudinaria con amigos y familiares, "porque no se cumplen 100 años todos los días", pero la pandemia se ha llevado por delante los planes. Eso sí, han soplado las velas los tres juntos -Manuel, su hija y su yerno-, y el teléfono no ha parado de sonar en todo el día, con las felicitaciones de todos aquellos que hubiesen preferido abrazarle en persona, y se han conformado con desearle feliz centenario en la distancia. Al menos, de momento.

No ha sido el cumpleaños esperado pero sí una celebración. Para Manuel, que hace una semana, cuando sus vecinos le preguntaban por su cumpleaños, decía "malo será que non chegue alá", los festejos arrancaron el sábado, con el primer paseo después de 50 días recorriendo el pasillo de su casa de la calle Orzán arriba y abajo varias veces al día, intentando no perder la forma. Acostumbrado como estaba a dar largos paseos a diario -uno de mañana y otro de tarde-, la inmovilidad es lo que peor ha llevado de la cuarentena. Por eso el primer paseo del sábado le supo a gloria.

Y es que su mayor miedo durante estos días de pandemia en confinamiento era "que as pernas non me responderan". Pero respondieron. Y no parecen tener intención de dejarle en la estacada a corto plazo. Así que, a falta de mayores festejos, el paseo del día le ha servido para abrir boca, y la tarta que su hija le ha preparado le ha puesto la guinda a una jornada con la que arranca la "nueva normalidad" de este hombre, que, pese a haber vivido mucho, nunca había vivido nada como esto.

Manuel es una de las muchas personas mayores que han visto como esta pandemia cambiaba sus hábitos y su vida, aunque él está bien acompañado -aunque vive solo, su hija menor y su yerno viven en el piso contiguo-, una suerte que no han tenido otros. Eso sí, lo de soplar las 100 velas casi en la intimidad de su piso coruñés no era lo esperado. Aún así, se resigna con una sonrisa. Está acostumbrado a los cambios y al movimiento, porque al final, la experiencia es un grado, y la de Manuel ha sido una experiencia muy viajera. Comenzó su vida profesional en Buño, su ciudad natal, como chófer para una empresa de construcción que fabricaba tejas y ladrillo y los distribuía por toda Galicia. Pero cuando nació su hija menor una amiga de su difunta esposa les animó a mudarse a A Coruña, donde podían encontrar nuevas oportunidades. Así fue como Manuel, su mujer y sus dos hijos llegaron a la calle Orzán, para comenzar a trabajar como repartidor en ruta y chófer. Llegó a ser el conductor del famoso ballet Rei de Viana en su gira nacional, e incluso por Italia. Unos cuantos años después le ofrecieron entrar a formar parte de la Compañía de Tranvías como conductor, justo en pleno proceso de reconversión de los trolebuses a los actuales autocares, "pero nunca cheguei a entrar, porque tiña que esperar dous meses, e nese tempo empecei a traballar como taxista". Y como taxista se jubiló, con 62 años, hace casi cuatro décadas. "Quería disfrutar os meus últimos anos, e ao final, mira, non eran poucos", sonríe.

Desde su retiro, hace casi 40 años, la vida de Manuel es tranquila. Devoto de la radio, con la que se duerme cada noche, paseante impenitente, misa los domingos, sus pequeños ritos fueron suspendidos por el estado de alarma el pasado 13 de marzo. No más paseos, no más visitas de la familia y los amigos, no más charlas con los vecinos, y la misa, desde la televisión del salón. Casi 50 días de confinamiento absoluto que concluyeron el pasado sábado, y que arrancaban ayer una nueva etapa, con el inicio de la Fase 0, el regreso de las caminatas y la suma de un dígito más.

Un centenar de años en los que ha vivido mucho, "pero nada como isto". Ahora Manuel recupera poco a poco la buena forma de sus piernas, mientras espera que la desescalada se afiance y la Fase 4 llegue cuanto antes, para poder volver a soplar las 100 velas de nuevo, esta vez en compañía de todos los que ayer tuvieron que conformarse con la llamada telefónica.

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