18 de mayo de 2020
18.05.2020
La Opinión de A Coruña

Un encierro en el paraíso

El coruñés Brais Mahía lleva cuatro meses en Filipinas, con una decena de extranjeros, tras no poder regresar a China, donde reside

18.05.2020 | 00:50
El coruñés Brais Mahía posa en una playa de Filipinas con la camiseta del Deportivo.

Cuando Brais Mahía hizo la maleta a principios de enero para disfrutar de unas vacaciones en Laos y Filipinas, jamás habría llegado a imaginar que esa estancia se alargaría hasta los cuatro meses, como mínimo, por culpa del coronavirus. Su casa está en China, donde entrena al fútbol y transmite a sus alumnos su pasión por el Deportivo. Intentó regresar en varias ocasiones, pero sin suerte. Mientras, disfruta del paraíso en la filipina Port Barton. "Me vine para 20 días y ya llevo cuatro meses. Tengo todas mis cosas en China", cuenta el coruñés.

Hace ya un año que dijo adiós a Galicia para iniciar una aventura en Kunming, capital de la provincia de Yunnan, que se encuentra a 1.500 kilómetros de Wuhan. Allí entrena en el Grama Football Academy. Para despejarse y aprovechar sus días libres, eligió, a principios de año, viajar al sudeste asiático. "Empecé las vacaciones el 17 de enero e iban a durar hasta el 7 de febrero, pero un día antes de volver, los chinos me dijeron que no lo hiciese, que era peligroso, y que me quedase donde estaba", recuerda.

Dicho y hecho. Después de conocer Laos llegó a Filipinas. Ya en marzo, creyó que la historia había acabado. "Me avisaron de que podía regresar a China porque ya estaba todo bien. Mi club de fútbol me compró un billete de vuelta para el 18 de marzo", relata el joven coruñés. Pero tampoco se subió a aquel avión. "Cuatro días antes, Filipinas cerró aeropuertos y canceló todos los vuelos", explica.

Parecía que el destino se había empeñado en que Brais Mahía debía permanecer en una pequeña aldea, con el mar cerca, y rodeado de buenos amigos. Su confinamiento puede llegar a ser envidiado por muchos. "Somos una comunidad de doce turistas que vivimos todos juntos en una casa. Hay españoles, chilenos y argentinos", detalla.

Se puede decir que han formado una pequeña familia. Comparten horas de conversaciones, risas y comidas, y han aprendido, juntos, a disfrutar de una experiencia obligada, pero diferente y especial. "Aquí estamos realmente bien. Vamos a la playa, tomamos algo, nos bañamos, vamos en barco o a pescar", enumera.

Allí el Covid-19 no es protagonista. Mahía informa de que en Palawan "no hay infectados", o, por lo menos, es lo que ellos creen porque "no se hacen test", así que no existen datos sobre la incidencia del virus en la población.

Tanto él como sus compañeros de aventura sí siguen algunas normas para evitar contagios, como no salir de la aldea. "Nos movemos sin restricciones por Port Barton, pero es lo único que podemos hacer. Al menos hasta junio no podemos salir del pueblo y mucho menos coger un avión e irnos a otra isla porque está todo cerrado", comenta.

Muchos dirán que es el encierro soñado, en el paraíso, pero el coruñés ya tiene ganas de retomar su rutina, de la que trata de no desconectarse. De momento, su empresa le paga el 15% del salario. "En febrero y marzo me pagó la mitad. Ahora, menos. Envío todas las semanas los entrenamientos y la planificación", relata el joven, con ganas de entrenar a los niños de entre 5 y 15 años que hay en la academia.

No es el único español en el club. "Nunca dudaron en renovarme. Ni a mí ni a los otros cuatro entrenadores catalanes que están en sus casas", desvela Brais Mahía, que tiene contrato hasta abril de 2021. "Yo quiero seguir. Es mi trabajo. Pero todavía no sé cuándo podré entrar en China porque eso depende del Gobierno de allí", analiza, a la vez que informa de que tiene su visa en vigor.

Sus planes, por el momento, son quedarse en Filipinas hasta que pueda regresar a China. "Es donde tengo mi casa, mi moto, mi ordenador y mi ropa. Todo. Yo me vine de vacaciones por 20 días, así que lo dejé todo allí", cuenta, todavía sorprendido por la situación que le ha tocado vivir, que comparte, además de con turistas, con otros españoles que residen en Port Barton. "Tienen negocios aquí, como hostels y restaurantes. Estamos todos juntos", añade.

El objetivo de este coruñés es volver a China, pero si no lo consigue, no descarta coger un avión rumbo a España. "Si en octubre o septiembre, como tarde, no puedo ir a Kunming, me plantería ir a A Coruña, donde están mis padres. Pero en realidad no tengo nada allí más que familia, así que es mi última opción", reconoce.

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