25 de mayo de 2020
25.05.2020
La Opinión de A Coruña
La ciudad que viví

El muchacho recién llegado a la ciudad

Con solo dieciséis años arribé a esta ciudad para ponerme a trabajar y finalmente conseguí un empleo en la banca, en la que desarrollé toda mi vida laboral e hice amigos con los que recorría las calles de los vinos

25.05.2020 | 01:03

Nací en Villalba y no fue hasta el año 1970 cuando llegué a esta ciudad en la que residían mis tíos Herminio y Gelucha. Puse pie por primera vez al bajarme del autobús de la Empresa Ribadeo en la calle Juana de Vega y me encaminé por los Cantones.

Tenía dieciséis años, no conocía nada y pregunté a un transeúnte por la plaza de María Pita, contigua a la de Millán Astray donde vivían mis familiares. No imaginé que me hallaba en la que sería mi ciudad de residencia definitiva, aunque de modo intermitente durante cinco años por motivos de trabajo en Villalba hasta el acceso a mi futura profesión en banca.

De aquellos inicios de década del setenta rememoro las sesiones en el cine Hércules, películas como El marino de los puños de oro o Bandidos en Milán entre otras que veíamos desde las butacas del gallinero que previamente fumigaban con el insecticida ZZ debido a las pulgas.

Otras alternativas de días festivos eran las salas de baile, El Seijal en San Pedro, Sally cerca de la estación, y también Rey Brigo en Betanzos. En las cercanías de la plaza de Vigo frecuentábamos Cassely y Pom-Pom.

Me agradaba el ambiente comercial de la calle Real y la música que se solía escuchar a la altura de la tienda de discos Miranda. Los grandes almacenes Barros en la calle Torreiro eran otro punto de distracción y también de probable compra en alguna de sus seis plantas.

Recuerdo en particular una ocasión en que desistía de comprar una americana porque me faltaban 80 pesetas y mi sorpresa al ver al dependiente consultar al encargado, admitiendo éste sin problema que las dejase a deber. Al día siguiente me pasé a saldar la deuda y nunca se me borró la imagen de aquel encargado de planta, que ni me conocía ni me conoce, y al que curiosamente veo con frecuencia en la actualidad por el centro y particularmente los días de fútbol de interés en un bar de la calle Marqués de Pontejos.

En la ruta cotidiana de los vinos nuestros aparcamientos eran Siete Puertas, Pazo, O Piorno, Santiso, Beade?. En este último conocí a Puri, hija mayor de Manolo y Julia, dueños del bar, que sería mi esposa tiempo después y a la que lamentablemente perdí por una enfermedad tras doce años de feliz matrimonio, dejándome con dos hijos que obviamente son causa y motivo de las alegrías e inquietudes de cada día.

Previo paso breve por sucursales de Santiago y de Lugo, mi debut laboral en A Coruña fue en el Banco de Galicia en la plaza de San Agustín, actual Santander. Allí estábamos Manuel Ángel, Joaquín, Morales y Francisco Javier Saavedra entre otros, además de Manolo Sanjurjo, fallecido y de grata memoria en el deportivismo.

No perdí el contacto con mi pueblo natal mientras vivieron mis padres e incluso tuve un especial vínculo con el Racing Villalbés en los años 1984 a 1988, dedicándome especialmente y pese a la distancia, a la secretaría y administración del equipo.

Me volví a ocupar con la gestión de los dineros en el APA del Colegio Curros Enríquez cuando estudiaban Primaria mis hijos a finales de los noventa.

Y de nuevo en los años siguientes, las cuentas a la vez que la diversión en la comparsa de carnaval que fundamos en aquel asociación de padres de alumnos con el nombre de Osdecurros.com hasta su disolución en el año 2013, en el que dos de sus miembros, Belén Riveiro y yo, nos integramos en Amigos da Xoldra, comparsa en la que seguimos actualmente y de forma activa en los antroidos de nuestra ciudad compartiendo eventos con los colegas de otras comparsas Montealto a cien, Maracos, Kilomberos, Pantaleón y Malandros.

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