El Centro de Información ás Mulleres (CIM) recibió durante el estado de alarma 43 atestados de la Policía Local por violencia machista en la ciudad. Es casi el doble de los que registró de media en un trimestre durante el año pasado, ya que cerró el ejercicio con 90 casos, una media de 22,5 por trimestre, frente a los 43 de estos tres meses de encierro y desescalada derivados de la pandemia por coronavirus.

Son casos exclusivamente de violencia machista, ya que otras intervenciones de la Policía Local, por ejemplo, por una agresión de un hijo o una hija a sus padres, no se contabilizan en esta estadística, sino que se derivan a otros departamentos de Servicios Sociales.

El CIM, como servicio esencial, siguió funcionando a pleno rendimiento, incluso más que antes, aunque con teletrabajo durante la pandemia y la desescalada y sigue ahora, ya con citas presenciales, en su casita del Barrio de las Flores. "El teléfono no dejaba de sonar, pero tampoco lo hacía antes", comenta la directora del centro, Beatriz Rico. Y es que, durante estos tres meses de estado de alarma, el incremento de las consultas realizadas fue de un 15%. Si en el periodo del 16 de marzo al 19 de junio se recibieron 961 consultas, "la gran mayoría por violencia de género", en el mismo número de días, el año pasado atendieron 837 llamadas. Pero ¿cuáles eran las dudas más comunes entre las usuarias que buscaban respuestas al otro lado del teléfono del CIM?

La directora del centro lo tiene claro, la gran mayoría se referían a violencia de género y, sobre todo, a cómo actuar si había una sentencia para la custodia compartida de los menores a su cargo, si tenían que mandar a sus hijos con sus padres, aunque la movilidad estuviese restringida, si podían llegar a un acuerdo con sus parejas para evitar contagios. Cada uno de los casos, entonces, era estudiado individualmente.

Muchas otras, según revisa en sus papeles Rico, llamaban para informarse de qué recursos había a su disposición como víctimas -reconocidas o no- de violencia machista, si podrían salir de su casa en caso de que se produjese una agresión, si había alguna alternativa preparada para ellas.

Y sí, la había y, según relata Rico, la sigue habiendo, con o sin coronavirus, aunque deben ser las víctimas las que den ese primer paso de pedirles ayuda y de decirles que quieren salir de su hogar. Algunas hicieron uso de estos recursos, y recibieron el acompañamiento de la Policía Local para poder abandonar sus viviendas sin temor a ser atacadas por sus parejas en el proceso y, también, sin ser apercibidas por quebrantar el confinamiento.

La directora del CIM recuerda que, en la red de acogida municipal, no es necesario presentar denuncia contra el agresor para poder salir de ese lugar de peligro y empezar a romper la espiral de violencia, en algunos casos, cimentada durante años y años de agresiones verbales y o físicas. Necesitan una ayuda, así que, en el CIM, valoran su caso y se la ofrecen.

Cuenta Beatriz Rico que, para muchas mujeres, aquellas que ya habían dado el paso de vivir alejadas de su agresor, el confinamiento les regaló una sensación de "paz y tranquilidad", aunque un poco "ficticia", que no habían conocido en años, porque estas medidas de limitación de la movilidad no solucionaban sus problemas, pero les aseguraban que no se encontrarían con su agresor y, para ellas, según le manifestaron a la psicóloga del centro, era una sensación nueva y placentera.

Partiendo de que todos los casos son graves, porque no hay machismo pequeño, la directora del CIM explica que, en estos tres meses, tuvieron que atender todo tipo de casos. "Los que más nos afectan, sin duda, siempre son aquellos que tienen que ver con los que son más vulnerables, los menores, y los hubo", relata, en referencia a casos de abusos sexuales a menores en el seno familiar. En este punto, Rico destaca no solo la colaboración de la Policía Local sino también de Fiscalía para poder actuar con efectividad en este tipo de situaciones.

En previsión de que los casos de violencia machista arreciasen con el encierro y de que pudiese haber algún caso de contagio en los equipamientos de los que dispone el Concello para la acogida, se dejaron habitaciones libres para poder aislar a las usuarias que diesen positivo y se añadió, durante este periodo, un inmueble más -cedido por Jesuitinas- para poder alojar a aquellas mujeres y a sus niños que tuviesen que abandonar su hogar por una agresión. Actualmente, hay en la red municipal -que ya ha prescindido del equipamiento de la orden religiosa- 23 personas, doce mujeres y once menores. Durante la pandemia, estuvieron dos menos, once mujeres y diez menores.

"La casa de acogida está completa, ahora tenemos menos miedo a llenarla porque no hay tantos contagios. Durante el estado de alarma dejamos habitaciones libres y usamos los tres equipamientos", relata Beatriz Rico, que pone el foco en el trabajo de sus compañeras, por haber ayudado a las usuarias y a los menores no solo con sus dudas jurídicas, con sus miedos y su ansiedad, sino también con los deberes de los niños de madres teleoperadoras, encadenadas al ordenador con un cable a unos cascos y sin poder atender a sus pequeños, salvando la brecha digital de aquellas mujeres que necesitaban tramitar una ayuda o inventándose juegos y contenidos para hacer más llevadera la cuarentena a los pequeños que, lejos de sus casas, iniciaban una nueva vida en la red municipal de acogida.

Todo esto, sumado a los trámites que hacen ya habitualmente y que se incrementaron con la pandemia, como el servicio de canguros. "Trabajamos sin límite de horas, porque para nosotras era importante también que estas mujeres no perdiesen sus empleos, que pudiesen seguir teniendo ingresos", relata Rico.

Por delante les quedan ahora muchos meses de trabajo, "como siempre", apostilla la directora con una sonrisa, que ha notado un incremento de las usuarias que han acudido al CIM para pedir ayudas para acceder a una vivienda. Otro de los indicadores del aumento de las necesidades en la ciudad se refleja en las acreditaciones emitidas a las mujeres víctimas de violencia de género. Si en todo 2019 hicieron 335, durante la pandemia pasaron por sus manos 106. Es el documento que las acredita como víctimas y que les puede facilitar el acceso a una ayuda, como las becas comedor, para sus pequeños.

La educación, la mejor prevención

La directora del CIM asegura que, en el centro tienen usuarias de todas las edades, por eso incide en que la educación y la información es la mejor herramienta para prevenir la violencia machista. Saber identificarla cuanto antes, darle la importancia que tiene y pedir ayuda e información son las bases para poder evitar que las situaciones de violencia vayan a más o se perpetúen y vayan horadando la confianza y la autoestima de las víctimas. El CIM atiende con cita previa en el teléfono 981 184 356.