04 de julio de 2020
04.07.2020
La Opinión de A Coruña
In Memoriam // José Antonio Quiroga

Presidente, Caballero y Amigo

Empresario y profesional, de amplia formación y contrastado prestigio, cuyas vicisitudes (...)

04.07.2020 | 03:06
Presidente, Caballero y Amigo

No soy hábil en juegos florales y me prodigo poco en hablar de los demás, pero nos dejó José Antonio Quiroga y Piñeyro, y no me encontraría en paz conmigo mismo si no dejo discurrir mis sentimientos llorando su pérdida y evocando su figura, al menos en tres aspectos entre los muchos que adornaron su provechosa presencia entre nosotros y que marcaron mucho mi vida y mi desempeño profesional.
Empresario y profesional, de amplia formación y contrastado prestigio, cuyas vicisitudes personales en este ámbito obvio por conocidas, supo integrar la empresa en el tejido, en el territorio (su Galicia) para aunar esfuerzos, voluntades y empuje en un camino de mejora, desarrollo de la tierra y de sus gentes. Desde el Orense de sus primeros años hasta A Coruña en donde asentó, con sus estudios en Vigo, y sus pasos por Lugo, no dejó de pensar siempre en una Galicia unida. Añadiendo a ello su carrera en Bilbao y sus nupcias en Asturias, tenía impresa en su médula una identidad atlántica reforzada por sus posteriores estudios en Francia e Inglaterra.

Quizás este sentimiento fue germen de su empuje para la creación de una Liga de Cámaras de Comercio del Arco Atlántico que, con regiones de estos países, tan útil fue para negociar estímulos y normas durante años ante la UE.

Quiroga, con más de 40 años de corporativo y 34 de ellos de Presidente de la Cámara, fue un icono y ejemplo que le llevó a ocupar la vicepresidencia del Organismo Superior y presidir comisiones internacionales con múltiples países y mercados, a tener el más amplio reconocimiento de toda la red de Cámaras Gallegas y españolas, como las condolencias recibidas estos días atestiguan.

Pero debo destacar su labor ejemplar como Presidente en A Coruña, que ha marcado una época con la etapa más fructífera de los 135 años de la vida de esta institución. No ha existido avance destacado en infraestructuras, comunicaciones, instituciones y emprendimientos colectivos en donde no haya estado Su Cámara en primera línea para empujar, reivindicar y ayudar a implementar. Desde el Aeropuerto al Puerto Exterior, Desde el Colegio Universitario, germen de la Universidad de A Coruña, hasta las dotaciones de suelo industrial. Desde la Ciudad de los Servicios hasta la Sanidad, con su Centro Oncológico y su Academia Gallega de Gastronomía.

La educación, la formación de las personas, la industria como motor del crecimiento y los idiomas para la juventud formaban parte de sus obsesiones constantes que rellenaron muchas horas de trabajo, de nuestros viajes profesionales y de despacho. Tenía un afán constante en la mejora de nuestro entorno, su tierra y sus gentes.

Como Presidente, siempre se preocupó de la integración en la Cámara de las mejores empresas y profesionales representativos y asimismo cuadros de personal. Cultura cameral ésta que han continuado y perpetuado sus magníficos sucesores en la Presidencia de la Corporación. Me atrevo a pensar que su justo reconocimiento al esfuerzo de los empleados de la Cámara ha sido siempre motivo de orgullo y aprecio recíproco por el personal de la Institución que, después de todos los avatares sufridos, dejó reforzada para un futuro brillante, con tranquilidad y estabilidad laboral, así como en la mejor relación institucional, sea con Organizaciones Empresariales como con Administraciones Públicas, de uno u otro signo, u otras Instituciones.

Es quizás este talante el que me dé explicación a que de las primeras personas que llegaron para la despedida final se encontrasen dos Sindicalistas de su época en su Empresa.

Queda por tanto en la memoria colectiva su gran labor en la Presidencia de la Cámara, que le llevó a ser una institución respetada y escuchada por todas aquellas instancias que sobre la cosa pública resuelven y dejando en herencia una Cultura Cameral que prolonga dicho respeto e influencia.

Pero no puedo desprenderme de la segunda de las virtudes que evoco en José Antonio: Su Caballerosidad, entendida ésta en su más amplio sentido. Era un Caballero por excelencia y quizás la palabra más repetida por cientos de personas hablando de él conmigo desde siempre, después de ser Presidente, y en los testimonios que sigo recibiendo estos días es la de "era un Caballero".

En cierta votación para la elección a la Presidencia de la Cámara no se había presentado ningún oponente o contrincante dado el éxito de la gestión del mandato. Podía ser electo por candidato único, o por aclamación. Él me pidió que se votara como siempre, persona a persona, anotando el nombre del votado. 40 vocales electos, y él deseaba que se pudiesen expresar las discrepancias, no obstante, anónimamente con la votación secreta. 39 papeletas llevaban su nombre y una en blanco. Hoy ya no le falto al respeto al desvelar que era la suya, porque le daba vergüenza votarse a sí mismo.

Tuve mil muestras de su caballerosidad, interclasista y espontánea, por eso, con ocasión de recogerle con mi coche en su fábrica y esperándole fuera, tuve ocasión de preguntar a dos operarios de la factoría que fumaban un cigarrillo en el exterior su opinión del "jefe", sin que me conociesen, y la repuesta fue: "o Sr. Quiroga é un Señor€ e un señor, é un señor. Con eso queda dito todo".

Quizás no es casualidad que de las múltiples condecoraciones y medallas que recibió en vida haya muchas como "Caballero de la orden de María Pita", "Caballero de la Orden del S.S. de Jerusalén" y "Caballero de la Legión de Honor", máxima condecoración de Francia, después de Representar al Grupo semipúblico francés de Pechiney en España durante muchos años.

Y, para terminar, su alto concepto de la Amistad. Era amigo de sus amigos de verdad, ejercía de amigo, y en este tratamiento tampoco distinguía de raíces, clases, o títulos. Por el amigo lo daba todo y su confianza era infinita pasando a ser amigo de toda su familia y de su casa, en la que era el mejor anfitrión junto a su maravillosa esposa Carmina. A mí me distinguió con esa amistad que tuvimos oportunidad de disfrutar con él últimamente hasta en dos ocasiones el pasado febrero, días antes de desatarse la cruel pandemia: una en la Cámara con nuestro último homenaje en unión de 80 miembros de sus equipos de Gobierno y en su casa, con mi esposa y la suya, su hermano Fana y su hijo Beni en una jornada inolvidable.

Por eso, Querido José Antonio. Presidente, Caballero y Amigo, siempre continuarás conmigo.

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