07 de julio de 2020
07.07.2020
La Opinión de A Coruña
Selva García
Hija de Pepín, uno de los Hermanos de la Lejía

"Mis tíos entregaron su vida con 20 años, duele que no tengamos ni sus huesos"

"El monumento es una manera de revertir lo que fue tan negativo"

07.07.2020 | 00:53
Selva García, en su anterior visita a A Coruña.

Son dos años tratando de erigir este monumento. Un proceso que parece que va a culminar en breve. ¿Cómo ha sido?

Fue bastante largo y tedioso. Mi abuelo fue fundador del PSOE en A Coruña y en Ribadeo, y mi padre fue secretario de las Juventudes. Cuando mi padre vuelve a España al morir Franco, encontraba extraño al partido. No le gustaba Felipe González, creía que era un arribista. Yo al llegar no contacté con el PSOE para ese trámite porque quería guardar respeto a la ideología de mi padre, a su forma de pensar. Pensé que en este proceso me tenía que comportar como él lo habría hecho.

El respeto a su memoria es su motivación principal.

Exacto. Contacté con dos amigas, una de ellas del BNG. Cuando llegué en verano del 2018 para el memorial Hermanos de la Lejía en Guitiriz, el PSOE se enteró, igual que mi familia de aquí, por el periódico. Los conocí en el memorial. Me llamaron preguntando por qué estaba enfadada con el PSOE. Me dijeron que me iban a ayudar, y la verdad es que tuve mucha colaboración. La negociación la empecé con Marea Atlántica, pero hubo una serie de problemas. Me aprobaron el monumento, pero quedó paralizado.

Coincidió con el cambio de Gobierno.

Sí, luego se paró por la pandemia. Primero nos asignaron una rotonda en el paseo marítimo, pero ahora parece que estará en un lugar mejor, cerca de Os Rosales, en San Roque.

Su intención era la de colocar el monumento cerca del Campo da Rata, donde fueron fusilados sus tíos. ¿No es posible?

Sí, quería colocarlo donde ellos tienen su calle, Hermanos de la Lejía, pero me dijeron que ahí no podían hacer nada porque era patrimonio histórico, hay que pedir permiso para hacer algo en toda esa zona, un trámite que lleva mucho tiempo. Me dieron otro sitio en el Paseo Marítimo, van a llamarle plaza de la Memoria. Allí se podrán realizar actos y homenajes en recuerdo.

Cuatro hombres, los hermanos, y una bola del mundo. ¿Qué simboliza?

Los socialistas son mundialistas, vivimos en muchas partes. Yo no quería hacer algo alegórico al drama de la guerra para no crear división, unos iban a criticarlo mucho, tenía miedo de eso, de herir otras sensibilidades, y esto no puede herir. Son cuatro muchachos que no están en un campo de batalla ni vestidos de milicianos, es algo suave.

Es un monumento en positivo.

Sí, porque para mí esto fue muy doloroso desde que nací, fue el gran drama de mi vida. Me fue bien en todo, y siempre tuve este dolor, como mi padre. Es una manera de revertir lo que fue tan negativo, quería algo que fuese, en cierto modo, alegre y reparador.

¿Pondrá fin este acto de reparación al dolor que arrastra?

Creo que sí. El PSOE tendría que haber reparado antes. Mis tíos aun están en cunetas. Tengo un cenotafio en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, preparado para ellos. Duele que hayan entregado su vida con 20 años y que su familia no tengamos ni sus huesos. Ellos dieron su vida por ideas. Mi papá publicaba un periódico, Joven Socialista, que pagaba de su bolsillo. En la calle lo voceaban, igual que a mi abuelo. Eran militantes auténticos. Tengo que dar las gracias a mi primo Miguel Díaz García, que me ayudó mucho a llevar esto adelante desde aquí cuando tuve que regresar a Buenos Aires. El concejal de cultura, Chero Celemín, también nos alivió el camino.

¿Sirve también de homenaje a los exiliados y represaliados olvidados?

Sí. Yo era muy chica, tenía tres o cuatro años, y a mi casa llegaba permanentemente gente exiliada que emigraba. Mi casa era un vertedero de visitas, dormían en el piso, en el suelo, en la cocina? todos contaban dramas, a todos le habían matado a alguien. A mí me quedó muy grabado, era muy pequeña y me pareció muy doloroso. No me lo he podido sacar de encima, no puedo evitar llorar al recordarlo.

Le ha tocado a usted enmendar esto, de algún modo.

Sí, a mi padre le daba igual que lo enterraran en una caja de zapatos, no era nada pijo, era un tipo frugal. Y yo anduve mucho tiempo, antes de encontrar a Ramón Conde, buscando escultores que practicasen este método de bronce a la cera perdida, que es una técnica antigua, difícil y costosa, pero yo quería eso porque le da eternidad al monumento.

¿Qué hizo de Ramón Conde el escogido?

Yo me pregunté: ¿no habrá alguien en Galicia o en España que practique esto? Empecé a buscar en internet y encontré que él tiene varias figuras cerca de la Torre. Vi que estaba en Milladoiro, averigüé su número de teléfono, y contacté directamente con él, nos entendimos muy bien, hablamos mucho, le dije en qué mes iba a viajar y nos encontramos a los dos o tres días. De hecho, compré una plaza cerca de donde yo nací, en Uruguay, y ahí voy a hacer también un monumento celta. Voy a invitar a Conde para que me oriente a ver qué hacemos ahí y en el cementerio de la Recoleta.

Dedica esta etapa de su vida a reivindicar la memoria histórica.

Uno vive muy vertiginosamente. Cuando era joven, pensé que si seguía con esto no podría hacer nada de mi vida. Tuve que bajar el telón y olvidarme de todo, y lo hice muchos años, hasta que me topé con un foro de gallegos en Internet donde hablaban mal de los Hermanos de la Lejía. Me vino todo de vuelta. Ahí, en 2009, fue cuando decidí que tenía que hacer algo. Llevo más de 10 años con este tema, tuve que leerme toda la historia, contactar con unos, con otros. Soy muy amiga de Alfonso, el sacerdote de Guitiriz, de la asociación Xermolos. Vamos a reformar una casa de un poeta de Guitiriz, para dedicarle un salón y un monumento a los hermanos. Fue en Guitiriz donde los cogieron presos.

Tardó casi 80 años en viajar a A Coruña. ¿Sigue habiendo cierto miedo interiorizado?

Galicia para mí no representaba nada positivo. Es dolor, es muerte, es hambruna, es sufrimiento. En A Coruña, el centro sigue exactamente igual, la plaza de mi padre está ahí? hay muchos recuerdos y mucho dolor, todo junto. Mi padre se bañaba en el Orzán, jugaba en el Campo da Leña, sus cenizas están en San Amaro, en un panteón a los héroes de la libertad? Es duro para mí.

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