La Mardi Gras reabre sus puertas para dar la bienvenida a Igor Paskual, músico y compositor de Loquillo que, esta noche a las 23.00 horas, presentará al público su último disco, La Pasión según Igor Paskual. El de Donosti y su guitarrista, Ángel Miguel, protagonizarán una de las primeras actuaciones de la nueva normalidad coruñesa, y el dúo promete revolucionar la sala con "un concierto de rock implacable".

¿Qué se va a encontrar el público de la Mardi esta noche?

Van a ver un concierto de rock implacable, con lo mejor de mis tres discos y guiños a mi anterior banda. Va a haber solo dos guitarristas, pero prometo y aseguro que sentirán que tienen delante a una banda entera. La intensidad del rock no viene del volumen y del número de gente sobre el escenario, sino de lo que se quiere decir y del cómo se dice.

¿Es difícil adaptar un concierto de rock a la nueva normalidad?

El arte, la música y la vida se acaban imponiendo a cualquier circunstancia, y el ser humano se adapta con bastante más facilidad de la que creemos. En este caso, pese a que hay que mantener distancias, reducir aforos y estar con mascarillas, creo que preferimos hacer conciertos y seguir tocando antes que no hacerlos, aunque eso suponga un riesgo económico.

¿Qué es "la pasión" según Igor Paskual?

La pasión es la vida vivida de forma intensa. No en el sentido de ser productivo, sino a la manera de sentir y a la gratitud de estar vivos. El estar aquí es un lujo, y tenemos toda la eternidad para estar muertos. Mi disco es un canto a la vida, y esta gira es como una resurrección. El repertorio es una reivindicación de sus dolores y sus cosas buenas, y la pandemia nos ha servido para ver que lo que hoy está ahí, mañana ya no está.

¿La unión entre el rock y las metáforas religiosas en su disco responde a una cuestión meramente poética?

Aunque no lo parezca, yo soy creyente, y también muy pecador. No comulgo para nada con el estatuto eclesiástico, pero el Nuevo Testamento siempre me ha parecido un mensaje de revolución bestial. Jesucristo es un romántico, un tipo muy vitalista con una actitud muy rock and roll, y creo que el rock también es como una religión en la que se puede creer, con sus propios santos y ritos establecidos.

Los críticos describen su disco como el más completo e irreverente de su carrera en solitario. ¿Lo siente así?

En comparación con lo que se puede hacer hoy en día sí, estoy de acuerdo en que es irreverente. Se cree que los músicos, cuando van creciendo, se van haciendo más suaves y más intimistas, pero en mi caso me sucede al revés. Cuanto más mayor, más espíritu y más energía tengo.

¿Cree que el rock sigue siendo el género de la transgresión?

El rock vive una situación un poco paradójica. Pasó de ser visto como un fenómeno de transgresión a ser un fenómeno de señores mayores, y yo creo que lo que ha pasado es que ahora esa transgresión se comparte con otros géneros. Aun así, creo que todavía no ha llegado nada que lo pueda mejorar, y que no pasa de moda. El rock ya era viejo cuando yo era pequeño, y para mí los Beatles y Elvis eran coetáneos. Ahora parece que solo es válido el género que escucha la gente de 17 años, pero los de 50 también tienen dudas y emociones y buscan soluciones en el rock. Existe cierto desprecio a esas franjas de edad porque no es fácil venderles una camiseta o unas playeras.