¿Es difícil hablar sobre el orden púb lico en la República a causa del uso que dieron a este tema los bandos de la Guerra Civil?

El problema es que no debe ser entendido desde una perspectiva de bandos. La Guerra Civil fracturó a una sociedad en dos bandos y buena parte de ese pasado lo vemos a través de esa guerra, cuando en la sociedad republicana no existían esos bandos y, además, desde el punto de vista del análisis histórico ese mensaje político de la existencia de dos bandos no existe antes del levantamiento militar. Antes existía una sociedad democrática y republicana de los años treinta, muy semejante a las que existían a su alrededor. En 1931 eclosionan identidades que estaban larvadas desde finales del XIX y principios del XX que demandaban un cambio que acomodara la realidad de la sociedad a la realidad política del país.

¿Generó convulsiones el cambio que se produjo?

Curiosamente, el cambio en sí no generó prácticamente convulsiones porque fue muy pacífico, a semejanza de lo que sucedió en la Transición. Pero la II República es un periodo de solo cinco años en el que en muy poco tiempo se aceleran determinadas dinámicas, aunque no es el sistema político el que genera la convulsión, sino que hay muchos factores. Uno de los más importantes es el contexto internacional, porque en todo el mundo está pasando lo mismo: la llegada de los fascismos y el éxito de la Unión Soviética mezclados con democracias parlamentarias muy viejas -aunque no es el caso de España- que entran en crisis. Precisamente en esta obra lo que pretendemos es abordar el contexto histórico, porque si no se tiene en cuenta parece que solo hay dos bandos que de repente se enfrentan en la Guerra Civil, cuando eso no es real.

¿Fue especialmente convulsa la sociedad republicana coruñesa con respecto a otras?

A Coruña jugó un papel muy relevante en algunas cuestiones porque el entramado de su red anarquista estaba a un nivel muy semejante al de Zaragoza y Barcelona, que fueron las sedes más importantes del anarquismo urbano español. En 1935 se cita que hay 12.000 afiliados a la CNT en el municipio, que entonces rondaría los 90.000 habitantes, cuando el anarquismo era dentro de la izquierda el movimiento que hacía unas propuestas más revolucionarias y acordó en toda España hasta 1933 que era el momento de sobrepasar la república burguesa, por lo que el nivel de violencia se disparó.

¿En qué se tradujo esa violencia?

Los informes son sobre todo de altercados por motivos laborales, ya que hubo huelgas que duraron meses, como la de la Constructora Naval de Ferrol de 1932 o la que duró siete meses de los sindicatos anarquistas tras la victoria electoral de la derecha en 1933, que paralizó absolutamente A Coruña. Ese año fue el de mayor conflictividad, ya que se colocó un petardo o una bomba prácticamente cada tres días en la ciudad. Eran petardos de intensidad variable y no con destrozos importantes, pero que se hacían delante del portal de la comisaría o de dirigentes de la patronal. Además, se hacían estallar de noche, lo que tenía un efecto amplificador notable. Tras la victoria de la derecha, la militarización del orden público se hace efectiva.

¿Fueron esas huelgas de larga duración los hechos más destacados?

Quizás sí. Si hablamos de la provincia, la huelga de la Constructora Naval de Ferrol fue un foco de conflictos, pero también de solidaridad obrera muy potente entre anarquistas y socialistas. Hay que tener en cuenta que esas huelgas paralizaron las ciudades porque existía una red de apoyo mutuo entre los sectores que estaban en huelga, que lógicamente no cobraban, mediante la prestación de servicios y la compra de productos. Por eso yo diría que estas huelgas de A Coruña y Ferrol fueron el acontecimiento más importante, ya que la huelga de octubre de 1934 no tuvo impacto en la ciudad precisamente porque los sectores obreros estaban muy debilitados tras la huelga de diciembre de 1933.