20 de julio de 2020
20.07.2020
La Opinión de A Coruña

Un edificio rodeado de campo

Cuando mi familia llegó a la ciudad desde Porto de Son nos instalamos en la calle Andrés Gaos, donde nuestra casa todavía era la primera de pisos que había en la zona

20.07.2020 | 00:55

Nací en Porto do Son, donde viví hasta los ocho años, cuando mi madre, Aurora, decidió que nos trasladáramos junto con mi hermana Maricarmen a esta ciudad, donde nos instalamos en la calle Andrés Gaos cuando todavía estaba rodeada de campos y tierras de cultivo, mientras que las calles estaban sin asfaltar. Mi padre había sido zapatero y emigró a Argentina, de donde regresó cuando yo cumplí los trece años, para embarcarse en la marina mercante hasta que se jubiló, mientras que mi madre trabajó en almacén de pescado de Pilarita del muelle pesquero durante muchos años.

Mi primer colegio en la ciudad fue el de O Ventorrillo, que estaba dirigido por las monjas de La Grande Obra de Atocha y era solo para niñas. A los once años entré en el instituto Eusebio da Guarda, aunque dejé el bachillerato a los diecisiete para entrar a trabajar en la empresa de telecomunicaciones Intelsa hasta los años ochenta, en que redujeron personal y me despidieron. Al poco tiempo entré en la firma de aspiradoras y máquinas de limpieza Rainbow para hacer presentaciones de sus productos y varios años después pasé a la aseguradora Ocaso, en la que me jubilé después de dos décadas de trabajo.

Una vez que había empezado a trabajar me casé con un coruñés llamado Luis, con quien tengo dos hijos, Juan y Miguel, quienes tienen tres hijos llamados Andrea, Diego y Ángel. Cuando nos casamos nos fuimos a vivir a la calle Cardenal Cisneros, en la que seguimos residiendo.

En mi infancia tuve muchos amigos y amigas en mi pandilla, como Malena, Maricarmen, María, Ana, Isabel, Conchi, Pepucho, Lolo, José, Chus, Tere y Trigo, además de otros que también fueron compañeras de instituto, como Toñita, Lale, Ana Otero, Conchi e Isabel. Recuerdo que jugábamos siempre en la calle y los campos de alrededor, donde aún había casas de labranza, ya que el primer edificio de pisos que se construyó en la zona fue el nuestro y una década más tarde empezó a urbanizarse la calle Barcelona y su entorno, por lo que desaparecieron los lugares del barrio del Agra do Orzán en los que habíamos jugado.

Casi siempre íbamos a las zonas del Palomar y Fuente Álamo, donde podíamos estar con total tranquilidad y nuestras madres nos podían ver desde casa, por lo que cuando teníamos que volver nos llamaban a gritos, generalmente a las ocho de la tarde, incluso los domingos y festivos, en los que íbamos a los cines de barrio, como el Finisterre, que estaba casi al lado de mi casa, además de al Doré, España y Monelos. A ese último me solía llevar mi tío Juan, que se murió en 1971 en el naufragio del pesquero La Isla, ocurrido en las rocas frente a la Torre de Hércules y en el que solo se salvó un miembro de la tripulación.

También me acuerdo de cuando me llevaban a la romería de Santa Margarita, en la que había que madrugar para poder tener un buen lugar en el que poner el mantel y la comida que se llevaba para pasar ese día de fiesta, en el que el parque había música, puestos de alimentación y barracas de feria, por lo que lo pasábamos muy bien.

Los niños y niñas nos encontrábamos con amigos que también iban con sus familias, por lo que nos dejaban jugar por el monte, donde nos llegábamos hasta los camiones alemanes en los que estaba instalada la antena de la emisora de Radio Nacional de España, que se hallaban frente a la sala de fiestas Santa Margarita y el cine Rex.

Otro de mis recuerdos de esos años son las primeras fiestas que se hicieron en el barrio de Os Mallos, a las que siempre me acompañaba mi madre con mis amigas, ya que para todas nosotras era una novedad poder acudir a esos festejos. También me acuerdo de cuando mi tío Juan nos llevaba al circo, que se instalaba en la explanada de A Palloza, donde vimos actuar a la gran trapecista Pinito del Oro.

En verano íbamos también pandilla, pero siempre con mi madre, a las playas de Riazor y O Portiño, cargadas con la comida y las gaseosas con las que nos pasábamos todo el día allí. En la actualidad, ya jubilada, suelo pasar la mayor parte de mi tiempo libre con mis amigas en la asociación cultural Pantaleón, de la que soy presidenta y en la que tenemos una comparsa de carnaval de la que también forman parte mis amiga s Malena, Copi y Maricarmen.

Testimonio recogido por Luis Longueira

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