09 de agosto de 2020
09.08.2020
La Opinión de A Coruña

El atleta que dejó los estadios por las carreras populares

En mi juventud practiqué atletismo como corredor de fondo y participé en campeonatos de España, hasta que tras retirarme me pasé a los primeros maratones para aficionados

09.08.2020 | 00:24

Nací en Morás, en el municipio de Arteixo, donde me crié con mis abuelos, Isidro y Estrella, hasta los ocho años, ya que mis padres estaban entonces trabajando en Alemania. A su regreso nos trasladamos a la ciudad y vivimos en la calle San Jaime. Mi primer colegio fue el Hogar de Santa Margarita, donde estuve interno y del que pasé a la Academia Galicia, en la que estudié durante ocho años. Luego estuve en el instituto de Zalaeta y más tarde empecé a preparar oposiciones en la Academia Aula, aunque tuve que dejarlo para hacer la mili.

Al terminarla me casé con Teresa Varela, con quien tengo dos hijos Melisa y Miguel. Empecé a trabajar como administrativo en la empresa Urones, en la que solían llamar a un fotógrafo para que tomara imágenes de los productos que representaba la compañía. Como me gustaba la fotografía, le pedí al jefe hacerme cargo de ese trabajo, que compaginé con el de administrativo hasta que decidí abrir mi propio estudio, llamado JCriss y situado en la calle Ángel Senra, en el que sigo trabajando en la actualidad.

Mis primeros amigos en la infancia fueron Benigno, Alejandro, Álvaro, Benito, Javier Castro y Amil, con quienes jugaba en la calle, que entonces estaba rodeada de campos en los que cazábamos pájaros, ranas y lagartos con cualquier artilugio que fabricábamos con un trozo de madera y goma de un neumático viejo.

También nos gustaba mucho practicar boxeo, aunque para que no nos vieran nuestros padres, nos íbamos a la zona del primer túnel después de la estación de San Cristóbal, donde un día nos vio un entrenador que dijo que teníamos cualidades y nos dejó unos guantes y empezó a enseñarnos a boxear. Pero tuvimos que dejarlo porque, a pesar de que practicábamos de forma aficionada, nos salían moratones en la cara y en el cuerpo, por lo que en casa nos reñían y nos castigaban.

A partir de los quince años empecé a salir con mi antigua pandilla, así como con otra nueva, por todas las fiestas que se organizaban, así como por las discotecas que estaban de moda, como el Golden Fish, Rigbabá, Chaston y Baroke. A esos lugares solía ir con Quique Sarmiento, Pachi, Manolo, Martínez, las hermanas Marisa y Carmen, Mercedes, Pili y Susi.

En esa misma época empecé a practicar el atletismo en las pistas de ceniza del estadio de Riazor como corredor de fondo, donde tenía como entrenador a Enrique Graña. En los ocho años que me dediqué a este deporte participé en varios campeonatos de España con compañeros como Varela, Manso y Calviño. Cuando dejé el atletismo federado competí en los primeros maratones populares que se empezaban a organizar, algunos de los cuales gané.

En mi infancia jugué además al fútbol en el equipo de la Sagrada Familia y después, ya en las categorías de juveniles y modestos, en el Maravillas, con el que fui campeón de Liga. Al dejar este deporte empecé a practicar judo en el club Shiai con Rabuñal, aunque la verdad es solo aprendí lo imprescindible, ya que me gustaba más salir con los amigos y divertirme por las calles de los vinos, donde parábamos en el Siete Puertas, Santiso, La Bombilla y Otero.

Testimonio recogido por Luis Longueira

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