26 de agosto de 2020
26.08.2020
La Opinión de A Coruña

Los contenedores de residuos en el espacio público de A Coruña

26.08.2020 | 00:38
Uno de los nuevos contenedores ubicados en Durán Loriga.

Diversos especialistas coinciden en señalar que las claves del éxito del reciclaje residen en cuatro acciones estratégicas: una información pública sobre el proceso aplicado al producto residual, una regulación mediante ordenanzas municipales específicas, una adecuada planificación en la gestión de los residuos, y una aplicación de condiciones de servicio y mantenimiento que estimulen el aprecio por el sistema.

Asumiendo como propias las palabras del político y científico Benjamín Franklin, "al no planificar, se está planificando para fracasar", nos proponemos reflexionar sobre los contenedores de residuos que, en mayor o menor medida, construyen el paisaje urbano de nuestra ciudad. Piezas que percibimos habitualmente en las largas caminatas con nuestros amigos, Isabel B. y Olivar N.

Al margen de las conocidas papeleras, elementos de pequeño formato, que alcanzan aproximadamente una cifra de 7.000 unidades en el término municipal, si acudimos al Pliego de prescripciones técnicas particulares del contrato de servicios de contenerización, recogida y transporte de residuos sólidos urbanos en la ciudad de A Coruña, elaborado en 2018, nos encontramos con un total de 16.455 contenedores. En este guarismo se contemplan los de uso público para la fracción orgánica, la inorgánica, el papel y cartón, el vidrio y las pilas, así como los contenedores privados de los polígonos industriales. Si a ellos les incorporamos los 126 destinados a la recogida de ropa usada y los 42 al aceite usado, el número asciende a 16.623 colectores. De ellos, en la vía pública se ubican 11.237 unidades. A la fracción de residuos orgánicos se destinan 4.280, a la inorgánica 5.332, a la recogida de papel y cartón 727, a los envases de vidrio 724, a la retirada de pilas usadas 6, al aceite usado 42 y a la de ropa usada 126.

Una, sin duda, ingente cantidad:

-Que se ubica en lugares anodinos tanto de plazas y espacios libres y zonas verdes como próximos al bordillo de nuestras calles alrededor de las manzanas urbanas, con una ausencia de ritmo en su localización. Los contenedores se emplazan, en algunos casos afectando a las plazas de aparcamiento en la calzada, y en otros a la acera, interrumpiendo así la continuidad en la circulación peatonal. Unas veces, tras rebajar el nivel de la misma hasta la calzada, y en otras simplemente al depositar los contenedores sobre su nivel previo.

-Que se dispone con una presencia diversa. Unos volúmenes que poco tienen que ver con la construcción de una red legible, variando aquellos conforme a la imagen de la zona urbana en la cual hayan de colocarse. Desde un enmascaramiento total, soterrados, en los barrios históricos, pasando por una ocultación parcial, semisoterrados -conocidos como tipo molok- en el ámbito del ensanche, hasta manifestarse visualmente en su totalidad en los polígonos y la periferia urbana.

-Que se agrupa exclusivamente en función de sus niveles de uso. Una agrupación que desorienta al usuario. Por un lado, en una doble asociación de colectores, con una primera pareja básica y numerosa conformada por los vinculados a las fracciones orgánicas e inorgánicas; y con un segundo par de carácter más complementario y de menor número, constituido por los empleados para la recogida de papel y cartón, y de vidrio. Mientras por otra parte, los destinados al aceite y a la ropa usada, se colocan aislada y aleatoriamente, carentes de un orden urbano.

-Que se materializa en piezas de diferente cabida, de imagen heterogénea y de acabados diversos. Toda una variedad. En superficie, los destinados a alojar los residuos orgánicos e inorgánicos de distinta capacidad, con ruedas y anclados al suelo mediante tubos de acero inoxidable para evitar desplazamientos. Mientras los que acogen tanto el papel y cartón como el vidrio, de mayor magnitud y capacidad, se depositan sobre el suelo. Así mismo tanto los semienterrados como los enterrados, que únicamente dejan entrever su boca, poseen distintas capacidades según el residuo que recojan. Los de superficie o semienterrados se elaboran en su mayoría con polietileno de alta densidad y en algún caso, en fundición de aluminio. También los enterrados, en su mínima manifestación visible, se realizan con una combinación de este último material y acero inoxidable.

A las ubicaciones casuales, a las disposiciones coyunturales, a las agrupaciones funcionalistas desconcertantes y a la disparidad de las manifestaciones formales de los tipos de contenedores existentes en el espacio público coruñés se añade la ausencia del modelo especializado en la recogida de plástico, tetrabrick y envases de aluminio. Todo ello genera, ya desde el origen del proceso, una separación de residuos incompleta.

Con esta urdimbre de contenedores en funcionamiento los técnicos estimaron, en su día, que en la planta de tratamiento de residuos de Nostián se recuperaría el 65% de los residuos que llegasen, mientras que únicamente el 35% restante, el denominado "rechazo", sería quemado o enterrado. Sin embargo, en 2011, tanto los técnicos municipales como la empresa concesionaria reconocieron públicamente que dichos porcentajes resultaban imposibles de cumplir. La estimación inicial había resultado, a todas luces, excesivamente optimista. Una década más tarde, en 2019, un estudio de la OCU realizado para medir la satisfacción del vecindario con relación a la gestión de los residuos, reveló que en A Coruña el grado de contento de la ciudadanía sufrió una caída considerable -13 puntos- con relación a una encuesta similar realizada en 2015. De los indicadores establecidos en la encuesta, la ciudad suspende en dos: en la información proporcionada a los habitantes y en el reciclaje de envases plásticos. En los otros tres, en los reciclajes de la fracción orgánica, del papel y cartón y del vidrio, se supera ligeramente el aprobado.

Ante esta situación parece aconsejable realizar una serie de actuaciones con los contenedores que se localizan en el espacio público, para mejorar la gestión de los residuos urbanos mediante:

1ª. El establecimiento de islas básicas de contenedores, compuestas de cinco tipos de un tamaño homogéneo que genere una imagen urbana legible. El contenedor de la fracción orgánica, el del papel y cartón, el del vidrio, el del plástico, y el destinado al resto de residuos no clasificables. Una agrupación reforzada mediante la clave de colores más generalizada: marrón, azul, verde, amarillo y gris obscuro, respectivamente.

2ª. La creación de islas nucleares de contenedores que añadan, a los cinco tipos de las básicas, tres tipos nuevos. Los destinados a recoger el aceite usado, la ropa usada y textiles en general, y las pilas.

3ª. El establecimiento de un sistema estructural de ubicación, tanto de las islas básicas como las nucleares, que atienda a tres factores: al número de habitantes a los que dan servicio; a la topografía del lugar minimizando los inconvenientes y las dificultades en los desplazamientos de la ciudadanía; y a la reconocibilidad urbana de los entornos de los espacios y equipamientos representativos.

Complementariamente a ello, se hace imprescindible mejorar la eficiencia de los ya existentes puntos limpios de zona o sector de Eirís y Los Rosales.

En definitiva, semeja necesario ofrecer unas condiciones de servicio y mantenimiento que impulsen la implicación de la ciudadanía en el sistema. Tal y como manifestaba en un artículo el filósofo Alfonso López Quintás hace poco más de medio siglo, recordemos que la belleza está muy íntimamente unida al orden: vínculo primigenio y enigmático que explica gran parte de los fenómenos estéticos. Porque sucede que el orden es una realidad mucho más compleja de lo que sospechan épocas racionalistas, demasiado atenidas al poder de la forma entendida como mera figura.

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