16 de septiembre de 2020
16.09.2020
La Opinión de A Coruña
Leonor Bonilla
Soprano, interpreta 'Vendado es amor, no es ciego' en el teatro Colón

"Siempre que se habla de ópera se habla de divos, pero es mucho más que eso"

"Hay que ser lo bastante sensato para que la etiqueta de 'la mejor' no te pueda"

16.09.2020 | 01:03
Leonor Bonilla, ayer en los jardines de Méndez Núñez.

A José de Nebra se le conoce como el Vivaldi español, pero su nivel de popularidad no puede llegar a compararse. Será este sábado y domingo (20.00 h.), de hecho, cuando se interprete por primera vez en España con instrumentos originales su Vendado es amor, no es ciego, una zarzuela que apartará momentáneamente a Leonor Bonilla de su romance con el bel canto. La soprano debutará en la ciudad como parte de la Temporada Lírica, bajo la dirección de Alberto Miguélez Rouco. El mes que viene, la sevillana se convertirá en Zerlina para inaugurar la temporada del Liceo de Barcelona con Don Giovanni, y continuar así su carrera ascendente hacia la cúspide.

Vendado es amor, no es ciego? ¿Está de acuerdo?

Realmente sí que es ciego. Cuando nos enamoramos, segregamos tal cantidad de hormonas que, en parte, nos hacen idealizar todo lo que sentimos y multiplicarlo por 1.000. En ese sentido, el amor tiene esa ceguera?

¿La ópera también? ¿Ha tenido que quitarse la venda?

Es una pregunta difícil (risas). Yo creo que no, porque siempre he sido realista con todo lo que creía que era este mundo. He ido viendo cosas que no se alejaban de la idea previa que tenía. Por supuesto, tiene los aspectos negativos que ya sabía de antes. Pero mi enamoramiento con la ópera no ha sido ciego, porque he sido consciente desde el principio de todos los sacrificios que conllevaba y de toda la parte bonita también.

En esa parte entran Mozart, Verdi, Donizetti? ¿José de Nebra es un cambio de aires entre ellos?

Para mí sí y lo sería casi para cualquiera, porque esta obra es bastante única y José de Nebra es un gran desconocido. Esta zarzuela barroca es la primera vez que se estrena en España con instrumentos originales. Además, yo suelo hacer bel canto, aunque en marzo estábamos presentando en el Teatro Real Aquiles en Esciros, que era otra obra del mismo periodo que fue un reto para mí porque nunca había hecho barroco. Esta es la segunda pieza, y me va gustando cada vez más.

El verano pasado hizo Giulietta e Romeo de Vaccaj y, hace dos años, Francesca da Rimini de Mercadante. Parece que se haya propuesto descubrir joyas ocultas.

Sí, la verdad es que me siento afortunada, porque he tenido la oportunidad de enfrentarme a obras que, o bien son desconocidas, o directamente han sido estreno mundial, como fue el caso de Francesca da Rimini. Nunca se había representado, y lo hicimos nosotros en 2016.

2016 es muy reciente. ¿La sombra del canon es demasiado alargada?

Las grandes obras de siempre tienen también un por qué. Aunque lo tengamos más manido, yo creo que nunca vas a salir descontento de una sala si vas a ver Rigoletto. Son obras que nunca dejan de aportar belleza.

Frente a la lírica italiana está la zarzuela, un género mucho más español, ¿se siente más en casa con ella?

(Piensa) Vocalmente me siento más en casa cantando ópera, porque en la zarzuela no hay demasiados roles que se adapten a mi voz. Pero por carácter sí, porque la zarzuela viene de nuestras raíces, son historias nuestras y personajes con los que podemos identificar a la vecina de enfrente o al tendero.

Le recordarán también a su hogar, de gran tradición flamenca. ¿Le decepcionó no poder seguir la afición de la familia?

(Risas) Decepción no es la palabra. Ellos se alegran de que haya escogido otro camino. Lo que a mí me ha dado la lírica no lo he encontrado en otra parte, pero mis raíces son esas y, a veces, en cuanto encuentro una pieza que me permite sacarlas, disfruto muchísimo. Mi padre es profesor del Conservatorio de Música y mi madre del de danza, por lo que de pequeña tuve que decidir a cuál ir. Opté por la danza, y creo que mi padre se quedó con la cosa de que estudiara música.

En un concierto de Ainhoa Arteta, tuvo la revelación.

Fue un momento que me marcó. Yo ya era estudiante de canto y vi mi primera ópera como corista. Ahí quise creer que algún día podría dedicarme a esto.

Arteta es considerada una de las divas de la ópera, pero usted dice que el divismo está sobrevalorado en la lírica...

Creo que es un concepto que está bastante desfasado o distorsionado. A veces, se emplea incluso en sentido negativo. Es verdad que cada vez quedan menos grandes divos y divas, ahora se naturalizó todo mucho más que esa imagen que tenemos de lejanía o despotismo, que no es lo que ves cuando tratas con una gran figura. De todos modos, siempre que se habla de la ópera se habla de los divos, pero esto es muchísimo más que eso.

¿No va usted en camino de convertirse en una? Debutó hace apenas seis años y ya la premian como la mejor cantante lírica de España.

Lo de la mejor es siempre muy relativo (ríe). De hecho, no creo que haya nadie mejor o peor, todo depende de los años y las modas. No deja de ser una etiqueta que dura un año, y hay que ser lo bastante sensato para que la etiqueta no te pueda.

El año pasado a estas alturas estaba interpretando Lucía de Lammermoor en Bilbao. ¿Ya ha sido desbancado ese rol para usted?

No lo sé. Cada rol que hacemos te deja experiencias y sensaciones distintas. Sin embargo, hasta ahora, Lucia es con el que me siento más a gusto y que más satisfacciones me ha dado de todos los que he hecho.

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