Cuando Yolanda Míguez e Ismael Díaz tomaron la decisión, en abril del año pasado, de abrir las puertas del café Crux en la avenida de Oza, era difícil imaginar que una pandemia mundial arrasaría con los planes de toda la población. El confinamiento de marzo les sorprendió a punto de celebrar su primer aniversario, y, pese a haber estado sujetos a cierres repentinos, aperturas temporales y todo tipo de restricciones, no han perdido el optimismo.

Así lo han demostrado este mes, en el que, aunque han decidido permanecer cerrados y prescindir del servicio a domicilio o para llevar, han buscado la manera de seguir presentes para los adeptos al local. Desde que el negocio cerró sus puertas cuelgan, en sus ventanas, alrededor de una veintena de carteles en los que les recuerdan a sus habituales que, tarde o temprano, saldremos de esta. “Nos gusta hacer que los clientes se sientan especiales, igual que hacemos cuando estamos abiertos. Son gente de la zona, que vive o trabaja por allí”, resume Yolanda Míguez.

Un gesto que recuerda a la mejor esencia de los negocios del barrio y que evidencian que no hace falta tener un largo recorrido en una zona para ganarse el cariño y el arraigo de sus vecinos. “Sabemos qué café toman, qué desayunan, a qué se dedican. Vamos a estar un mes sin vernos ni saludarnos, queremos que sepan que pensamos en ellos”, comenta la propietaria del negocio.

En la ventana del Crux hay sitio para todos los que, en tiempos prepandémicos cabían dentro, repartidos entre sus mesas y barra: están las trabajadoras de la farmacia, los funcionarios de la Casa del Mar, los de la oficina de Abanca de enfrente, familias enteras y grupos de amigos de toda la vida.

Un detalle que, de seguro, habrá hecho emocionarse a sus destinatarios si se han detenido a observar el ventanal, a la espera de que el local vuelva a ser lugar de encuentro de sus habituales.

Yolanda e Ismael esperan, como muchos hosteleros, que la situación se estabilice lo antes posible para volver a funcionar como siempre. Ellos, por su parte, tienen claro con qué actitud van a encarar los próximos envites de la crisis sanitaria. Así lo hacen constar en otro de los letreros que adornan sus exteriores: “Es la segunda vez que nos tumban, pero cogeremos fuerzas para volver a levantarnos”.